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martes, 3 de mayo de 2016

PRÓLOGO: DONDE LA TIERRA TERMINA EL MAR COMIENZA

PALOMARES DEL RÍO-LA GARROVILLA-CABO DA ROCA


Distancia total ruta: 534 kms
Tiempo total: 6 horas

Ciudades visitadas: 5
Paradas: 3
Consumo medio:  5,8 l/100


Es una soleada mañana de lunes, en la que todo el mundo disfruta del pase del festivo del 1 mayo (que era domingo) al principio de la semana yo me alzo de la cama con el firme propósito de reunirme con mi novia en su pueblo, La Garrovilla, para iniciar el prólogo de nuestra nueva aventura en moto: Carreteras Legendarias-Ruta 66. Al igual que aquellos madrileños que se alzaron contra la tirania de Napoleón el 2 de Mayo de hace 208 años, yo me propongo desafiar a los elementos, y sobretodo al tiempo para conseguir alcanzar tierras extremeñas y lusas en un sólo día. El día 3 entro irremisiblemente a trabajar, y aunque mi novia no me acompañará de regreso a Sevilla, me hace ilusión iniciar este loco prólogo contrarreloj en tan señalada fecha histórica y tan sólo a un mes del cumpleaños de M Carmen, el inicio de nuestra singladura por América.

Aunque por desgracia estoy sólo, me dirijo a Sevilla, a la Plaza de Cuba para iniciar el prólogo de mi aventura. Al igual que hace tres años en Euro-Diversion 2013, puede que me venga bien un poco de la buena fortuna que acompañó a los primeros que dieron la vuelta al mundo en barco, los cuales partieron de Sevilla en 1519: Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Había quedado con algunos amigos del motoclub Burguillos y con todo aquel que deseará acompañarme en estos primeros kms en solitario hasta reunirme con M Carmen. Por desgracia, no encuentro a nadie, supongo que en un puente lo que la gente planea es descansar u otro tipo de cosas muy diferente a las mismas. Eso no enturbia para nada el mágico momento de encontrarme ante ese enorme orbe, que aunque olvidado en una esquina, sirve de pasarela a la increíble Torre del Oro y la Giralda, las cuales me dan la bienvenida a la capital andaluza.

Cuando aparco la moto, suena el móvil con insistencia, lo cojo rapidamente, pensando que era mi novia, pero nada más lejos. Resulta que es Miguel Romero, un amigo motero que conocí en una charla de Miquel Silvestre en Todomoto (concesionario BMW Motorrad Sevilla), el cual ha visto mi mensaje en mi pérfil de facebook y ha decidido venir con su mujer desde Lebrija. Una emocionante sorpresa que me deja sin palabras. Sinceramente, no esperaba que se presentara nadie. Pero allí que esta él con su BMW RT1200 de color negro aparcada enfrente mía y mirandome, mientras ambos sostenemos el movil y una conversación que bien podría hacerse cara a cara.

- “Menos mal que has aparecido, ya creiamos que no te ibas a presentar” - me dice con profusa alegría Miguel, mientras me presenta a su mujer.

- “El primer sorprendido soy yo, no esperaba que nadie se presentara a esta cita, encima en día festivo, muchas gracias, me habeis dejado sin palabras” - le confieso con cierta emoción a Miguel.

- “Las gracias te las tenemos que dar a ti, nos has dado una excusa maravillosa para salir en moto juntos” me dice Miguel.

