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lunes, 11 de enero de 2016

CAPÍTULO 27: DEL HOLOCAUSTO A LA LUZ


ETAPA 27: ZATOR-PRAGA

Distancia total ruta: 447 kms
Tiempo total: 6 horas

Ciudades visitadas: 3
Paradas: 2
Consumo medio:  5,11 l/100

La sobrecogedora experiencia de Auschwitz I nos ha dejado a los dos mudos e insomnes. No es para menos, todavía hoy en mi cabeza resuenan los ecos del sufrimiento de ese lugar de barbarie. Durante los instantes que estuvimos allí sentimos, no sólo que viajábamos a esa época, sino que también se congelaba el tiempo, a la vez que el latir de nuestros corazones. Nunca había sentido tanto sobrecogimiento concentrado en mi. Fue una experiencia difícil de describir con términos agradables, pero que creo enormemente necesaria. Hoy regresaremos al pasado de nuevo para visitar Auschwitz II, aunque sabemos de sobra que no será agradable, no podemos dejar de visitar otro de los testigos de la historia reciente de Polonia, por triste que sea.



Amanecemos temprano en nuestro bungalow de este "Jurassic Park polaco" de Zator muy pintoresco pero confortable para el incansable viajero y, por que no, para disfrutar en familia. Como las muchas que pasan frente a nosotros mientras comenzamos el día con nuestro desayuno motero un humilde cola cao y una tostada con mantequilla, lo más básico para una forma nómada de viajar y conocer el mundo. Pero a nosotros nos da igual, lo importante es descubrir y arrojar luz sobre lo desconocido. Mientras comemos comentamos la inéditas sensaciones al entrar en Auschwitz I.

-Rafa, nunca me ha había sentido así, compungida, triste, ausente, es difícil de explicar pero me sentía hasta culpable de hacer una foto. Me ha resultado incómodo permanecer allí.
-Pues fuimos los últimos en salir, anda que si nos quedamos allí encerrados.
-Prefiero dormir en un cementerio - afirma M Carmen rotundamente.
-La verdad es que me esperaba que Auschwitz fuera más grande, me pareció pequeño y aunque intento comprender, no logro imaginar en mi mente como pudieron morir allí más de 1 millón de personas. No lo concibo, es como toda la población de Barcelona, ¿En que?, ¿en 5 años?. Sin embargo, ese lugar te embarga hasta dejarte sin aliento, echo polvo, es como si te pusieras en la piel de los sufrieron y murieron allí.
-Bueno y ¿hoy que nos toca? - pregunta mi novia, ávida de nuevos descubrimientos.
-Nos toca Auschwitz II que esta a unos 5 kms del primero, a ver que nos encontramos allí. Pero M Carmen, pase lo que pase, me tienes que prometer una cosa.
-¿El que? - pregunta sorprendida.
-Que vamos a disfrutar de esta etapa.
-Vale.

No era para menos, todavía esta mañana tengo frescas en mi mente las risas de los dos durante el viaje de ida a Auschwitz y, en contraste, tras la visita, el abrumador silencio del viaje de vuelta a Zator, quizá con mucho el momento más triste desde que empezamos nuestra Vuelta a Europa en Moto. Por eso hoy, quiero que, aunque no sea agradable lo que veamos, pensemos que estamos en una increíble aventura a través de la Geografía e Historia de nuestro continente digna de recordar y contar. Aunque eso traiga en ocasiones oscuros capítulos que quizá nunca deberían haber sido escritos.


A punto de salir para Auschwitz
Tras el desayuno y pertrecharnos ponemos rumbo de nuevo a Auschwitz para visitar su segundo campo de concentración. La emoción del que se enfrenta a lo desconocido crece en nuestros corazones a la vez que vamos avanzando por los mismos caminos que recorrimos al atardecer. El estado de shock en el que estábamos sumidos ayer hace que ni siquiera reconozca los rasgos de esta monótona carretera atestada de camiones. El recorrido vuelve, por tanto, a reeditarse en un silencio sepulcral, voluntario. Las ganas de hablar desaparecen sin pretenderlo, y sólo los pensamientos parecen ir más rápidos que nuestro Falco Stradale.

-M Carmen, ¿Por que te callas? - le digo a mi novia intrigado
-No lo se Rafa, pero no puedo evitarlo, me siento mejor así - me interrumpe algo angustiada.
Quien sabe, quizá así M Carmen se sienta más respetuosa con la memoria de los que murieron en este campo del horror de la especie humana. Pensaba relatarle durante el viaje con algún hecho interesante de la II Guerra Mundial o de los nazis, pero prefiero compartir su silencio en signo de respeto. Supongo que en esta aventura como en la vida, es importante hablar, pero también saber cuando es mejor guardar silencio.
Volvemos a pasar, de largo, por Auschwitz I, afortunadamente, las indicaciones son tan claras que hasta yo, con mi torpeza y sin GPS, sería capaz de llegar al lugar. Por lo que se ve hemos madrugado ya que somos los primeros al llegar al lugar, así que, con tranquilidad pasmosa y menos cargados de ropa y accesorios, cogemos nuestra camara y nos disponemos a entrar en Auschwitz II (cuya entrada, como en Auschwitz I es gratuita), bajo un sol de justicia.
Entrada en Auschwitz II
Nada más llegar, nos damos cuenta de que el complejo es enorme en comparación con el primero que visitamos ayer. Auschwitz II se dispone en una verde y larga pradera inabarcable a simple vista. Pasamos por debajo del arco y ya estamos dentro, parece que hemos llegado incluso antes que los vigilantes, no hay nadie en la basta llanura que se presenta ante nosotros. A nuestra derecha una larga vía férrea de fin insodable a nuestra izquierda verdes prados y unos pabellones al fondo, no hay nada más. La extrañeza nos invade mientras avanzamos, es todo tan solitario que nos estremece. ¿Quien no habrá soñado con visitar un monumento o atracción a solas? Sin embargo, no tenemos en nuestro pensamiento ningún sentimiento especial de exclusividad, al contrario, la soledad extrema nos invade y por un momento nos vuelve a hacer retroceder has 1940. Como única compañía tenemos tan sólo la suave brisa que acaricia nuestra cara.


Siguiendo paralelos el curso que nos indica la vía, nos adentramos en los pabellones del lugar, al menos aquí estaremos a resguardo del calor que impera. Estos, sin duda son pabellones algo más precarios y de una solo planta, excepto por la paja que usaban como colchón, están igual que hace 70 años, con la madera algo corroida pero con la memoria fresca de los que reposaron allí. M Carmen se atreve a hacer algunas fotos tanto del interior como del exterior, quizá intentando descubrir la esperanza de los que anhelaban salir de ese infierno que los nazis construyeron.



Cuando salimos de allí, el paisaje parece haber cambiado radicalmente, frente a nosotros se elevan unas torres de unos 5 o 6 metros que parecen chimeneas.

-Rafa, ¿Has visto?¿Que son esas cosas? - pregunta ella intrigada

Durante unos segundos me quedo pensativo, mirando al horizonte, intentando encontrar la respuesta a la pregunta que me ha hecho M Carmen. De pronto, sin saber como encuentro la solución, aunque personalmente, preferiría no haberlo descubierto.
Chimeneas de los crematorios
-¡Son las chimeneas de los hornos crematorios! - le respondo con afligimiento
En ese instante, M Carmen deja de disparar su camara, la baja a la altura de su cintura y se queda mirándome boquiabierta sin saber que decirme. Por un minuto eterno, los dos nos miramos atonitos ante la escena que tenemos enfrente. Prácticamente, todo el campo que tenemos delante está plagado de chimeneas, que se cuentan por cientos.

-Ahora si me creo que aquí hayan muerto millones de personas, M Carmen, estamos sobre un cementerio
-¿Cementerio?¿Qué quieres decir?
-Que esto no es un campo de concentración, el de ayer lo era. Este es de exterminio - le digo con honda tristeza.
Cartel de Auschwitz II
Efectivamente, como pudimos leer en carteles cercanos, la forma de matar de los nazis se fue sofisticando con los años para hacerla más eficiente y barata: Al principio, te mataba el trabajo extenuante y la poca comida, cuando no el frío. Después fusilaban a los presos, pero como eso era costoso y daba problemas a la hora de manipular los cuerpos, los nazis lo solucionaron gaseándolos con Zylon B (4 gr matan a una persona) y luego quemando los cuerpos en crematorios subterráneos. Ciertamente, tuvo que ser impactante en su época tener que pasar tus últimos días oliendo ese olor a carne humana, mientras esperas de forma inexorable a que llegue tu hora, sinceramente, me aterro solo de pensarlo.


Vista de una ventana
Al principio, de todo, los ejecutados eran los que flojeaban en los trabajos forzados o se ponían enfermos, o al menos eso creía yo, también lógicamente, a los que intentaban escapar o crear un movimiento de resistencia. Sin embargo, el recorrido que hacemos paralelos a la vía era el último para muchas personas que llegaban hasta aquí, porque nada más bajarse del tren su suerte estaba echada. Siempre hacían dos grupos, los fuertes y los más débiles como ancianos niños o mujeres, a unos los ponían a trabajar de inmediato, al resto o los cogía Mengele para sus perfidos experimentos o los llevaban (tras quitarles todo, hasta el pelo) a unas supuestas duchas para limpiarlos, duchas sin agua, duchas con Zylon B.

Si ya entramos en Auschwitz II con sobrecogimiento y respeto por lo allí vivido, más aún al saber que quizá nuestros pasos se den sobre las cenizas de millones de personas. Ni que decir tiene que M Carmen y yo volvemos al estado de shock de cuando abandonamos Auschwitz I, aunque hacemos alguna foto esporádica, nuestra mente esta en los millones de personas que murieron aquí. No obstante, debemos que seguir el curso del tren de la muerte, ¿Hasta donde llevará?

Tras la caminata llegamos a lo que parecen ser las fronteras de Auschwitz II, en ese lugar apenas hay unos verdes prados y alguna torre de vigilancia.
-Rafa, mira delante tuya, hay cuatro lapidas - me advierte mi novia.
-Me aproximo y lo que puedo ver son cuatro lapidas de marmol negro con una inscripción, me centro en la de inglés para traducírsela a mi novia, ya que no se ni polaco ni hebreo.

 

"A la memoria de los hombres, mujeres, y niños, que cayeron victimas del genocidio nazi. Aquí reposan sus cenizas puede que sus almas descansen en paz".





-En ese mismo instante que traduzco la inscripción M Carmen no puede reprimir las lágrimas y rompe a llorar:
-Pobre gente, ¿Porque tuvo que pasar esto Rafa?
-Porque nuestra especie es capaz de lo mejor y de lo peor, ojalá nunca se olvide esto para que no se vuelva a repetir.

Monumento a los muertos de Auschwitz
Mi novia coge una flor y yo una piedra, la ponemos sobre la lapida inglesa y nos quedamos guardando un minuto de silencio. Cuando termina nos damos, cuenta, sin querer de que la vía termina en un enorme bloque de cemento y encima una escultura abstracta. Seguramente, quiera reflejar el sufrimiento, pero también quiera ser un recuerdo impertérrito a los que dieron la vida para que esto solo sea un triste recuerdo del pasado. A los pies del monumento y de la via, vemos una humilde figura de dos personas juntas. Nosotros dando la espalda al monumento miramos al frente cogidos de la mano, al final de la vía la entrada a Auschwitz II detrás, el lugar exacto donde se detenía el tren en un viaje solo de ida. Mi novia y yo cerramos los ojos por un instante intentando tener un momento para nosotros en mitad de tanto abrumador silencio.
Final de la via de la muerte
Cuando abrimos los ojos nos quedamos un poco más aliviados pero algo cansados emocionalmente, aún así decidimos investigar más allá de los muros de Auschwitz II, en busca de Auschwitz III (que es un campamento de trabajo). Al pasar las torres de vigilancia, nos encontramos con un frondoso bosque y algunas construcciones con depósitos de agua. Por lo que pude leer, Auschwitz III era donde tenían su residencia los oficiales del campo de concentración, y también donde había zonas de trabajo para los reclusos, todo ello para dar una imagen de normalidad, ante la inspección de altos cargos del Reich, algo realmente grotesco.
Depósitos de agua del complejo
Sin duda Auschwitz I fue un juego de niños en comparación con las cosas que estamos viendo aquí, sinceramente ignoro el tiempo que llevamos aquí, pero va siendo hora de volver a coger nuestro Falco Stradale rumbo a la República Checa. Ya hemos visto suficiente, aunque en el camino de vuelta nos encontramos el pabellón donde gaseaban a los judíos. M Carmen está muy reacia a entrar, sin embargo, consigo convencerla para hacer alguna foto de la cámara de gas. El camino de vuelta también da para hacer alguna foto de los hornos crematorios por dentro, pero no nos adentramos en ninguno, hemos tenido suficiente, lo que hacemos es hacer fotos de algunos que han quedado desmantelados, pero bien conservados y a la vista, sin necesidad de bajar bajo tierra.