Tras pasarnos unos minutos charlando, en los cuales aprovecho para comentarles los pormenores de esta nueva aventura. Decido que, ya que han venido hasta aquí para verme desde Lebrija, nada más y nada menos, que menos que invitarles a una Coca-cola para alargar un poco este mágico y emocionante momento. Nos acercamos a un bar cercano y hablamos sobre mi proyecto de dar la Vuelta al Mundo en dos etapas, rodando por dos de las carreteras más legendarias del planeta. Este año: Ruta 66 (la cual cumple 90 años) y el año que viene la carretera transiberiana, la segunda carrretera más larga del mundo dentro de un país. Miguel se muestra muy interesado y no hace más que hacerme preguntas sobre como llevaré a cabo la gesta: Si llevaré mi moto o alquilaré una, de cuantos días dispongo para el viaje, si respetaré el trazado original de la Ruta 66, etc. Ante estas preguntas de alguien tan interesado y con la ilusión desbordando por sus ojos debo reconocer que me dejó perplejo ya que no esperaba, en absoluto, una charla motivadora a las 10:00 la verdad. Mientras hablamos me doy cuenta de que Miguel y su mujer citan cosas o detalles que tan sólo alguien que haya leído mi blog puede saber, lo cual me emociona sobremanera: “Alguien ha leído mi blog y le ha gustado”- pienso, mientras Miguel me recuerda los episodios más peligrosos de nuestro viaje por Europa. Lo cierto, es que por un momento, parece que el recuerda más detalles del viaje que realicé allá por el 2013, que yo mismo.

- ”Ten cuidado y no te vayas a quedar sin GPS, comprate algún mapa de carreteras como apoyo, no te vaya a pasar como en Riga” - me recuerda

Mientras reimos y tomamos un refresco en la barra del bar no dejo de pensar en que quizá no estaré haciendo las cosas tan mal como creía y que aunque sea a una pequeña escala (no me puedo comparar con otros trotamundos más famosos) estoy consiguiendo inspirar a otras personas, para salir de la llamada “zona de comfort” y descubrir el mundo de la mejor manera de viajar que se me ocurre: En moto.

- “Me he leído todos tus relatos, especialmente me he centrado en los que hablas de Italia, ya que este verano, voy a pasar por allí”-

- “En serio, ¿Vas a ir al Stelvio?” - le pregunto con renovado interes.

- “Por supuesto, voy a hacer la ruta de los Tercios españoles hacia lo que era antes Flandes” - me responde Miguel a continuación - “Comienzo mi aventura el 3 de Julio”.

- “Pues preparate, es un puerto de montaña de 24 kms con 46 curvas cerradísimas, un auténtico infierno” - Le advierto, aunque me parece a mi que Miguel es un hombre que sabe bien donde se mete. No como yo, que tan sólo vi unas bonitas fotos en internet y me creí que todo el monte es oregano, y que eso sería como subir a comprar el pan. En que líos me meto y sobretodo, en los líos que meto a mi novia en estas aventuras en moto. Fuera de bromas he de deciros que el Stelvio no es cosa de broma si se va cargado con equipaje y copiloto atrás, como yo, y con una humilde moto de 61 CV. Miguel me sigue hablando de su viaje con denotado entusiasmo llevando un poco el peso de la conversación, pero no me importa en absoluto. Es bonito ver que hay personas que como yo, desean salirse del guión establecido y vivir a su modo la aventura de la vida.

Al terminar nuestro refresco, nos abrochamos nuestras cazadoras y salimos a la calle presto a coger nuestra monturas.

“Rafa, vamos a acompañarte hasta El Ronquillo, que si no se nos va a hacer muy tarde y tenemos que volver con los crios" - me dice Miguel con cierto aire de pena.

“Nos gustaría acompañarte hasta Mérida al menos, así conocemos a tu novia, pero se nos va a hacer muy tarde y hay que volver a por los niños” - apostilla su mujer.

“¡Que va, por Dios!” ya me considero más que pagado con vuestra compañía y el hecho de que hayais venido” - les comento mientras me pongo el casco

Nuestra conversación se ve interrumpida por una voluntaria que nos ofrece comprar (por 5 euros) el boleto del sorteo de la Cruz Roja para el 21 de julio, el famoso sorteo del oro. Como la muchacha entró con tanto desparpajo y simpatía, no nos deja más opción que comprarle, gustosos, un boleto cada uno. No vaya a ser que la suerte este llamando a nuestra puerta y la estemos ignorando.

Tras la compra, nos enfundamos nuestros guantes, arrancamos nuestras BMW y nos disponemos a ir rumbo a Extremadura por carreteras secundarias, ignorando la presencia de la A-66, la famosa Autovía Ruta de la Plata. Bueno, para ser exactos, tras salir de Sevilla seguimos el curso de esta autovía siendo yo el lider de este reducido grupo de moteros. Aproximadamente a los 20 kms Miguel toma el testigo para guiarme (ya que tiene más experiencia) por carreteras menos civilizadas que la famosa autovía, para ello toma un desvío en La Algaba por la N-630 y continuamos la marcha. Una marcha de curvas sinuosas, pero amplias que dejan lugar al contemplamiento de los bonitos paisajes andaluces flanqueados de olivos hasta donde alcanza la vista. Las rectas también hacen acto de presencia pero a ritmo tranquilo, se disfruta mejor de todo lo que te rodea rodando en moto y parece que Miguel es de la misma idea que yo.

Parece mentira, que hace tan sólo hace unos instantes hemos salido de la bulliciosa Sevilla y ya parece que estoy en la meseta de la Portugal más profunda, rumbo al Cabo de Roca.

Después de la pasada fugaz por pueblos como Santiponce, La Algaba, Las Pajanosas y alguna que otra molesta glorieta, llegamos hasta una gasolinera a la entrada del pueblo de El Ronquillo, máxima distancia a la que las obligaciones y responsabilidades les permiten a mis dos queridos acompañantes.

-”Si vas a ir a Estados Unidos, llevate ropa motera de verano, la que llevas es muy buena, pero en mitad del desierto con eso te vas a asar” - me dice Miguel en un último, pero acertado consejo.

Cuando llega el momento del triste adios, nos damos toda la retaila de perfiles y contactos, via telefono, redes sociales, etc. para mantener la comunicación y nos hacemos una foto juntos para dar testimonio de este afortunado y emocionante encuentro. Algo me dice que esta no será la última vez que nos veamos. Sinceramente, me alegro de haber sido una excusa para salir de casa para estos dos apasionados moteros y yo también les debo el hecho de no haber comenzado esta singladura sólo. Su entusiasmo es mi gasolina para seguir adelante con los sueños mios y los de mi novia, de dar la vuelta al mundo en moto. Sin duda, Miguel y su mujer me han transmitido una energía tan positiva que creo que podría ya empezar con la aventura por America en moto yo sólo.





Pero antes de empezar esta gesta, debo de recoger en La Garrovilla (Badajoz) al otro componente del equipo Falco Stradale, imprescindible por cierto. La copilota, guía, fotografa y voz del sentido común (el menos común de los sentidos) de esta aventura, no es otra que mi novia M Carmen.

Miro mi reloj y veo que quizá me he entretenido demasiado con mis nuevos amigos, así que no queda otra que coger la A-66 y apretar el turbo para estar lo antes posible en este simpático pueblo extremeño. No en vano, M Carmen no me espera, y quiero darle una sorpresa, pero no debo de olvidar que el verdadero motivo de mi viaje es realizar el prólogo de mi primera etapa de la Vuelta al Mundo en moto, llegando a tiempo (es decir) antes de anochecer al Cabo da Roca, punto más occidental de la Europa continental y que espero que sirva como comienzo y fin (el año que viene) de la increíble gesta del equipo Falco Stradale.

Mientras, me dirijo a tierras extremeñas, pienso en las cosas que he realizado a lomos de una moto, conquistar 3 de los 4 puntos cardinales de nuestro continente, no es algo que este al alcance de cualquiera y más haciendolo con un presupuesto más que ajustado y con su pareja. Los kms que van cayendo con inusitada y rutinaria rapidez me parecen en esta ocasión especiales. Especiales, porque voy a comenzar con timidez lo que dentro de un mes será la gran aventura americana, ya que en el nuevo mundo no podré llevar mi moto por los altos costes que supone, los kms que estoy realizando en este prólogo son los únicos en los que el nuevo Falco Stradale tendrá cabida, por lo menos hasta el año 2017.