Vagon del tren de la muerte
Cuando llegamos a la altura del vagón, el último vagón del tren de la muerte que queda en pie. Me pongo en el centro de la vía y cojo una piedra de la vía a modo de recuerdo. Para finalizar este periplo algo triste, la verdad, decido hacer un video en emotivo homenaje a las víctimas de Auschwitz a la salida del recinto.



Zator
Tras ello, y aunque lo intente ocultar en mi casco, las lágrimas desfilan por mis mejillas. Pongo rumbo a Zator para recoger nuestras cosas y marchar a la República Checa el decimocuatro país de nuestra aventura por Europa. Al llegar a nuestra cabaña nos damos cuenta de que nuestra moral está por los suelos, lo visto hoy nos ha dejado profundamente derrotados, nos sentimos como si nos hubieran dado una paliza, nuestra moral esta por los suelos y para nada, hay ganas de continuar el viaje. Pero en Euro-Diversion 2013, para bien o para mal, no hay tiempo para lamentos, debemos continuar nuestra aventura, salir de Polonia para llegar a Praga en la República Checa. Tras hacer el check-out, nos vamos de nuestra cabaña y nos lanzamos en pos de la frontera polaca, espero que sea menos traumática la salida que la entrada en el país. Damos una vuelta por Zator para comprar unas provisiones para el largo viaje, tras lo cual salimos raudos en busca de la carretera. Aún así aún tenemos tiempo para tomar esta simpática instantánea.

Perro Policía
Cogemos la DW-781 (¡vaya nombres más raros tienen estas carreteras!), para alcanzar la carretera principal, pero para llegar a ella debemos de pasar otra vez por delante de Auschwitz I, haciendo que el silencio impere entre nosotros. Durante unos instantes los intercomunicadores están mudos, dentro de cada uno, supongo, todavía estamos asimilando el impacto de las cosas que hemos visto, por última vez Auschwitz se pierde en mi retrovisor, y con ello, quizá el mal rato que hemos vivido al visitar, a pesar de todo,debo insistir en que hay que conocer la historia, la buena y la mala, ya que, aunque no nos guste si hoy estamos donde estamos es gracias a nuestros aciertos, pero también a nuestros errores.

Una vez alcanzada Opatovice ponemos rumbo al sur del país, por E-442, supuestamente volvemos a carreteras principales, aunque lo cierto es que en Polonia es un término relativo, nada que ver con las españolas. Estas "autovias" continúan con sus cruces peligrosos, que interrumpen nuestra marcha cada pocos kms, todos regulados por semáforos y se encuentran a la entrada de las pequeñas poblaciones, lo que provoca kilométricos atascos, y peligrosas escenas de algún listo que se lo salta y casi provoca un accidente. Parece increíble pero estamos encontrando más atascos en las pequeñas poblaciones fronterizas de Polonia que en la capital del país, por si fuera poco, el asfalto está en pésimo estado y ondulado y parcheado, un verdadero infierno gris. La mejor solución queda por ocupar el arcén y rezar por no encontrar ningún coche averiado en la carretera o que un camión nos absorba mientras nos adelanta.

Tras unos kms de insufrible paso por poblaciones, a ritmo de tortuga, decido ir por carreteras secundarias, por indicación de mi navegante. Por supuesto, es un atajo, pero no creo que nos meta en problemas en su lugar nos sumergimos en un frondoso bosque de arboles de hoja caduca, verdaderamente preciosos, cerca de Bielsko-Biala. Tan frondoso es, que podemos sentir claramente como baja la temperatura a nuestro paso, pero no importa, lo cierto es que Polonia nos está regalando una bella estampa como despedida. Sinceramente, me alegro de haber cogido este atajo, el sol, intermitente y cegador, guía nuestro avance por el bosque, un verdadero espectáculo natural, aunque espero que no nos llevemos ninguna sorpresa en la frontera con la República Checa. Con esa idea sigo avanzando por este bosque interminable, que me recuerda, un poco, a los que vimos en Suecia. Los kms de travesía me sirven para abstraerme un poco y relajarme tras dos intensísimos días en Polonia en los que hemos visto de todo:

Por un lado, la hospitalidad polaca y la belleza de la sorprendente Varsovia, con sus reminiscencias soviéticas pero cada vez con un sentimiento más aperturista, y por otro, la profunda tristeza y horror de Auschwitz como paradigma de la barbarie de los nazis contra los judíos.

Salimos del bosque y cogemos la E-462 cerca de Wisla con destino a Cieszyn, última población polaca de nuestro viaje, afortunadamente, sin cruces, lo cual hace que nuestros kms cundan más la verdad en nuestros últimos instantes en Polonia.
Frontera de la República Checa
Al cruzar un puente, y tras unos 80 kms de travesía, observo el cartel de entrada en la República Checa, el cual sobrepasamos con absoluta normalidad, ya hemos pasado a nuestro 14º país y cruzado la 13º frontera de nuestra aventura. Celebración que se ve aderezada por nuestros 11000 kms en ruta cumplidos nada más entrar en Chequia.

-¡Que barbaridad, Rafa!, te vas a cargar el cuentakilometros de la moto. Dice mi novia con un humor bienvenido tras días más serios.
Repostando en Olomuc
Nos adentramos con soltura por tierras checas, volvemos a encontrarnos carreteras más europeas y pobladas por tráfico pesado. Cerca de Olomuc hacemos una parada para repostar, y de paso almorzar con nuestras provisiones compradas en el comercio de Zator. Lo hacemos a la sombre de la tienda de la gasolinera en una mesa, que M Carmen se ha "agenciado" no se como.

Mientras estamos comiendo placidamente, recibo una extraña llamada de un número larguísimo.
Nuestro almuerzo checo
-No lo cogas, Rafa - Me pide mi novia. Ella siempre con la mala costumbre de no coger llamadas de números desconocidos.
-Bueno, y ¿como se quién es, entonces?
Sin embargo, no le hago caso, mi intuición me dice que la llamada podría ser importante. Al descolgar inicio una conversación en ingles con un chico que dice hablar en nombre de booking.com, según me cuenta, los trabajadores de nuestro alojamiento en Zator, han encontrado una camara Sony gris en la cama. M Carmen palidece de inmediato y se lanza a buscar la camara entre sus cosas, con la esperanza de que todo haya sido una confusión, todo ello en vano.
-Rafa, nos hemos dejado la cámara en Polonia - se lamenta - ¿Qué hacemos? - pregunta angustiada.
-No lo se, pero a Polonia, no podemos volver - le contesto mientras retomo la conversación con booking.com, mientras el nivel de stress sube en el equipo.
-Mire, me encuentro en la República Checa y no puedo regresar a su país, ¿Que podemos hacer? - pregunto estresado.
-Rafa, diles que te manden la tarjeta, que la cámara no me importa, pero las fotos si - me apunta la novia en la distancia.
-Bien, si quiere le podemos mandar por correo la cámara a una dirección que nos indique - me contesta el hombre de booking.com
-Si, me parece bien, muchas gracias.
A continuación, paso a darle mi dirección en Palomares del Río y tras múltiples agradecimientos finalizo la llamada.
-Sin problema M Carmen, nos la mandan a casa - le digo a M Carmen con cierto alivio.
-¿Seguro? - se pregunta mi novia con ironía - Nada de esto hubiera pasado si hubieras hecho un repaso antes de irnos de la cabaña, tu has sido el último en salir - Me reprende.
Tras la buena noticia, cogemos la E-442 rumbo a Králové, otro buen trecho de 100 o más kms donde mi novia me "tortura" de nuevo con el asunto de la cámara y de mis frecuentes despistes. No es para menos, con esa cámara, hemos grabado entre otras cosas, nuestro encuentros con los renos en Jokkmokk o el descenso del Trollstigen. La verdad es que soy un despistado pero bueno, finalmente todo ha salido bien, ¿no?¿Cuál es el problema?Supongo que estamos acumulando demasiados kms para cualquiera y, claro, es lógico que surjan estos roces y conflictos ante el más mínimo problema.

Al margen de esto, la República Checa nos esta brindando preciosas imágenes de carreteras interminables hasta donde abarca la vista, flanqueadas por frondosos bosques. ¡Qué sensación más rara!¿Habremos llegado a Suecia? - pienso mientras avanzo por estos solitarios caminos bajo un cielo de ensueño. Curiosamente, si conducir por Polonia era peligroso por sus carreteras con cruces de carreteras con semáforos, aquí en la República Checa no son tan refinados. Aquí, de buenas a primeras te encuentras dos carreteras que se cruzan perpendicularmente y ni siquiera un Stop que regule el paso de uno o de otro. No queda más remedio que pasar con una precaución extrema por ellos mientras, nos flanquean interminables maizales.
Catedral de los Huesos en Kutna Hora
Gracias a las indicaciones de mi navegante, estamos siguiente un camino bastante óptimo para llegar a la capital checa. Hemos cambiado en Králové la E-442 por la E-67 y luego, a la altura de Kolin por una secundaria hasta llegar a una población de gran interés para mi: Kutna Hora, una pequeña población a 70 kms de Praga, que tiene en un barrio de la localidad llamado Sedlec una curiosa iglesia. Resulta que la llaman la Catedral de los Huesos, por la peculiar manera de decorar el interior de la misma con huesos humanos, dicha Catedral ya salió en la aventura de Ewan McGregor y Charly Boorman titulada Long Way Round y la verdad es que me gustaría verla a horrores. Sin embargo, a nuestra llegada y por media hora nos encontramos todo cerrado.
Ocaso en Praga
Con la decepción encima pero sin dilación ponemos rumbo a Praga, ciudad a la que llegamos en una hora, ya con el sol en su ocaso. Inmediatamente, el trafico se vuelvo denso, se nota que estamos en una gran capital europea, pero esa no es la mayor de mis preocupaciones. Aunque parecía olvidado, lo cierto es que seguimos sin GPS, así que, volvemos a las andadas para encontrar nuestro alojamiento. Según mi reserva, este hotel se encuentra en el centro de Praga, así que por lo menos seguimos todas las indicaciones que pongan "centrum". Mientras mi navegante se pone a trabajar con su móvil y la dichosa bolita de la geoposición. Pero por desgracia, una vez entrados más en la urbe, llega el momento de decidir hacía donde tirar, lo cual no es nada fácil, teniendo en cuenta que llevo una moto cargada hasta los topes por calles empedradas y un tráfico que te presiona para que te muevas.

Tras idas y venidas que dan con nuestros huesos en la Estación de Trenes de Praga decido parar para tomar algo de aire y tranquilizarme, mientras M Carmen intenta ubicarse yo examino mi movil y observo que tengo un mensaje de una tal Odette, que desconozco por completo quien es. Para nuestra fortuna es la dueña de nuestro alojamiento en Praga, que es una especie de loft . En el mensaje me pone la dirección de su piso y me pregunta si voy a acudir. Yo la tranquilizo y le respondo que si, pero que me he perdido a la entrada de Praga y desconozco como llegar. Ella responde inmediatamente con el nombre de una calle más importante que cruza y me da indicaciones de que camino debo seguir hasta llegar a el, que nos espera en una intersección. La verdad es que no se si saldrá bien, pero en cuanto M Carmen ve las calles relaciona alguna de ellas casi instantáneamente.

Nos ponemos en marcha, siguiendo el curso del río Moldava, por un momento la cosa parece que va bien, pero de nuevo "la pelotita" del GPS del movil vuelve a hacer de las suyas y nos perdemos en la inmensidad de Praga, acabando con nuestros huesos en la Estación de Trenes de la capital checa. De nuevo vuelven a surgir los nervios y el estrés se apodera de nosotros como un virus.

-M Carmen, vamos a tranquilizarnos, que antes íbamos muy bien, traza el rumbo desde aquí y dime a donde tengo que ir lo mejor que puedas - intento explicarle a M Carmen mientras detengo el Falco Stradale para tomar aliento y recuperar la cordura.
-Si te lo digo, pero no estas atento - me resalta ella.
-Ya, pero con la moto cargada hasta los topes, este tráfico y estas calles empedradas, no puedes cambiar de dirección cuando quieres, ponte en mi lugar, esto no es fácil.
-Ya lo se, y tampoco es fácil guiarte con un GPS del móvil que cambia de rumbo cuando le da la gana - me responde furiosa.