Esta nueva aventura se va a llamar Carreteras Legendarias: Ruta 66 y como su nombre indica en esta aventura recorreré de Este a Oeste los Estados Unidos de América. Haciendo dos periplos diferentes. En uno conectaré Nueva York, con Chicago, pasando por la vecina Canada y descubriendo una de sus ciudades más importantes: Toronto, para ello alquilaré una Honda Goldwing, una auténtica moto top en mundo de las motos ruteras para devorar kms de asfalto. En el otro periplo alquilaremos una Harley Davidson, como no, en Chicago y realizaremos la famosa Ruta 66, respetando al máximo el trazado histórico, a través de ocho Estados de este ingente país (tan grande como Europa entera). En concreto, pasaremos por: Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, aunque haremos algún desvío para poder visitar lugares tan importantes como Las Vegas (Nevada), Parque Nacional Gran Cañón (Arizona), Parque Nacional Valle de la Muerte, Yosemite, Sequoia (California) y la ciudad de San Francisco. Una mareante lista de lugares importantes que en un principio pueden parecer mareantes, pero que estoy seguro que M Carmen y yo podremos superar juntos, como siempre hemos hecho.

A una hora de llegar al pueblo recibo una llamada de mi novia que salta automáticamente en el intercomunicador de mi casco, es mi novia. Hasta ese momento, me había mantenido un poco ausente para no dar pistas de donde estaba ya que quería darle una sorpresa, pero a ella es muy difícil darsela. Inmediatamente comenzamos la conversación se da cuenta de que voy en moto, y a partir de ahí deducir que hago y a donde voy se convierte en una tarea más simple que sumar dos y dos.

-”¿Que vienes, para el pueblo?”- me pregunta sabiendo más que de sobra la respuesta.

-”Si” - le digo con timidez, como si decir otra cosa hubiera resultado a bordo de un vehículo con un sonido tan particular. En ese momento ella explota de alegría ya que no se lo esperaba.

-"¿Para cuando vienes?" - pregunta ella con insistencia.

-"En una hora estoy allí"



Tras un km algo aburridos, nada que ver con la minisalida con Miguel, llego a La Garrovilla con todo lo necesario para que M Carmen se suba presta a la moto, rumbo a tierras lusas. Ella esta un poco reacia y me mira como si estuviera de broma. Nada más lejos, tengo todo lo necesario para que se venga conmigo: casco, cazadora, pantalones, botas, camara de fotos...en definitiva que no se escapa.
Paso dentro del bar donde se encuentra, me tomo algo con sus amigos y nos vamos a su casa para que se cambie, cosa que hace en un tiempo record. Se la ve animada, pero con esa cara que te esta diciendo "tio estas como una cabra, un viaje a Portugal de un día...¿Hay necesidad?". A pesar de esos pensamientos, nos subimos en la moto y nos embarcamos por tierras lusas. Bajamos hasta Badajoz, haciendo 50 km y tras una titubeos pasamos a la frontera con Portugal, casi sin darnos cuenta. Decidimos coger autopista, las famosas vias verdes, que aunque pagando, nos permitirá bajar algo el tiempo de viaje.



Los km se suceden como las hojas de un calendario a bordo de mi BMW, la verdad es que no echo para nada de menos a mi querida Yamaha XJ Diversion. Esta alemana es comoda hasta decir basta y devora km con un hambre atroz, a M Carmen apenás la oigo por el intercomunicador así que significa que esta disfrutan como una reina del viaje, mucho más confortable que el que hicimos por Europa desde luego.

- "Rafa, si hubieramos tenido esta moto hace 3 años, como hubiera sido el viaje" - reflexiona en voz alta.

Hasta Lisboa el camino es fácil, todo recto, esta vez, para varias cogeremos el puente 25 abril, que dicen que se parece mucho al Golden Gate de San Francisco. La verdad es que razón no le falta a los que dicen tal cosa

Sin embargo, al llegar a la capital lusa con el sol casi en el ocaso y con un tráfico congestionado, tenemos que apearnos a un lado de la carretera para mirar en el movil de mi novia el trayecto hasta el Cabo da Roca. Primer contratiempo, sin GPS, volvemos a depender de la dichosa bolita del iPhone que tanto nos la lió por el Este de Europa. Afortunadamente, en Portugal estoy más tranquilo, la gente es más amable, comprenden en su mayoría el español y seguro qeu será fácil, pedir ayuda . M Carmen encuentra el rumbo y yo suspiro aliviado aunque no dejo de pensar que esta a punto de anochecer, que el cielo está despejado y que por enésima vez voy a perderme un atardecer perfecto en Portugal.

Intento hacer los km que nos restan con la mayor soltura, ni muy lento, ni muy rápido ya que de lo contrario la "bolita" se perdería. Tras muchos avatares, consigo vislumbrar en el horizonte una señal que indica el cabo da Roca y la sigo entre serpenteantes curvas con denso tráfico. Poco a poco según vamos ascendiendo el tráfico se disipa y el paisaje se vuelve más boscoso. A nuestra izquierda surgen los primeros barrancos y desfiladeros y a nuestra derecha casi acarician nuestro paso. Sin embargo, el horno no esta para bollos, la luz del sol se ha casi por completo, y no dejo de ver coches que descienden a toda prisa, es posible que hayamos llegado tarde el primer atardecer de nuestra aventura.

Tras unos km de incertidumbre conseguimos llegar a Azoia, un pequeñito pueblo portugues dotado de ese encanto tan particular de pueblecito costero que te hace trasladarte casi hasta tierras británicas. Por desgracia, el tiempo apremia y ni en Lisboa ni en Azoia hay tiempo para entretenerse con florituras, hemos de llegar a nuestro objetivo: El Cabo da Roca, el cual alcanzamos tras unos pocos km.

Al llegar al lugar el sol casi a desaparecido por completo, dejando una estela dorada y roja lindando entre mar y cielo que da al horizonte un color mágico. Aunque no hayamos visto el sol sumergirse en el Atlántico al menos no nos hemos perdido toda la función, ante nosotros el primer atardecer de nuestra aventura: Carreteras Legendarias.


Bajo un viento de justicia apto solo para valientes nosotros nos hacemos la foto en el monumento para dar constancia de la culminación del prólogo de nuestra Vuelta al Mundo en moto con pareja. Si todo sale bien espero poder volver aquí dentro de un año desde el lejano oriente al completar mi particular vuelta al mundo y espero y deseo que tu como lector también sigas nuestras venturas y desventuras por el mundo. De momento miramos al Atlántico desafiantes, dispuestos a cruzarlo para empezar nuestra primera etapa de nuestra aventura, cruzar de Este a Oeste Nortemérica y rodar por la nonagenaria carretera, quizá la más legendaria del globo para los moteros: La Ruta 66.








Como dice lo que reza en la placa del Cabo da Roca: "Aquí...donde la tierra termina el mar comienza".


UN MES DESPUÉS.....

El 1 Junio de 2016 comienza nuestra aventura Carreteras Legendarias-Ruta 66. Partimos desde Sevilla a las 05:00 que es cuando nos levantamos para hacer el último acopio de cosas y ponernos en marcha para coger el AVE con destino a Madrid. Nos lleva a la Estación de Santa Justa la hermana de M Carmen: Sandra. La verdad es que apenas me percato del inexistente tráfico de la ciudad hispalense a tan intempestivas horas, ando ensimismado mirando por la ventana abstraído. En mi mente, los nervios típicos del que va a salir de la zona de confort de su país en pos de la aventura en tierras americanas. Al final, tras tanta espera, preparativos, reservas, comunicaciones por email, he llegado el momento de cruzar el charco para acometer la primera etapa de nuestra vuelta al mundo en moto. M Carmen, aunque no lo quiere reconocer también está nerviosa, su silencio sepulcral la delata. Tanto es el "funeral" dentro del coche de Sandra que ella misma tiene que cortar el tenso silencio:

-"¿Pero qué os pasa?¿Que os vais a EEUU de vacaciones? - pregunta con estruendo
-"No se, tengo la impresión de que se nos olvida algo" - confiesa M Carmen, yo me dedico a asentir con la cabeza mientras pienso si habré hecho todo lo que está en mi mano para que todo salga perfecto. Supongo que son los nervios típicos ante la ingente aventura que vamos a acometer. A pesar de los intentos de Sandra no logró salir de ese estado de concentración y preocupación, y M Carmen tampoco.