Nos hemos distanciado bastante de nuestro destino, pero sorpresivamente volvemos a retomar correctamente el rumbo sin mucha dificultad. Intento estar atento a la vibración de mi movil, por si Odette quiere comunicarse conmigo y darme alguna pista más de como llegar. Lo hace en una ocasión para indicarme que una superado un puente con una torre muy alta, girado a la izquierda y subida a una colina, ya nos queda poco realmente para llegar. Finalmente lo conseguimos, y aunque al principio no vemos a nadie en el lugar, de una tienda de comestibles surge una chica joven, rubia de media melena recogida, alta, de elegante porte, vestida con un pantalón vaquero blanco y una blusa roja que nos saluda en cuanto paramos la moto. Al principio, hay un poco de desconcierto, incluso M Carmen se sorprende, pero lo que mi acompañante no sabe, es que dí una descripción de nosotros para que Odette nos reconociera al llegar. Desde luego, tiene que ser ella, no debe de haber muchos españoles que vayan por Praga en una moto negra y me parece que hasta que no ha estado segura de que somos nosotros, no ha salido de la tienda.
Nos saluda, en inglés por supuesto, y nos acompaña hasta nuestro alojamiento, que por lo que se ve se encuentra en un bloque de pisos. También, dando muestra de su amabilidad, nos ayuda con nuestras cosas una vez desancladas de la moto. Accedemos al portal como si de una casa se tratará y a continuación en el segundo piso se encuentra nuestro alojamiento. Al franquear la puerta vemos a tres chavales jugando a la consola de manera algo bárbara, gritando y gesticulando mucho, Odette les manda callar en checo y se hace el silencio más absoluto.

-Rafa, ¿esto que es?¿tenemos que compartir piso con estos brutos? - me pregunta atónita
-No lo se, en la reserva tenía otras fotos, no era para nada un albergue juvenil - le contesto extrañado

Efectivamente, no me equivocaba, por lo que se ve lo único común es el salón, lo demás son habitaciones completamente privadas. Odette con otra llave nos muestra nuestra habitación, un excelente loft de dos plantas, con la cama enorme y una pequeña cocina abajo, perfectamente equipada y con los armarios y guardarropa en la parte superior. El WC y la ducha están dispuestas aprovechando el hueco de la escalera, pero para nada es angosto gracias a lo alto de nuestro apartamento. Nuestra casera nos da la llave del portal, piso y nuestra habitación, también nos da la clave del WIFI, un mapa turístico de la ciudad de Praga y su número de teléfono por si necesitamos cualquier cosa, despidiéndose cordialmente de nosotros a continuación.

La verdad es que ha sido una etapa muy dura y no nos vemos para nada con ganas de salir a descubrir Praga, estamos muy cansados. A excepción de Riga, o de las remotas poblaciones de la Laponia que a partir de las 17:00 no tenían nada interesante que ver, siempre habíamos tenido algo de tiempo, para por lo menos curiosear algo. Siempre habíamos viajado por la mañana para a media tarde dedicarla al turismo. Supongo que los más de 11000 kms de aventura empiezan a notarse, y creo que esta va a ser las primeras veces que no vamos a salir por la noche a descubrir la ciudad en la que hacemos noche. No obstante, una vez duchados y más cómodos decidimos hacer el esfuerzo y ponernos a caminar por las procelosas calles de la capital checa. Sin muchas pretensiones, eso si, no vaya a ser que nos perdamos y tengamos que dormir en la calle.

Pero inmediatamente, nos damos cuenta de que por la noche todos los gatos son pardos y de que las calles nos parecen todas iguales. Así que para evitar perdernos, nos tomamos tranquilamente una cerveza en un terraza cercana a orillas del río Moldova y charlamos animadamente sobretodo lo que nos ha acontecido hoy. Desde luego, la experiencia de Auschwitz ha sido algo digno de recordar, un trocito de historia que se ha quedado congelado en el tiempo, en la Polonia de 1940, un lugar que nos ha sobrecogido con sus historias de sufrimiento que espero nunca más vuelvan a repetirse. Pero al margen de eso, nos vamos con una muy buena imagen de Polonia, gente amable y sencilla, y que a pesar de los malos envites de la historia ha sabido mirar al futuro con una sonrisa, sin duda la reciente Eurocopa 2012 ha ayudado a modernizar el país, pero todavía le queda mucha camino que recorrer sobretodo en el apartado de carreteras, sin duda las peores que he visto en mis más de 11000 kms de travesía, y creedme que en mis casi 30 días de aventura he visto toda clase de firmes. También nos acordamos del noble gesto que han tenido con nosotros en Zator de devolvernos (por correo) la camara Sony con las fotos de nuestro viaje hasta entonces, todo un alivio saber que esos recuerdos no se perderán en la memoria de los kilometros. Un gesto de honorabilidad y educación que no será olvidado. Entre nosotros no hay duda de que a nuestro regreso a España tendremos nuestra cámara intacta.

Regresamos al loft y a nuestra llegada nos encontramos otra vez a los mismos chavales jugando a la consola y bebiendo alcohol, haciendo un ruido atronador. Como estamos cansados y yo tampoco tengo ganas de discutir les pido amablemente que dejen de hacer ruido, cosa que sorpresivamente, hacen sin causar más problema. Desde luego, la educación no es algo que sea muy habitual en nuestras fronteras, por eso no deja de sorprendernos cualquier gesto de este tipo. Dentro ya de nuestro loft, hago una frugal cena con nuestras provisiones que habrá que reponer mañana, mientras M Carmen dispone con el WIFI el curso de la siguiente etapa, que nos llevará desde Praga a Viena pasando por Bratislava. Es decir, tres países en una sola jornada de Euro-Diversion de 2013.

-M Carmen, no te olvides que mañana tenemos que pasar por Kutna Hora para ver la Catedral de los Huesos - le recuerdo a mi novia.
-Ya lo había previsto, nos desviamos un poco, pero merecerá la pena- me responde ella con ilusión.
Lo cierto es que los dos estamos hechos fosfatina, será mejor descansar lo mejor posible para mañana, ya que sería un pecado marcharnos de Praga sin, al menos, ver lo más importante de esta capital de centroeuropa. Espero que el retraso en la llegada de hoy no se transmita al resto de las etapas, convirtiéndolas más en una contrarreloj por recuperar el tiempo perdido y ver lo más posible, que en una aventura. Haremos todo lo posible por seguir disfrutando de la Vuelta a Europa en Moto, al menos ese es mi deseo, mientras concilio el sueño un pensamiento no abandona mi mente: ¿Que nos deparará Praga?

miércoles, 6 de enero de 2016

CAPÍTULO 26: ARBEIT MACHT FREI

ETAPA 26: VARSOVIA-ZATOR

Distancia total ruta: 338 kms
Tiempo total: 4 horas

Ciudades visitadas: 3
Paradas: 2
Consumo medio:  5,55 l/100


Con los recuerdos aún frescos de la noche en Varsovia, no podemos evitar pensar que la noche de ayer fue bastante provechosa. Casi sin querer, con un escueto mapa, y con nuestra intuición como guía, pudimos ver lo más bonito y granado de la capital polaca. Desde luego, todo un acierto coger hotel en el centro de Varsovia, con todo al alcance de una caminata, nuestro Falco Stradale descansó a cubierto tras largas y agotadoras jornadas por las más abruptos terrenos. Todavía hoy resuenan los ecos entre nosotros de la gesta de cruzar a Polonia por esos caminos olvidados por los mapas, unos 40 interminables kms de una aventura digna de un Dakar hecha con una moto de carretera. Acaso, ¿Se puede pedir más?

- Rafa, un poco más y nos volvemos a quedar atrapados en el barro en Lituania - me comenta inquieta por la mañana.
- Bueno, la mala experiencia de Skaulo me ha enseñado como tengo que llevar una moto tan pesada por esos terrenos.

- Al principio estaba asustada - replica ella.
- Si, y yo, porque teníamos la gasolina algo justa y no se veía el final de la carretera, pero al final cuando llegamos a Polonia...
- Nunca me alegre tanto por entrar en un país y eso que no es el mío - me dice con una amplia sonrisa mientras se pone el casco.

Pagamos nuestra estancia y nos despedimos del personal del hotel que tan bien nos han atendido. Es hora de comenzar la 26ª Etapa de Euro-Diversion 2013, así que partimos temprano hacia el sur del país. Pero antes, queda el tramite de repostar nuestra moto, cerca del hotel observo una gasolinera con un extraño símbolo, excusa perfectamente para, mientras M Carmen paga con la moneda local, hacer este video donde lo explico:



Tras la curiosidad del Halcón ponemos iniciamos nuestra ruta, deshaciendo el camino empleado para entrar en Varsovia. Por desgracia, nuevamente, me toca lidiar con las calles empedradas y los raíles de tranvía que la cruzan, que son como autenticas pistas de hielo. -¿A que mente despiadada se le ocurrirá construir por sistema algo así por todas las ciudades por las que pasamos?- Pienso. Está claro que es una cuestión ornamental y de conservación del pavimento antiguo para conservar un poco la esencia de los centros históricos de las ciudades. Pero, ¡Dios Santo! ¿Nadie ha pensado que esto es muy peligroso para los amantes de las dos ruedas? No os podéis imaginar lo difícil que es maniobrar con una moto tan pesada, de más de 300 kg, entre el caos del tráfico de Varsovia, atendiendo al equilibrio, a las señalizaciones de mi navegante y a que no nos embista ningún coche, que nos adelantan sin piedad por izquierda y derecha sin previo aviso. Evidentemente, la experiencia es un grado y yo desde que partimos de España he ido sumando horas de pilotaje a mi cátedra de aventuras en moto.

Con relativa facilidad y con unas indicaciones precisas de M Carmen, salimos de la capital de Polonia, rumbo al sur del país. Un país muy parecido a España en cuanto a extensión y numero de habitantes, el cual, por ahora nos esta gustando, a pesar de la precariedad de sus carreteras. Cogemos la E-67 rumbo a la ciudad de Piotrkow Trybunalski. Aproximadamente unos 138 kms de travesía no muy exigente, si no fuera por el hecho de que el asfalto polaco esta ondulado, menos mal que como solución adopto la idea de marchar por el arcén. Quizá no sea lo más ortodoxo y recomendable, pero así me evito los sustos que me llevé en la etapa anterior y en esta, en el que al intentar adelantar un camión por la izquierda hemos dado un bote considerable con nuestra moto. Si en la etapa de ayer hicimos el Paris-Dakar, en esta parece que vamos a poner a prueba nuestro Falco Stradale, "obligándole" a hacer moto-cross por asfalto, sinceramente, espero que aguante.
Cruceiro polaco
Encontrada la estabilidad, y con el buen tiempo imperante como acompañante, solo queda disfrutar del viaje entre verdes prados y cruceiros que nos ofrece Polonia. Pequeñas poblaciones se suceden a nuestro paso hasta llegar a la ciudad de Piotrkow, allí cambiamos de vía a la E-75 tal y como me indica mi novia. Desde luego, esta vez "la pelotita" se está portando y no nos está jugando ninguna mala pasada. Según me indica mi navegante, debemos seguir este rumbo hasta la ciudad de Myslowice, ciudad ya bastante próxima a nuestro destino. Por ahora, el viaje mañanero por tierras polacas está siendo tranquilo, sin mucho vehículo que perturbe nuestro paso, aunque si es verdad, que de vez en cuando se suceden adelantamientos kamikazes como los que vimos en las repúblicas bálticas.

De pronto, y sin previo aviso, abandonamos las vastas llanuras polacas y los pequeños pueblecitos de los alrededores para sumergirnos en la espesura de un bosque que atravesamos bajo el amparo de una sombra perpetua. Eso ocasiona que anteriormente agradable, baje hasta el punto de hacernos sentir frío como si, por un momento, hubiéramos vuelto a Noruega.

- ¡Vaya frío que hace Rafa! - se queja mi novia
- Aguanta no será mucho, dentro de poco volveremos con el sol.
Sin embargo, tras más de marcha 10 minutos seguimos a la sombra del espeso bosque, bello sin duda, bellísimo, pero incomodo para dos moteros cuyos forros perdieron hará más de tres semanas. El tráfico se intensifica, pero los polacos parecen ser algo más cívicos que sus hermanos del este. A pesar de los inconvenientes, intentamos disfrutar de esta bella visión, con cierto hálito de misterio, parece, por un momento, que hemos cambiado de país, -¿Habremos ido a parar al bosque de Sherwood sin saberlo? - pienso en voz baja. Pero no, seguimos en Polonia, y viajamos hacia el sur, en concreto hacia Zator, destino de nuestra etapa.