Llegamos a una desierta Estación de Santa Justa sin problemas cerca de las 06:00. El AVE saldrá en 10 minutos, así que llega el momento de las despedidas. M Carmen y Sandra se funden en un fraternal abrazo, tras el cual Sandra le da a mi novia una bandera de España:

-"Llevatela, te traerá suerte"- dice ella con ilusión mientras me da dos besos de despedida. Mi novia la coge y se la guarda en la mochila.
-"Pero la quiero de vuelta,eh?" - dice ella mientras se ríe
-"Nos vemos dentro de 37 días" - dice M Carmen con cierta pena.
-"Pasadlo bien" - Nos grita en la lejanía mientras bajamos las escaleras.

Llegamos al tren, acomodamos nuestras ingentes maletas y nos sentamos en un plácido viaje de 2 horas y 45 minutos hacia Madrid. Tanto M Carmen y yo aprovechamos para dormir un poco, nos vendrá bien una vez lleguemos a la capital de España.


Una vez en Madrid cogemos rapidamente nuestras cosas y nos ponemos en marcha. Son casi las 09:00 de la mañana y hay que llegar a la T1 antes de las 11:35. Hora de salida de nuestro avión con destino a Nueva York. Llegamos con Cercanias hasta Nuevos Ministerios y allí cambiamos a la Línea 8 de Metro. Todavía recuerdo un poco como funciona el transporte público desde mis tiempos trabajando en Madrid así que relativamente pronto llegamos al aeropuerto de Barajas-Adolfo Suarez. La app de United Airlines me informa del puesto de facturación, pero parece que lo han hecho a proposito: Nuestra puerta está en la otra punta del aeropuerto, toca andar, y mucho.

Tras recorrernos la longuitud del aeropuerto llegamos al puesto de facturación, algo desfondados. No en vano, vamos con nuestra vida de un mes a cuestas, tecnología, comida, ropa, ropa de moto, y eso pesa una barbaridad. Estamos algo cansados y nerviosos, supongo que hasta que no nos veamos dentro del avión será la tónica imperante, ahora toca los larguísimos trámites de facturación, control de seguridad, etc.

Pasamos la facturación, después de hacer una pequeña redistribución del equipaje, y el control de pasaportes sin problemas (Por supuesto con nuestra ESTA pagada y en regla). Nuevamente nos toca andar otro buen trecho hasta la puerta de embarque.

-"¡Pero bueno, ¿es que este aeropuerto no se va a acabar nunca?" - dice M Carmen extenuada

Al fin, llegamos a la puerta de embarque, M Carmen aprovecha para despedirse por telefono de la familia. Yo, por supuesto, de la mía, pero también tengo que hacer hueco para llamar a mi informático sobre la www.falcotradale.com para corregir algunos fallos y a mi tutor del trabajo de fin de Grado de Criminología. Me comenta que esta bien, pero que le faltan algunos flecos. Por desgracia, no me quedará más remedio que solucionarlo mientras viajamos por los Estados Unidos, por lo menos tengo un lapso de tiempo para relajarme ya que el plazo de envío del material vía email no comienza hasta el 13 Junio. Todo esto nos hace retrasarnos tanto que embarcamos los últimos y apenas me da tiempo a despedirme de mi amiga Chari, que trabaja en el aeropuerto. Con los deberes hechos embarcamos en nuestro avión y ya por fin, puedo resoplar aliviado. Hemos llegamos a tiempo, por fin, nos esperan unas ocho horas de trayecto transoceanico.