Tras atravesar el denso bosque, volvemos a carretera abierta, pero algo ha cambiado en la forma de conducir por Polonia, algo que sin aviso previo nos sobresalta. Resulta que de vez en cuando, esta carretera pasa por pueblos, como es lógico, pero aquí no deben de conocer los carriles de incorporación o salida de la vía principal, porque directamente lo que hace la carretera es convertirse directamente en un gran cruce con varias intersecciones, reguladas por semáforos. Dicha novedad, nos pilla por sorpresa y casi me hace saltarme un semáforo (aquí tampoco avisan de su presencia con antelación), lógico teniendo en cuenta que uno viaja por autovía a una media de 100 km/h, espera de todo menos pararse de buenas a primeras por un semáforo. M Carmen, siempre atenta me avisa, con antelación para que me pare en los numerosos cruces que nos encontramos. Desde luego, no es tarea sencilla para el Falco Stradale y más teniendo en cuenta el peso que llevo conmigo. Por eso, me está echando una mano en esta tarea, extrañamente, sin protestar, creo que ella misma se ha dado cuenta de que las carreteras polacas están mal indicadas y que es difícil jugar a ser adivino conduciendo por este país.

Una vez pasado el trance, hacemos parada en Czestochowa para repostar nuestra moto al haber llegado ya, y sobrepasado, los 200 kms de ruta. Debo decir que desde que abandonamos Escandinavia, me está costando acostumbrarme al hecho de que en esta parte de Europa se pueden alargar los repostajes un poquito más de lo que lo hacíamos en tierras nórdicas, por fortuna. Habrá que tenerlo en cuenta a partir de ahora.

Mientras reposto y me acerco a pagar, M Carmen aprovecha para consultar vía WIFI nuestra ruta, la cual seguimos con gran precisión. Al salir de la tienda, me indica en el mapa que ya nos queda poco para llegar a nuestro destino.

- Hoy nos va a cundir la mañana Rafa, debemos seguir esta carretera hasta Myslowice, y después cambiar a la E-462, tras eso sólo nos queda tomar rumbo sur para llegar a Zator.
- ¡Que alegría! - Exclamo - No todas las etapas van a ser de llegar a las tantas de la noche. Ya iba siendo hora de concluir las etapas a una hora normal.
- ¿Cuantas habremos tenido así? - pregunta con una gran curiosidad - Las cuento con un dedo de la mano M Carmen - sentencio.

Efectivamente, 44 kms después y en un abrir y cerrar de ojos, cambiamos la E-75 por una carretera comarcal, de pésimo estado, en concreto la 781, a la altura del pueblo de Chrzanow, señal, sin duda, de que ya nos queda poco para llegar a Zator. Espero que lleguemos sin muchos problemas, ya que aquí es cuando nuestro GPS improvisado empieza a hacer de las suyas. Curiosamente eso no sucede y llegamos sin problemas a Zator, a la hora de comer aproximadamente, sin embargo, no encontramos ninguna referencia hacia nuestro hotel. No hay problema, hacemos una parada en una panadería cercana para comprar provisiones, donde adquirimos pan de cereales en bloque (al estilo noruego), un poco de queso, leche y mantequilla. Mientras M Carmen paga en Zlotys, yo le pregunto, en ingles, a la cajera como llegar a River Park, nombre de nuestro hotel aquí en Zator. Por lo que se ve es fácil, tan sólo hay que bordear la iglesia y bajar una cuesta, 3 kms más adelante encontraremos una gasolinera, allí deberemos girar a izquierda y ya habremos llegado a nuestro destino.

Nos ponemos en marcha, y efectivamente, las indicaciones de la dependienta eran acertadas, a las afueras del pueblo nos encontramos con unos carteles bien grandes que anuncian nuestra llegada a River Park, aunque para llegar a la entrada tendremos que callejear un poco. Mientras avanzamos por esos caminos de tierra me doy cuenta de que River Park se anuncia como una especie de resort de vacaciones para toda la familia, con mucha estética de dinosaurios y selva, muy al estilo de Jurassic Park. Como curiosidad, en el camino nos encontramos con otro parque de extraña temática: Park Mitologii un parque dedicado a los dioses de la mitología griega, no se si es un parque acuático, de columpios o de lo que sea, pero lo que yo me pregunto es: ¿Como demonios es un parque sobre los dioses griegos? Por desgracia, lo único que alcanzo a ver es un Zeus de cartón piedra enorme y a una familia se aventura a su interior. Supongo que nos quedaremos con la duda. Más adelante, esta la entrada de River Park, quizá me esperaba algo más digno de la famosa película de Spielberg, pero lo importante es llegar al destino, ¿no?
Nuestra cabaña polaca
Deberíamos aparcar nuestra moto a la entrada del parque, pero como el recinto tiene más bien el aspecto de un camping decido avanzar motorizado hasta la recepción, a la que llegamos tras pasar por delante de un restaurante y ante el asombro de los que allí se encontraban comiendo. Nos recibe una amable chica, esta vez M Carmen no hace la descarga de nuestras cosas, el recinto es cerrado y en principio seguro, así que dejamos el Falco Stradale con todo esperando, mientras nosotros subimos con la chica para hacer el check-in. Nuestra cabaña es la primera según entramos así, deshacemos el camino y volvemos a la entrada del camping. Cuando llegamos nos encontramos con una cabaña muy al estilo de las noruega toda hecha en madera, quizá más austera, y algo menos preparada, pero bastante amplia, y menaje de sobra para preparar la comida. Además tiene el detalle de tener un porche y un pequeño vallado que nos aísla de los visitantes del parque, es como si tuviéramos un mini-chalet entero para nosotros. Ya dentro, con las cosas descargadas, ataviados con ropa más cómoda y con la moto como testigo, nos relajamos mientras almorzamos a la sombra de un pino cercano, mientras algunas familias pasan delante nuestra con destino al restaurante.

Tras la comida, rematamos la sobremesa dando un paseo hasta el restaurante, a M Carmen como no, le apetece un café, y yo aunque no soy muy dado a ello, caigo en la tentación de pedirme una copa de helado colosal servido en una especie de caracola de cristal. Pero no hemos venido hasta estos recónditos lares del sur de Polonia, en busca de un excelente café y de helado. Esta etapa, termina en Zator un pequeño pueblo polaco a orillas del río Skawa, así que, en teoría hoy sería un día de descanso al no tener la población muchas cosas de interés, al contrario que otros sitios en las que hemos parado que invitaban más a la exploración. Sin embargo, a nosotros no nos gusta lo fácil, la relajación o el tedio, nuestra intención al venir hasta que es simple: Queremos visitar el Campo de Concentración de Auschwitz, el cual se encuentra situado a unos 18 kms de este lugar, en la localidad polaca de Oswiecim, nombre del pueblo donde se encuentra y que los nazis sustituyeron por el de Auschwitz-Birkenau. Aún hoy, a pesar de que han pasado casi 70 años del fin de la II Guerra Mundial la gente cuando se refiere a esta población la nombra como Auschwitz (por el campo de concentración) y no como Oswiecim.

Nos ponemos en marcha con decisión, hacia el oeste por una carretera comarcal numerada como 44, al principio vuelve a engullirnos la espesura del bosque polaco, pero por poco tiempo, ya que empezamos a ver paisaje urbano, compuesto por polígonos y casas bajas a ambos lados de la carretera. Casi se puede decir que el viaje transcurre como subidos a un tranvía, siempre a velocidad constante y sin adelantar, tampoco hay oportunidad, ya que son habituales las rotondas, ¡Dios! cuanto las odio - pienso. Con la cantidad de ángulos muertos que dejan al girar y la imprevisibilidad del tráfico del Este de Europa, hacen que me quede bastante receloso cada vez que tomo una. Afortunadamente, en un abrir y cerrar de ojos y sin previo aviso, a nuestra derecha va surgiendo de entre unos arboles unos altos muros en ladrillo rojo coronados por una alambrada, creo que ya hemos llegado.
Entrada aparcamiento de Auschwitz

Efectivamente, a los pocos metros, tenemos indicaciones de que hemos llegado al aparcamiento del complejo Auschwitz-Birkenau, aparcamiento, por cierto, que esta hasta los topes, tanto es así que aparcamos nuestro Falco Stradale en el único sitio que había libre.

- Rafa, ¿será de pago el aparcamiento? - Pregunta M Carmen - No lo se, pero visitar Auschwitz es gratis - Le respondo.
A la entrada del complejo
Vamos caminando, hasta lo que parece un puesto de control, pero no es para comprar las entradas, sino para contratar un guía o alquilar una audioguía (en varios idiomas). Nosotros, intrépidos exploradores, preferimos descubrir por nuestra cuenta, así pasamos sin entretenernos demasiado. Una vez dentro del recinto, vemos como una gran explanada con unos bancos donde la gente descansa a la sombra de algunos arboles. El césped de un verde intenso, por un momento, eclipsa lo gris y austero de los edificios que lo rodean y que nos recuerda que estamos en un campo de concentración de la II Guerra Mundial, por desgracia, el más famoso. Sin embargo, este recinto no difiere demasiado de lo que podría ser una cárcel normal y corriente de la época, pero poco a poco, según vamos avanzando hacia el arco de la entrada principal, entre una legión de cárteles explicativos (en polaco,ingles,hebreo) nos vamos dando cuenta de que este no es recinto turístico normal. No sabría muy bien como explicarlo pero al estar en frente de ese cartel siento un estremecimiento como nunca antes había sentido.






Entrada a Auschwitz
Tanto es el estremecimiento que, si bien empezamos la jornada haciéndonos alguna foto a la entrada del complejo, al pasar por ese arco y ver a más personas haciéndose fotos por allí, sentimos un profundo sentimiento de estar faltándole el respeto a las personas que allí murieron.

- Rafa, espera un momento, mira, no veo adecuado que hagamos fotos, mira esos, parecen que están jugando. Me siento mal aquí

La verdad es que esos chavales parecían que estaban de excursión, y sinceramente Auschwitz no me parece un espacio de recreo, sino de recogimiento, de reflexión sobre a donde puede llegar lo peor del ser humano. Una barbarie irracional que sumió a la humanidad en años de oscuridad, del que hoy quedan tan sólo las reminiscencias propias de una pesadilla, pero que, sin embargo, no hay que olvidar. Por eso, me vuelvo hacia mi novia y le digo:

- El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. - le digo con seguridad. No hago, sino recordad la frase que dijo en su día Napoleón Bonaparte.

Efectivamente, esta, aunque nos pese, es una parte de la historia que es preciso no olvidar, sólo así podremos evitar que se repita lo que aquí ocurrió hace más de 60 años. M Carmen y yo nos miramos sumidos en un profundo silencio, por primera vez en la aventura, tenemos ganas de irnos del lugar que visitamos, sin duda, influidos por el profundo sentimiento de tristeza que impera en el lugar. A pesar de ello, decidimos continuar haciendo fotos, las justas eso si, con el mayor respeto posible, y evitando salir en ellas, prescindiendo por completo del video, dando así testimonio mudo de los horribles hechos acaecidos aquí entre 1940 y 1945. Creo que las imágenes que a continuación pondré en este post reflejan fielmente lo que vimos allí y lo que sentimos al pasar por los distintos pabellones del complejo.
Arbeit macht frei
Los primeros carteles del recinto te informan en varios idiomas de como están dispuestos los pabellones y como era la vida en Auschwitz, leyendo esas líneas te das cuenta de lo dura que era la vida dentro de esos muros.

 Por lo que se ve los internos, al menos al principio, erán sometidos a jornadas maratonianas de trabajo de más de 15 horas en un campo de trabajo cercano, hiciera el tiempo que hiciera, todo ello aderezado con escasas raciones de comida, con poco descanso, y con condiciones higiénicas lamentables. Al terminar la jornada tenían que regresar al campo de concentración con los cadáveres de los compañeros muertos a cuestas, mientras a su entrada los recibían con música, algo que sin duda, resulta surrealista e infame. La primera impresión que uno se lleva al entrar en Auschwitz I es que estamos ante lo que se podría considerar como una prisión normal y corriente, como las muchas que tenemos en nuestro país. Sin embargo, algo raro se respira en el ambiente, a pesar de lo que se han esmerado en "alegrar" la imagen del lugar y del relativo gentío que circula por las calles del complejo. Es como una especie de silencio que estremece el alma.


A ambos lados se disponen diversos pabellones en los que el visitante puede hacerse una idea de como era la vida de los internos en los escasos momentos de asueto que tenían, en condiciones ciertamente lamentables.

 Flanqueando los pasillos de estos pabellones, hay un sinfín de fotografias de los numerosos presos de Auschwitz I, testimonio mudo de lo mucho que se sufrió entre estos muros. Hay personas de todas las edades y condición, de diversas nacionalidades, todos con sus datos personales. Pero a mi el dato que más me impresionó fue el de la fecha de entrada y el de salida del Campo de Concentración, es decir, la fecha de su muerte. De todos los que vimos, y vimos muchos, solo dos murieron al año de estar en Auschwitz, los demás se movian entre 3 o 4 meses a lo sumo. También había un grupo numeroso de gente que moría en menos de un mes.

No es de extrañar tan baja supervivencia, teniendo en cuenta  las jornadas de trabajo tan maratonianas. Por respeto a estas personas mi novia y yo decidimos no hacer ninguna fotografía de las hojas de identifación de estas personas anonimas.

Pasando a la planta baja de este pabellón nos encontramos con una galería ciertamente lugubre, con poca iluminación y húmeda. Seguimos el pasillo sin saber muy bien nuestro destino, a los pocos metros nos encontramos con unas extrañas verjas que dan acceso a algo parecido a un hueco de escalera con unas puertas pequeñas en los muros.Esas puertas dan acceso a una celda de castigo de 1 metro cuadrado a compartir entre cuatro o cinco personas, las cuales tienen que convivir durante los días de castigo las 24 horas sin luz y de pie.

Unas imagenes impactantes que hacen que en nuestro pecho crezca una angustia inusitada. Hasta a M Carmen le cuesta respirar allí, somatizada quiza por la imagen de esas personas hacinadas sin espacio ni para sentarse en el suelo. Al salir de allí, sentimos un profundo alivio en nuestros corazones por la experiencia vivida, y durante un momento existe la tentación de salir del campo de concentración, pero el deseo de descubrimiento puede más que nuestro miedo o respeto a la atrocidad de la historia, y continuamos visitando pabellones de Auschwitz I.

Todos los pabellones son de dos plantas y comienzan con largos pasillos donde podemos observar más y más fotos de los presos que allí sucumbieron. Al principio, en estos muros padecieron la ira nazi presos politicos, disidentes, comunistas, etc., después judíos de todos los rincones de Europa. Al observar cada foto no puedo evitar pensar que cada una de ellas cuenta una historia llena de ilusiones, de metas, de anhelos que fueron cortados por el III Reich. Historias que por desgracia, en la mayoría de los casos, se han perdido en el olvido. Estos anonimos testigos de la historia nos dan paso a otras dependencias que parecen, extrañamente vacías, sin embargo, al mirar a nuestra izquierda nos percatamos de nuestro error. Otra historia muda se cierne sobre nosotros.

Una parte de las habitaciones en las que entramos tenían una mampara blindada, de unos 5 metros o más de largo y en su interior, todo tipo de objetos de los miles de personas que allí estuvieron acumulados a modo de osario, unas vistas que, sin duda, helaron nuestra sangre y nuestro espíritu. Los objetos parecían vertidos de cualquier manera en esa sección de la habitación, pero el extremo silencio del lugar y el conocimiento de lo que allí pasó, te ponían rapidamente en sintonía con el sufrimiento de las gentes de Auschwitz I. Había de todo desde zapatos, libros, maletas, ropa, pizarras  hasta pelo. Si como estais oyendo, había una habitación llena de pelo, de todos los colores y formas. Según leí en un cartel cercano, los objetos que vemos acumulados pertenecen a todos los que pasaron por el campo de concentración, según llegaban a Auschwitz les quitaban todas sus pertenencias para venderlas o usarlas en la industria alemana, les rapaban el pelo (para hacer pelucas) y les vestían, con el atuendo que tantas veces hemos visto en películas, con un traje de rallas negras sobre blancas. Aunque no todos los presos eran iguales, según su religión, pensamiento político, etc eran identificados con unos brazaletes. Por ejemplo, los judios eran identificados con las estrella de seis puntas de David en color amarillo. Como pude leer algunos presos, incluso, tenían cierto rango y mando dentro de los internos, además de privilegios. Todo ello, por supuesto, con el beneplácito de los nazis. También es cierto que no duraban mucho en el cargo, desconozco el motivo, pero puede que vieran demasiadas cosas.

A continuación, llegamos a una habitación que en vez de estar llena de pelo lo estaban de latas de un producto llamado Zylon B. Efectivamente, esas latas contenian un gas pesticida con las que masacraban a la gente, en las infames duchas, que estaba enferma o impedida para seguir trabajando en el campo de concentración. Un producto basado en el cianuro que con sólo 4 gramos podía matar a una persona, una solución ante la creciente llegada de presos, y el coste elevado de las balas. Por ese motivo se usó el Zylon B,  toneladas y toneladas de ese veneno y precisamente cientos y cientos de latas usadas amontonadas yacen aquí hasta una altura superior a nuestras cabezas. Para colmo de males, nos encontramos con un mapa que señala a Auschwitz como un lugar idoneo para exterminar a los judíos dada la cercanía a las poblaciones judías y por la buena conexión ferroviaria.

Creo que en ese momento nuestra mente dijo basta y nos mandó salir de allí a toda prisa. Aún así, esa visión y la imagen de la horrible muerte que sufrieron nos tortura a ambos. Salimos de los pabellones ciertamente impactados y sin ganas de ver nada más, solo tenemos ganas de regresar a Zator. Sin embargo en el camino nos encontramos con un pequeño patio que no existe entre otros pabellones visitados. Al acercarnos más me doy cuenta de que estamos ante un paredón de fusilamiento, aún setenta años después de aquello se pueden observar los diversos impactos de bala que mellan todo el muro. Como homenaje a todos los que perdieron la vida allí, vemos unas flores.

La escalera de la segunda foto da, precisamente, a donde estaban las celdas de castigo, sin duda, la antesala a la pena de muerte que esperaba al otro lado de la puerta.

Poco a poco va atardeciendo en Auschwitz, pero nosotros hace mucho tiempo que nos hemos quedado helados ante lo que hemos visto aquí. Y creo que también sólos, porque desde que hemos salido del paredón, no hemos visto a un alma en el lugar, de pronto un pitido de un guardia de seguridad que nos pone sobreaviso de que son más de las 20:00 y el horario de visita ha terminado. Ciertamente, el tiempo ha pasado volando, aunque no por el disfrute de la experiencia sino por el efecto de jet lag que ha tenido viajar al pasado para recuperar este desagradable episodio de la historia de nuestro continente. Mientras enfilamos la salida intento compartir con mi navegante los pormenores de esta experiencia, pero ella se muestra muy reacia a hablar a pesar de mis intentos por sacarle una palabra.

- Date prisa, a ver si nos van a dejar aquí a pasar la noche - le insinuo a mi novia
- Yo aquí de noche no me quedo ni de coña, me da algo, vamos- espeta M Carmen

En el camino de vuelta podemos echar un furtivo vistazo a uno de los hornos crematorios donde quemaban a los muertos del campo, el único que se ha conservado desde la época de la Guerra. Y es que los nazis, una vez vista la imposibilidad de ganar la guerra, se cuidaron mucho de borrar las huellas de su barbarie, afortunadamente no lo consiguieron.

Una vez flanqueada la puerta del complejo, momento en el que nos sentimos como si nos hubieran quitado un peso de encima, nos dirigimos al parking, donde un señor nos espera para cobrarnos 2 euros por su uso. Esta claro que aquí lo único gratis es la entrada a Auschwitz, pero sinceramente, pago casi sin mirar, dado que pésimo estado de ánimo. Cuando montamos en la moto rumbo a Zator, una duda invade mi mente: Si Auschwitz I estuvo unos 5 años operativo, es relativamente pequeño y tiene el aspecto de una cárcel ¿Como es posible que aquí murieran más de 1500000 personas?Honestamente, y aunque pueda parecer frívolo, no me salen las cuentas. Saldrían a casi 1000 personas cada día, es decir, 1000 bajas diferentes todos los días y eso es demasiado incluso para este lugar. 

En fin, mañana volveremos, en busca de más respuestas a Auschwitz II. De momento, dejamos Auschwitz I atrás perdiendose en el horizonte por el retrovisor de mi Falco Stradale, a la par de un sol que para nosotros brilla hoy un poco menos. No sabría decir lo que nos ha pasado entre esos muros, pero lo que si se es que por primera vez en esta aventura, nos hemos quedado 25 kms (los que nos separan de Zator) en un improvisado, escrupoloso y respetuoso silencio, no se si hacia todas las personas que perdieron la vida, o porque todavía estamos intentando asimilar lo que allí hemos visto y sentido.

Nunca en mi aventura, había tenido estas sensaciones de agobio, tristeza, frío, sin haber nada físico que te lo provoque, aún así recomiendo visitar este lugar por todo lo que representa en nuestra historia más reciente. Por fortuna, el mundo ha cambiado mucho desde la época de la II Guerra Mundial, pero para evitar que caigamos en esas atrocidades es necesario que existan lugares como este que nos recuerden de lo peor que es capaz la única raza que habita en todos los continentes: La raza humana.

miércoles, 9 de julio de 2014

CAPITULO 8: DURMIENDO CON LA GESTAPO

AMSTERDAM-LEEUWARDEN-BREMEN-HAMBURGO




Distancia total ruta:  503 kms

Tiempo total:   5 horas 25 minutos

Ciudades visitadas: 3

Paradas: 3

Consumo medio:  5 l/100 kms 

Gasto de combustible:  33,78€

Peajes:


El día de ayer estuvo pleno de emociones y experiencias, la verdad es que Amsterdam es una ciudad maravillosa que merece la pena ver una y otra vez. Por desgracia, debemos avanzar hacia la siguiente frontera, el siguiente país. ¿Que nos deparará Alemania? Como es ya habitual en esta aventura nos despertamos temprano para coger carretera lo antes posible. M Carmen llevaba varios días quejándose del frío, anoche tras la vuelta nocturna y lluviosa al hotel, se convenció de que necesitaba más capas de ropa para afrontar la parte escandinava de Euro-Diversión. Yo ya le había prestado mi ropa térmica, pero no era suficiente. Así que no nos quedó más remedio que retrasar nuestra partida hasta que las tiendas abrieran. Supongo que en ese lapso de tiempo la ropa pudo secarse mejor, los dispositivos cargarse más, y nosotros organizar las cosas de las alforjas con más calma. Por desgracia, no pudimos descargar fotos en el disco duro. El uso de PC en este Ibis costaba dinero, al contrario que en Brujas, así que decidimos que probaríamos suerte en el siguiente hotel. A mi me dio tiempo a hacerle una revisión general a la moto. Limpie, engrase y tensé mi cadena, comprobé la presión de los neumáticos, las fijaciones, amortiguador, y el nivel de aceite, que estaba un poco bajo. Tras reponerlo, volví a la habitación para desayunar de nuestras provisiones. Con el estomago lleno y una vez hechos los deberes, partimos hacia Amsterdam de nuevo, con la misión de encontrar algo más de ropa de abrigo para mi sufrida pasajera. Es increíble, con el nivel de stress que hemos tenido en otras etapas, y aquí estamos sin ganas de querer irnos de Holanda, definitivamente, nos ha encantado este país. Dejamos atrás el hotel, cuyo parking está invadido de motos, se nota que el MotoGP de Assen es hoy, y tras él, el Aeropuerto de Schipol, el construido a más baja altura del mundo (a 3 metros) para desandar el camino y volver a ver la ciudad que vimos ayer.  Para comprar la ropa, y teniendo en cuenta que era Sábado, decidí que lo mejor, más rápido y seguro era ir a un Decathlon, metimos en el GPS el primero que nos salió y pusimos, prestos, rumbo a él. Cuando llegamos no pude salir de mi asombro. Habíamos llegado al Amsterdam Arena, uno de los estadios de fútbol, más modernos y bonitos del mundo, sede del Ajax de Amsterdam y de la selección de fútbol de Holanda. Mi novia, al principio, no le dio mucha importancia, aunque le di varias nociones de nuestro más reciente descubrimiento. 








Resulta que el Amsterdam Arena tiene una autopista que circula por debajo, uno de los mayores centros comerciales de Europa en su estructura y por si fuera poco, es de los pocos estadios completamente cubierto que hay en el mundo. Bueno, parece que se quedó un poco más impresionada. Aunque, más emocionada se quedó al ver el Decathlon abierto, casi no me deja aparcar la moto de los saltos que daba. Por fin entramos, y aunque estamos en verano, podemos  encontrar, no sin una ardua búsqueda, ropa de invierno. Lo malo, es que al estar fuera de temporada la variedad es poca, y claro no sólo tiene que abrigar, sino encima ser bonito, estar bien y barato. Compró un forro polar bastante competente, pero no era barato y el color.... ¿naranja? Ni en sueños M Carmen se habría comprado un algo tan chillón, pero de lo que había era lo que más abrigaba, según nos contó la amable dependienta. En fin, debajo de la chaqueta no se va a ver ¿no? Pagamos y nos vamos, poco a poco vamos dejando el majestuoso Amsterdam Arena atrás y vamos rumbo al norte del país, por fin, tras este receso necesario, da comienzo la octava etapa de Euro-Diversion 2013.

Cogemos la A-7 rumbo norte, la autovía nos brinda las últimas imágenes de moteros en ruta. Toman la carretera un sin fin de aerogeneradores a ambos lados de la misma, afortunadamente el viento sopla con suavidad y apenas se deja sentir en nosotros. M Carmen, ya esta probando su forro polar y se la ve más cómoda en el Falco Stradale, y con menos frío. Sin embargo, sigue con sus molestias en la rodilla, las cuales alivia de vez en cuando estirando la pierna. Menos mal que, siempre avisa, porque ese movimiento desequilibra un poco la moto, aunque sólo sea por unos instantes. 

- Menos mal que no me opere, si no, no hubiéramos podido realizar esta aventura - me comenta aliviada, mientras realiza su rutinario movimiento de estiramiento de las articulaciones.

Seguimos progresando, con el tráfico algo más fluído, por el norte del país hacia el mar de Frisia. A parte de los aerogeneradores, nos rodean un reguero de cuadriculados canales de riego que bañan los campos. Nos paramos a reflexionar a través de los intercomunicadores que es muy probable  que el terreno firme que pisamos pueda ser perfectamente ganado al mar. Según me pude enterar esa superficie ganada tiene la extensión de la provincia de Málaga, algo ciertamente increíble, no es de extrañar que los ingenieros holandeses estén entre los mejores del mundo por robar a la naturaleza su espacio y mantenerlo lejos de sus garras. A lo mejor deberían coger buena nota de ello los venecianos, siempre con problemas de inundaciones en cuanto caen dos gotas. El bullicio de la capital holandesa ha dejado paso a verdes y planos prados, silenciados únicamente por el murmullo de nuestros pensamientos, intentando asimilar ambos las intensas vivencias de estos días de increíble aventura. Nos separan ya unos 70 kms de Amsterdam y parece que, abandonada la urbe, hemos pasado a otro país, sin embargo, seguimos en Holanda, pero quizá en una Holanda más inhóspita y agreste. El viento, hace leves apariciones acompañadas por lluvia cada vez más incesante, por lo tanto, como precaución, no nos queda más remedio que parar, y ponernos los dichosos monos de agua. Todavía hoy, a más de 3000 kms de casa, maldigo mi suerte por la perdida de nuestros forros interiores (térmicos e impermeables). Pero no queda más remedio que claudicar y seguir a pesar de la dificultad. Aprovechamos el repostaje en una gasolinera para hacer la puesta de ropa, y matar dos pajaros de un tiro. Así que, comprobamos presiones, y tras saludar a un extrañado soldado holandés, nos ponemos en marcha de nuevo, rumbo a Leeuwarden, para llegar a esta ciudad de 96000 habitantes tendremos que atravesar el Gran Canal, el desafío se va cerniendo poco a poco sobre nosotros.

En un principio, cuando planifique la ruta de Euro-Diversion 2013 pensé en hacerla de tal forma que fuera posible llegar del punto más al sur del continente al que está más al norte usando únicamente la carretera como medio para conseguirlo, sin ferrys, ni mar que franquear. Tal fin, es posible desde hace bien poco, en concreto desde el 2000, fecha en la que Dinamarca y Suecia construyeron el puente de Oresund que une las localidades de Copenhague y Malmo. Este puente ha cambiado el mapa de Europa, tal y como lo conocemos, ya que los 16 kms que separan Dinamarca de Suecia, dividían además en dos a la Unión Europea, estando Suecia y Finlandia incomunicadas por tren y carretera con el resto de la UE. Desde este punto de visto, su impacto en la conexión de ambos países es muy superior al logrado por el Eurotunnel entre Francia e Inglaterra. Prueba de ello es que las líneas de ferry que hacían el servicio dentro del estrecho de Drogden han desaparecido, cosa que no ha sucedido ni en tierras británica ni francesas. El puente de Oresund es un puente mixto de 16 kms, aunque como puente tiene únicamente ocho, el resto lo conforma un túnel que va bajo el lecho marino y emerge en una isla artificial, donde la carretera "toma el relevo" conformando un puente. Lo cierto, es que dicho así, tiene que ser una pasada cruzar esta obra de la ingeniería del siglo XXI atravesando un estrecho, muy parecido al Canal de la Mancha pero con mejores vistas. El coste de 20€ como peaje por cruzar en moto, era un bajo precio por disfrutar de unas sensaciones. Sin embargo, tenía una pega: cruzar el puente, implicaría subir al Cabo Norte por Suecia, perdiéndonos toda la magnificencia de los fiordos noruegos. Pasar de Copenhague a Malmo y enlazar a Noruega supondría un kilometraje adicional de cerca de 1500 kms, con el consecuente incremento del presupuesto destinado a gasolina y alojamiento. Fue una pena, pero tuve que renunciar a este hito para poder conseguir llegar al Cabo Norte y volver en un número razonable de días.

Pero conmigo, siempre hay algo más, y claro está en esta ocasión tenía un as en la manga. No era como cruzar el puente de Oresund, pero esperaba que el Gran Canal de Frisia, llamado realmente Afsluitdijk, cumpliera mis expectativas de "caminar sobre las aguas". No era para menos, 30 kms de canal, que más bien deberíamos llamar dique. De hecho, el más largo de Holanda, el cual sirve para controlar el nivel de las aguas que rodean el país y protegerlo de temidas inundaciones. Ahora que nos separan pocos kms para llegar al lugar, debo admitir que estoy ciertamente emocionado, por lo desconocido que nos aguarda. M Carmen ya sabe a lo que nos enfrentaremos y está ciertamente preocupada, le preocupa, obviamente las condiciones climáticas que nos encontraremos, sigue lloviendo y el cielo no invita al optimismo, la verdad. Pero antes de que nos podamos lamentar o preocupar en exceso, el Falco Stradale nos emboca, entre  un escuadrón de motos, al principio del Canal. Contenemos la respiración, mientras se para el tiempo a nuestro alrededor.

Con un viento cada vez más bravo entramos en el canal. De repente, se abre ante nosotros una recta interminable que nos desafía más allá de lo que abarca nuestra vista, a nuestra derecha observamos un mosaico de islas artificiales, algunas incluso con casas y numerosos pequeños diques. A nuestra izquierda un muro de unos cinco metros nos parapeta del viento imperante de componente norte y de las olas. Aunque algunas consiguen superar el dique y salpicar con su espuma, sin importancia para los vehículos que transitan como nosotros, pero nos da una idea del infierno que se debe de estar desatando tras esos muros. No es para menos, estamos a nivel del mar (0 metros) y somos un plato muy apetecible para las fauces del Dios Poseidón. Nosotros continuamos con nuestra marcha firme hacia Leeuwarden, la localidad que nos espera tras este cruce entre aguas. A pesar de ser 30 kms en recta eterna y de no ofrecer nada motociclisticamente hablando de adrenalina, M Carmen y yo estamos disfrutando mucho de este espectáculo de la naturaleza y de como el hombre puede desafiar a la furia de los elementos. El viento, solo nos acaricia, la lluvia ha cesado, por un momento, parece que todo se ha puesto de cara para que disfrutemos de la belleza de este salvaje lugar, perdido en los confines de los Países Bajos. A medio camino de nuestra "travesía por alta mar" encontramos a un grupo de moteros que se han apeado a un lado de la carretera para hacer fotos, a nosotros no nos parece muy segura esta parada y decidimos seguir hasta llegar a un sitio más optimo para detenerse y fotografiar esta mastodontica obra de la ingeniería tulipán. Seguimos serpenteando insolentes entre el escaso tráfico sabiendo que, a escasos metros, el mar está deseando engullirnos. M Carmen aunque, algo asustada, se muestra emocionada, seguramente por el influjo de la adrenalina y ese miedo a lo desconocido que tanto engancha a los amantes de las dos ruedas. 

Tras nuestro juego, por el asfalto como testigo, llegamos al fin del gran dique con la sensación de haber subido a la montaña rusa, volando sobre las aguas sin apenas habernos separado apenas unos metros sobre el nivel del mar. Ha sido como circular por encima de una presa, pero a lo bestia.¡señores!¡que presa!, nada menos, que la que contiene el ímpetu del Mar del Norte. Aprovechamos la ocasión, para hacer una parada técnica y echar fotos como fiel testimonio de nuestra gesta.






Reemprendemos la marcha y cruzamos como una exhalación por Leeuwarden, el dique a nuestra izquierda y las islas artificiales a nuestra derecha han desaparecido y volvemos al rutinario asfalto, cogiendo la A-31, a la espera de cruzar la frontera alemana, ya va quedando menos para rodar por otro país. Al poco de coger esta carretera volvemos a observar ingentes escuadrones de motos, que se dirigen hacia el MotoGP Assen, no es para menos ya que estamos verdaderamente cerca. Sin embargo, aunque es tentador ver un espectáculo así fuera de nuestro país, la ausencia de entrada, y sobretodo de tiempo, hacen que tengamos que dejar atrás una vez más nuestros deseos y cumplir con la obligación de la consecución de nuestro objetivo, la vuelta a Europa en moto. Con gran pesar sobrepasamos Groningen, y casi sin darnos cuenta completamos los casi 70 kms que nos separan de Leeuwarden. A pesar de la distancia, tenemos todavía el recuerdo de nuestro paso por el dique bien fresco. Incluso M Carmen esta entusiasmada, aunque recelosa por el tiempo, sobretodo pensando en la carretera del Atlántico en Noruega. Es lógico pensar que por aquellos lares, no tendremos la protección de un dique que nos parapete del viento y de las olas, y eso la tiene algo preocupada. Pero todavía queda mucho para eso. Pasada la capital de la región, es decir, Groningen, nos quedan aproximadamente 55 kms para llegar a la frontera alemana, nos pasa que el Falco Stradale (sin indicador de nivel de gasolina, ni reserva) nos va pidiendo un repostaje.

- Rafa, ¿no nos toca ya repostar? - Me pregunta mi novia.
- Si, pero vamos a esperar a cruzar la frontera alemana, la gasolina está más barata - Le respondo mientras sorteamos un coche.
- ¿Seguro que llegamos? - Insiste con un tono más preocupado.
- Tranquila la moto aguantará - Le respondo con seguridad.

Estos pequeños detalles económicos son interesantes tenerlos en cuenta, sobre todo cuando la autonomía de tu moto te lo permite y tienes que atravesar varias fronteras, ahorrarse unos euros en repostar puede ser importante. Cuando estuvimos haciendo el presupuesto, me acuerdo que era importante conocer el precio de la gasolina allá donde vayamos. El ranking de los que recorreremos lo encabeza: Noruega, le sigue Italia, Dinamarca y Holanda. Así que, ya que vamos a estar 2 días en Alemania, lo mejor será esperar, para pasar de pagar 1,65 €/litro a 1,5€/litro. Proseguimos nuestro camino hasta la frontera alemana, la expectación va creciendo. Vamos a cruzar nuestra cuarta frontera y nuestro quinto país. Como siempre, lo malo de la supresión de fronteras es que no acabamos de ver el final de Holanda y el principio de Alemania. Finalmente, conseguimos llegar al país teutón y hacer la foto con cierta seguridad para nosotros. Kilómetros antes de la frontera tenemos la oportunidad de fotografiar la última curiosidad de Holanda, un país que sin duda nos ha maravillado.





Una vez en Alemania, una emergencia se hace necesaria. Hay que repostar lo antes posible, el Falco Stradale llega exiguo de combustible y ya no se puede jugar por más tiempo a la ruleta rusa, o mejor dicho alemana. Llegamos a una pequeña localidad Bunde. Pequeña villa alemana, pero con encanto. Aprovechamos nuestra parada para ir al servicio. Dar de beber a la moto es la prioridad. Por supuesto, mi novia me asiste a todo y juntos repostamos, a continuación me encargo de pagar repostaje y la bebida caliente.

- Ya estaba deseando tomar algo caliente, que gusto da un buen café -  Me dice mi novia aliviada.
- Eres la prima de Juan Valdés -  Le digo de manera burlona, mientras me bebo otro.

La verdad es que, aunque no lo quiera reconocer, hacer un alto en el camino viene estupendamente para recuperar fuerzas, estirar piernas y prepararse para los kms venideros. Todavía nos queda atravesar media Alemania hasta Hamburgo, unos 300 kms aproximadamente. Así deberemos repetir este repostaje, pero antes de marchar, observamos una casa cercana a la gasolinera con una orgullosa bandera alemana en un mástil. A mi novia le parece interesante reflejar nuestro cambio de país de esta manera. 

                        

Reemprendemos el rumbo hacia Hamburgo, pero antes de llegar, a medio camino, y coincidiendo con nuestro nuevo repostaje, queremos hacer una parada en Bremen. Ciudad famosa por ser la ciudad natal de los autores de los trotamúsicos, los hermanos Grimm ¿Os acordáis de la famosa serie del burro, perro, gato y el gallo?Nuevamente, volvemos a improvisar y con el permiso que da la hora de entrada en el hotel, vamos en busca de algo que podría ser interesante y nos pilla de camino en nuestra ruta. Próximo destino: Bremen.

Cogemos la carretera E-22. De momento, ni rastro de las famosas autobahn alemanas, pero si es cierto que desde que hemos pisado tierras germanas he observado un cambio curioso en el entorno. Si bien hasta llegar aquí, el parque automovilístico era variado, por ejemplo, en Francia se veían muchos Renault, Peugeot, o Citroën alternandose con japoneses y coreanos, muy parecido a nuestro país. Lo mismo se daba en el Benelux, pero lo que sucede en Alemania es increíble, llevo más de una hora circulando por este gran país y no he visto ningún coche que no sea alemán. Pero las motos también son germanas. Parece que aquí nadie conoce otras marcas que no sean Audi, BMW, Opel, Mercedes, etc. es increíble. Me cuesta bastante adivinar entre el tráfico un coche que no sea germano, en el horizonte veo un Toyota blanco, ciertamente ha sido como buscar un unicornio. En definitiva, los alemanes quieren a sus marcas más que un hijo y sin duda, les produce extrañeza el que una moto negra irrumpa en sus dominios,¿es japonesa?¿italiana?¿alemana?¿que demonios es?. Entre estas preguntas y reflexiones, seguimos avanzando en el Falco Stradale rumbo a Bremen. Desde luego, la calidad de las carreteras alemanas nos hace avanzar con diligencia, nada tienen que envidiar nuestras carreteras a estas, la verdad, pero ciertamente son mejores y tienen un mejor mantenimiento, al menos aparentemente. De momento, nuestra marcha se desarrolla con el beneplácito del tiempo, lo cual ya es una novedad. A donde quiera que miramos no observamos muchas diferencias en el paisaje si lo comparamos con el norte de Holanda, muchos prados, vacas, pequeñas poblaciones, que invitan a perderse en ellas y aerogeneradores allá a donde la vista no alcanza. Desde luego, no hemos sido los únicos que se han puesto las pilas con las renovables. La perfección de las carreteras germanas hace que cubramos los 200 kms que nos restan hasta Bremen, con una facilidad inusitada, tanto que parece insultante al desafío que estamos emprendiendo. Al fin llegamos al esperado Bremen, pero, ¿donde están los trotamúsicos?

De momento, decidimos que nuestro GPS, nos guíe hasta el centro de la ciudad y luego ya iremos viendo, mientras disfrutaremos de lo que esta urbe tiene que ofrecernos. Es curioso, pero desde unas etapas hasta aquí, hemos visto algunos fallos intermitentes en nuestro GPS Tomtom Rider, problemas relacionados con la carga del dispositivo. Menos mal que tengo una toma de corriente delantera y con una maña de mi novia, el GPS sigue funcionando a trompicones, la verdad. Con la esperanza de que no sea nada, seguimos circulando por esta ciudad, que al igual que Brujas parece sacada de un cuento de hadas, con cierto aire medieval, mezclado con la modernidad algo vetusta de los cables del tranvía. Según vamos acercándonos al centro, vamos viendo como el tranvía y trolebus ganan terreno a coches o bicicletas, no tan numerosas como en Holanda. Yo mientras, me enfrento al desafío de circular por Bremen sin caerme por acción de los resbaladizos raíles del tranvía. Tras unos 20 minutos de lucha contra el tráfico llegamos a una zona del centro de Bremen que es peatonal y que nos impide el paso. 

- Rafa, para, es una zona peatonal, no podemos pasar - Me advierte mi novia 
- No hemos llegado hasta aquí, para quedarnos a las puertas de ver el centro histórico de Bremen y quedarnos sin ver los trotamúsicos - Le respondo rotundo, tozudamente.  
- Bueno, nos hemos colado otras veces y no nos han dicho nada, probemos suerte - Me dice un poco resignada a la aventura que se avecina.

Con la cara que nos ha caracterizado hasta ahora en nuestro viaje, decidimos arriesgarnos y cruzar a lomos de nuestro Falco Stradale, obviamente a velocidad no superior a 20 km/h. Nos desplazamos con cierta torpeza, y aunque lo intento, no podemos escapar a las miradas de cientos de curiosos que ven como una moto sobrecargada se abre paso entre el gentío con destino desconocido. Sorteando gente llegamos a una gran plaza que resulta ser la:  Martkplatz 
Justo en este punto nuestro GPS nos indica que estamos en el Centro de Bremen. Bueno, es el momento de remangarse y ponerse a buscar la famosa estatua de los músicos de Bremen. Mientras intento encontrar una ayuda que se me resiste porque nadie habla ingles y yo no hablo alemán, M Carmen toma reseña de esta bellísima ciudad, íbamos buscando a los músicos, pero por casualidad y sin querer, en el camino hemos encontrado un Bremen medieval digno de un cuento, al estilo de Brujas. Ante nosotros se erige, sobre un machacón suelo de adoquines, la grandiosidad de la catedral de Bremen, sinceramente, por unos segundos, nos quedamos sin palabras. 






                         

                              

                         
En dicha plaza, además de la catedral, podemos disfrutar del Rathaus (ayuntamiento) de la ciudad y de la sede de la Cámara de Comercio. Decidimos hacer un alto en nuestra búsqueda e invertir un poco de tiempo en hacernos fotos de este singular lugar. 

                             

                           

Aunque he de decir, que las hacemos con cierta cautela, nos hemos saltado la prohibición de circular con vehículo a motor por estas calles peatonales y nos estropearía bastante la aventura un encontronazo con el brazo de la ley. Mientas estamos ojo avizor una persona se para a charlar con nosotros.

- ¿De que país sois? - Me pregunta un viandante desconocido que nos aborda en plena sesión de fotos.
- De España - Le respondo, obviamente en ingles.
- De España, estuve en Madrid el verano pasado, ¡oh! ¡qué alegría! - exclama - "Deberíais quedaros está noche en la ciudad, la iluminación del lugar es muy bonita, os encantará" - Me asegura con rotundidad el hombre
- "Por desgracia, no podemos, debemos continuar con nuestro viaje. Estamos dando la vuelta a Europa en moto y nuestra etapa de hoy termina en Hamburgo" - Le respondo, con cierto pesar y curiosidad por confirmar lo que nos dice.
- "Bremen, es más bonita que Hamburgo" - Se despide de nosotros con una sonrisa y con el deseo de que cambiemos de opinión y nos quedemos en su ciudad.

Aunque, no es nuestra intención contradecirle, la cuestión es que cambiar de planes a esta hora supondrá 100 kms más para la dura etapa del día de mañana con destino Hirtshals. Eso sin contar con la penalización por cancelar la reserva, por supuesto.

En fin, es hora de ponerse a buscar la famosa estatua de los músicos de Bremen, sabemos que esta aquí, pero no sabemos donde. Nos ponemos manos a la obra, y nos vamos recorriendo la plaza, con extremo cuidado de los raíles, preguntando a los transeúntes. Tras unos minutos de ardua búsqueda, conseguimos localizar a dos señoras que corrigen nuestro rumbo y nos dicen que la estatua es muy pequeña y que no es para tanto, aun así decidimos verla por nosotros mismos. Ponemos nuevo rumbo hacia una de la alas de la catedral de Bremen donde se supone que encontraremos nuestros a los trotamúsicos. Cinco minutos después llegamos a nuestro destino, por fin, encontramos la mencionada estatua. Ante nosotros, una estatua de bronce de los famosos cuatro animales. Inmediatamente viene a mi mente la historia que se narra en el cuento de los Hermanos Grimm: 

Un burro, un perro, un gato y un gallo, que vivían en el poblado de Dibbsersen, en la Baja Sajonia de Alemania, cuyos dueños habían decidido sacríficarles, porque consideraban que, por su vejez, éstos solo consumían comida y ya no les eran útiles para el servicio doméstico. Los animales se encontraban después de que cada uno, en forma independiente, hubieran huido de la casa de sus respectivos dueños. Al conocerse, deciden iniciar un viaje con destino a la ciudad de Bremen, conocida por su simpatía hacia los extranjeros (doy fe de ello). En su camino hacia Bremen, estos exiliados llegan a anochecer a una choza en la están pernoctando unos bandidos. Con el objetivo de amedrentarlos para ocupar ellos la vivienda, forman una figura con sus cuerpos, uno encima del otro, lo que hace huir a los bandidos. Figura que ha quedado inmortalizada en esta estatua. 



Cuenta la leyenda que si de un salto eres capaz de tocar el pico del gallo, tu deseo se hará realidad. Hago, por supuesto, el intento de saber hasta donde puedo llegar de un salto y lo único que logro es tocarle las patas al gato, desde luego no es nada fácil, ya que además de la consabida altura de la estatua hay que sumarle la altura del pedestal de la misma de un metro y medio aproximadamente. Quizá por esta dificultad ocurre que el morro del burro tiene una tonalidad dorada por el desgaste del bronce, de la cantidad de viajeros que no se han dado la oportunidad de conseguir el reto. En fin, supongo que mi deseo de un viaje bienaventurado no se verá afectado por no haber llegado al gallo. Tras hacernos unas fotos ante el sorprendido gentío, cogemos nuestro Falco Stradale y ponemos rumbo a las afueras de la ciudad para el último repostaje de la jornada. Tras él solo nos restan unos 100 kms para llegar a nuestro destino, nuestra etapa, que se alarga por momentos, nos ha reportado momentos inolvidables. Mientras reflexionamos y comentamos la jornada, mi novia y yo nos vemos sorprendidos por un potentísimo flash que nos ciega por completo durante unos segundos.

- ¡Que ha sido eso! casi me quedo ciega - Exclama mi novia.
- Habrá sido un radar de velocidad - Intuyo.
- Pero, por delante, ¿no son por detrás?,¿a que velocidad ibas? - pregunta con una perplejidad compartida.
- A no más de 60 km/h, no se que ha podido pasar. A lo mejor la zona era de 40, no recuerdo. Bueno es posible, que en Alemania, los radares hagan la foto por delante - Contesto intentando explicar la situación a M Carmen.
- Jajajajajja, pues entonces se van a quedar con las ganas, las motos no tienen matrícula delantera - Exclama con sorna ante la hipotética sanción.

Nos vamos de allí, sin saber muy bien que o quien nos ha flasheado, si ha sido un radar, un coche o un OVNI. Continuamos con cierto miedo en el cuerpo por una hipotética sanción, pero si el flash ha sido por delante y por ende la foto, lo único que tendrán las autoridades será una bonita instantánea del Falco Stradale cruzando su país en busca de completar la vuelta a Europa en moto, honestamente, espero que la guarden de recuerdo. Superado el susto nos dirigimos a una gasolinera para el trámite del repostaje, tras el cual nos preparamos psicológicamente para los últimos 100 kms de esta larga etapa, para ello cogemos la A-1. Son casi, las 18:00 y tenemos ganas de llegar a nuestro destino, cuanto antes para descansar.

Durante el último periplo de nuestra etapa, interrumpo el silencio de nuestros intercomunicadores para decir:

-¡¡¡M Carmen llevamos 3000 kms de aventura!!!!- Grito con estruendo.

De repente, como dos tontos empezamos a gritar de júbilo, sin saber que nos quedaran muchos momentos como ese, en concreto, trece o catorce más, si todo sale bien. Pero nos da igual, la ilusión guía nuestros espíritus aventureros y continuamos avanzando siendo cada vez más conscientes que, a cada km que nos alejamos de España, veremos más y más diferencias con nuestro país, pero de eso se trata este viaje, ¿no?. Digamos en cierta forma que vamos creyendo poco a poco, en que podemos completar esta gesta de dar la vuelta a Europa en moto. Desconozco si son las ganas de llegar, las buenas carreteras, el hipnótico movimiento del tráfico alemán con su defensa a ultranza de sus marcas, lo cierto es que llegamos a Hamburgo, la segunda ciudad en importancia de Alemania en un abrir y cerrar de acelerador. 



Esa importancia, viene dada porque el puerto marítimo de Hamburgo es uno de los de mayor tráfico de contenedores del mundo, fue fundado en 1189 y en sus aguas desemboca el rio Elba. A nuestra llegada a Hamburgo, cercana a las 19:30 se abre ante nosotros una ciudad un poco oscura, con ciertos cortes de clasismo en su arquitectura, con cierto sabor añejo. Menos mal que nuestro GPS mantiene nuestro rumbo estable en esta jungla de cristal, nosotros mientras vamos observando lo que esta ciudad nos ofrece. Vamos viendo como el tráfico aumenta ostensiblemente y es más difícil moverse entre carriles, nuevamente nos enfrentamos a los depredadores de cuatro ruedas. A pesar de lo que está frase pueda insinuar, en Hamburgo vivimos, entre semáforo y semáforo alguna que otra anécdota curiosa. Por ejemplo, muchos coches nos pitan y nos saludan para que los grabe con mi GoPro montada en mi casco, supongo que eso combinado con la bandera de España que adorna nuestra moto, hace que la gente saque a relucir su desparpajo. Algunos incluso a nuestro paso gritan "Ole", me parece ciertamente estereotipado, pero gracioso que en estas latitudes llegue el calor de nuestro país a estas gentes.

- Imaginaba a los alemanes mas fríos la verdad, cuanta hospitalidad, pero con esa cámara, no me extraña, eres un semáforo andante y todo el mundo quiere salir en la TV  - Dice con risa entrecortada.
- Pues para que veas que nos tienen más aprecio a nosotros que nosotros (los españoles) a ellos"  - Le contesto con rigor. 

Tras el paso por la zona más urbana o céntrica de la ciudad, peatonal, y en la que volvemos a colarnos, el GPS nos va llevando a una zona más industrial. Un lugar sombrío, donde abundan los polígonos y donde desaparece cualquier signo de vida o jolgorio. De pronto, la ciudad ha cambiado por completo, nos sentimos como Hansel y Gretel adentrándose en el oscuro bosque.

-¿Donde esta el hotel?¿Seguro que es por aquí?, donde nos estamos metiendo...  - Empieza a murmurar M Carmen con cierta preocupación.

- Si es por aquí, de momento el GPS nos esta guiando bien, para variar, la verdad, no sabía que el hotel estaba tan apartado - respondo mientras intento orientarme entre las grises calle.

De repente, a nuestra derecha, surge un edificio con aspecto de antigua nave, que resulta ser el ansiado y esperado hotel: Eulenkrug. Al fin hemos llegado. Encima para nuestra alegría, el edificio tiene soportales y podemos parapetar nuestra montura de los elementos. Si no me falla la memoria, hasta ahora hemos tenido mucha suerte en este aspecto y el Falco Stradale ha dormido siempre cubierto. Paramos nuestra moto y ante unas amenazantes nubes, nos ponemos a descargar nuestro equipaje por enésima vez. Después de hacerlo, cojo unas pocas cosas para aligerar la carga de mi novia y me dispongo a hacer el check-in en la pequeña recepción que me saluda.

Al entrar, observo un hotel bastante vetusto, con cierto olor a rancio, o mejor dicho a tabaco y a sudor. Más que un hotel, parece una fabrica que acababa de terminar el turno. Hay un trasiego de gente increíble, por los estrechos pasillos, a pesar de que no se vea gran actividad en el exterior. Me pongo a hablar con el recepcionista, que resultar ser un germano-turco que no habla muy bien ingles la verdad. A pesar de todo, consigo comunicarme con él y consigo que me de la llave de la habitación, no sin dificultad. Por si fuera poco, el WIFI hay que contratarlo aparte y cuesta 8 € más. A pesar de la clavada, decido aceptar, para poder hacer alguna crónica, mandar fotos, y contestar mensajes. Bueno, pues allá voy, cargado con lo que he podido portar del equipaje y las llaves. Me toca subir a un segundo, por pasillos estrechos y laberínticos, tanto es así que me pierdo y cambio de ala del edificio, o al menos eso creo, porque el orden de las habitaciones no guarda lógica ninguna, y tampoco ayuda el que la forma de la planta del edificio se parezca más a un venganza del Tetris que a otra cosa, con multitud de entreplantas y descansillos que no llevan a ninguna parte. Finalmente llego a la habitación y abro la puerta.

Sinceramente, estoy tan cansado de portar tanto peso en la busqueda de "la habitación perdida" que ni siquiera reparo en su aspecto, solo dejo la cosas, reposo mis huesos fatigados durante un breve instante, y acudo raudo a ayudar a mi novia con el resto de nuestras pertenencias. La pobre, que se ha quedado esperando bajo los soportales del hotel, a estas horas ya debe de hablar turco por lo menos.

- ¿Donde estabas?¿Porque has tardado tanto? Seguro que has estado enrollandote a hablar con la recepcionista. - Me pregunta, ciertamente airada.
- Si claro, toda una belleza, ahora la veras, jejeje - Le contesto burlón. Me he perdido en el hotel, espero recordar el camino de vuelta a la habitación, he dejado ya alguna de nuestras cosas.
- ¡Madre mía!la que nos espera - Exclama mientras me carga con una última remesa de cosas y emboca la entrada de nuestro hotel.

Desconozco como pero fui capaz de llegar y guiar a mi novia hasta la habitación a la primera, cosa rara en mi, la verdad. Va a resultar que no era tan difícil llegar después de todo, a nuestra llegada ya si me da tiempo a observar nuestra habitación y tengo que reconocer que ninguno de los dos pudo salir del estado de shock en el que nos sumergimos en los primeros minutos de estancia. En primer lugar, había un gran espacio destinado a un escritorio con sillas y un gran armario, lo extraño de todo, era que había cuatro camas de matrimonio. M Carmen y yo nos miramos sin saber muy bien que decir. Ya estabamos acostumbrados a habitaciones cutres pero esta se llevaba la palma. 
- ¿Para que cuatro camas de matrimonio?, si sólo somos dos - Pensé inquieto. 

La habitación tenia cierto aire años 80, pero no el de la movida madrileña, años 80 de la antigua RDA. Todo era antiguo y estaba algo sucio, las camas tenían un colchón malísimo, las paredes decoradas con papel pintado y las vistas, las vistas daban a un matadero. Por un momento, en nosotros, se instaló el pensamiento de que esta habitación fue, en el pasado, una sala de interrogatorio de la GESTAPO, donde torturaban a la gente en la época de la Guerra Fría. Por esa regla de tres, creo que también dedujimos que el matadero sería la excusa perfecta para deshacerse de los cadáveres. Mientras pensábamos eso, no dejábamos de mirar a esas cuatro camas, que seguían inquietándonos.  "¿Para que cuatro camas?¿Estamos solos?" - cierto aire de misterio se coló en nuestra mente y mientras nos hacíamos estas preguntas, atormentando nuestra alma, al igual que el increíble silencio de la estancia.

- Bueno, a ver si luego va a venir más gente - Pregunto retóricamente al aire en busca de una lógica explicación.
- Bueno, yo me voy a llevar la llave y como aparezca alguien en mi habitación se va a enterar - Dice M Carmen para romper la tensión y el silencio del momento. Nos echamos unas risas y nos preparamos para salir a ver un poco de Hamburgo, que, por extraño que parezca es otra de las ciudades apodadas como "La Venecia del Norte", junto con Brujas, Amsterdam y Estocolmo, esta última, por desgracia, no podremos visitarla en esta aventura. 

Emprendemos la marcha con decisión, son ya las 20:00 y la verdad es que tenemos un hambre atroz tras una larga jornada sobre la moto. Así que tomamos doble ración de moto y nos embarcamos en la aventura de descubrir Hamburgo. La ciudad germana va poco a poco mostradose ante nosotros, con cierto aires góticos que se mezcla con la modernidad de la segunda ciudad en importancia de este país. Rascacielos se funden en el entorno con catedrales de corte clásico y viviendas de clase media de diseño estándar. Mi primera sensación sobre Hamburgo es que es una ciudad algo oscura, a lo que sin duda ayuda el creciente ocaso que se cierne sobre nosotros. 

- Esta ciudad me recuerda a Gothan - Afirmo con rotundidad mientras me deleito con el paisaje adornado por las farolas que va tornándose en nocturno.
- ¿A qué? - Pregunta sorprendida.
- A la ciudad que sale en Batman - Le contesto.
- Estas como una cabra, ¿eh?, vamos a buscar algún restaurante, ¿no? - Solicita mi novia con la urgencia del hambre.
- Es verdad, me apetece probar las famosas bratwurst
- Y a mi la cerveza, jejeje - Me dice M Carmen.

Buscamos en el movil un lugar donde sirvan las famosas salchichas alemanas y ponemos su dirección en el GPS. Mientras el aparato se posiciona y me va cantando la ruta, grabo algunas escenas del tráfico de la urbe y M Carmen aprovecha para hacer algunas fotos. Algo que, evidentemente llama la atención de los transeuntes, que curiosos nos miran desde la acera, desde sus coches, etc. Es precisamente, desde uno de ellos, un señor mayor se pica con nosotros y nos reta a echar una carrerita con su viejo carro de por lo menos 30 años de antiguedad, desconozco la marca, contra mi Falco Stradale, desde un semáforo a semáforo. 



Por desgracia, pierdo la competencia, pero por lo menos le arranco una sonrisa, no es el único, ya que mi novia hace tiempo que esta partiéndose la caja con estos momentos, tan propios de Mr. Bean. Momentos, en los que no se cruza ninguna palabra, pero el lenguaje gestual es lo suficientemente rico como para comprender la realidad del momento. Además se muestra sorprendida ante la hospitalidad alemana.

Con esta divertida anécdota, llegamos hasta el restaurante, que se encuentra dentro del distrito financiero de Hamburgo, pero nos sorprende verlo carente de actividad y con casi todos los establecimientos cerrados, aún siendo no más de las 21:00. Llegamos al restaurante y vacío. ¿A donde se han ido los alemanes?, no hay nadie - Pienso. Con cierta timidez, entramos en el local y hablamos con el camarero, adivinad, es turco también. Le preguntamos si podemos pedir y nos dice que si, a pesar de que estaban a punto de cerrar, así que no perdemos ni un momento, nos acomodamos, tenemos todo el restaurante para nosotros y nos disponemos a disfrutar de primera cena en el extranjero. Es posible que, esta no sea la mejor y más saludable manera de cenar que haya, pero después de todo lo que hemos pasado, no esta de más darnos algún homenaje para subir la moral del equipo. Aquí os dejamos algunas fotos del momento, que creo que hablarán mejor que yo de lo acontecido.
El tema de conversación, a parte de la carrera tipo "Fast and Furious" con el coche de 30 años, fue la excesiva cutrez de la habitación. Yo me defendí diciendo que era la más económica (55€) y que tenía un 6,2 según la web de reservas hoteleras: booking.com. Mi novia, no le dió mucha importancia, conmigo esta a salvo de cualquier espanto. Durante la cena y entre risas recordamos otras habitaciones infames como esa de Paris, con humedades, colchones de esponja, agua fría, vistas a un muro, en un distrito más parecido a Tanger que a la ciudad de la luz, con un 6,5 de nota en la misma página, he de decir. O por ejemplo, esa habitación del Hotel Santa Rosalia, nunca olvidaremos ese nombre, con calificación de 7, de la misma época que narra "Cuentame", con esas cortinas, esos visillos, esos interruptores, ese espejo... ¡madre mía! menudas risas nos echamos recordando aquello. Aunque la reserva de habitaciones, fue iniciativa mía, siempre conté con el consenso de M Carmen, que me hacía huir de lo excesivamente barato y todo lo que tuviera baño compartido, lo verdad es que con Hamburgo me equivocado de pleno. Pero no importa, estos detalles aunque jocosos siempre nos han parecido nimios. En nuestros viajes siempre hemos preferido descubrir el lugar que visitamos a encerrarnos en cuatro paredes con un todo incluido. No todo el mundo viaja de la misma manera y en las mismas circunstancias, pero al menos puedo decir que mi novia y yo coincidimos en nuestra manera de entender los viajes y la aventura. 





Tras la merecida cena, que concluimos algo apresuradamente, por culpa del insistente camarero, ponemos rumbo a nuestro hotel con cierto sabor agridulce, y no por la comida, que le vamos a hacer!. Momento dulce, sin duda, el de la cena, merecida recompensa para una etapa que quizá debió terminar en Bremen, tal y como nos dijo aquel amable desconocido. Momento agrio, el hecho de que apenas hemos visto nada de, "Gothan" quiero decir, de Hamburgo, salvo calles desiertas y camareros ansiosos, pero especialmente hoy necesitamos descansar bien para mañana. Porque mañana tenemos que cruzar el norte de Alemania y Dinamarca entera para llegar a tiempo de coger el ferry con destino a Kristiansand (Noruega) ya en la península escandinava, siguiente fase de nuestra aventura. No sabemos lo que nos deparará el mañana, nosotros de momento, dormiremos con la GESTAPO.