Tras el despegue nos ponen el almuerzo, bastante bien dotado la verdad y M Carmen se dispone a echar un sueño, yo, sin embargo, me pongo a disfrutar del dispositivo multimedia del avión con gran variedad de peliculas, documentales y juegos, sospecho que mis 8 horas de viaje se van a hacer cortas.








EN NUEVA YORK...

Llegamos a la ciudad que nunca duerme sobre las 20:30 de la tarde hora española, aunque desde este lado del Atlántico apenas si hemos tocado la hora de comer, serán más o menos las 14:30. Aunque apenas el reloj ha corrido unas horas, lo cierto es que llevamos despiertos más de 15 horas. Es el temido jet-lag

- "¡¡¡¡ESTAMOS EN NUEVA YORK!!!!" - gritamos dos con gran jubilo. Pasadas unas escaleras nos encontramos con una de las realidades de este país: Una gran bandera estadounidense nos da la bienvenida a sus fronteras siendo testigo de nuestros primeros pasos por el aeropuerto de Newark.

Llega el tedioso trámite del control aduanero, no queda más remedio que guardar cola y esperar. Cuando llega nuestro turno paso el control sin problema, sin embargo, y no se porqué M Carmen no lo pasa, es sacada de la cola y metida en un cuarto junto con otros viajeros. Aquí la policía no es educada pero no muy cordial y no da ninguna explicación. No me queda más remedio que esperar, esos 20 minutos se volvieron para mi interminables, - "¿Qué le estará pasando?¿Y si le preguntan algo? Si no sabe inglés" - me pregunto, preocupado, mientras doy vueltas por la cinta de equipajes de un lado para otro, casi como si estuviera haciendo guardia.

Finalmente, vuelvo a encontrarme con ella para mi alivio

-"¿Qué te ha pasado?¿Qué te han preguntado?" - 
-"Nada, no me han preguntado nada, eso si me han echado una bronca terrible por jugar con el iPad" -

Cogemos nuestras cosas y nos disponemos a coger el tren de enlace del aeropuerto de Newark con Nueva York. Aunque algo lioso el sistema es simple. Primero se coge un monorail que da vueltas entre las terminales del aeropuerto, es gratuito. Nuestra parada es la D que está conectada con Newark Liberty Internacional, desde allí cogemos un tren de cercanias hasta la estación Penn Station en Manhattan, el viaje sale por unos 12,5$ por cabeza.



Hasta aquí todo va como la seda, lo malo es que en una bulliciosa Penn Station me pierdo y no cojo el tren de Cercanias hacia Jamaica Station, en su lugar nos metemos de lleno en el Metro de Nueva York. Y comienzan los problemas, aquí hay líneas llamadas por letras y números, algunos hacen todo el recorrido parando en todas las estaciones, otros directo entre dos de ellas y otros paran en determinados lugares, según el día de la semana, un caos para un neofito acostumbrado a un metro de Madrid que para en todas las estaciones. La tensión crece y no queda más remedio que detenerse para observar detenidamente un plano del metro de la ciudad que tiene M Carmen en su móvil.


Tras unos minutos nos aclaramos, cogemos el metro linea E hasta Jamaica Center. Pero seguimos con nuestros problemas. El metro nos deja sobre el nº80 de la calle y debemos ir hasta el 220 más o menos. No parecen muchos números, ¿no? craso error. Lo primero de lo que nos damos cuenta en Nueva York y EEUU es que aqui todo es grande. Y esos 140 números equivalen a mas de 3km de caminata. No parecería mucho si no fuera porque vamos cargados a tope. La primera víctima de este error de cálculo es la maleta de Rocío, hermana de mi novia, que practicamente se me deshace en las manos a pisar la superficie de Nueva York por primera vez. Gracias a una señora panameña muy amable que vendía mazorcas de maíz en un puesto callejero, cogemos un el autobus 20 que marcha recto por la Avenida Jamaica, para nuestro alivio, no perdemos rumbo. Nos montamos con gran revuelo de los ocupantes del bus, desde luego no se ve todos los días a un par de turistas cargados como unas mulas. De hecho, muchos nos preguntan si queremos ir al cercano aeropuerto JFK. Todo el mundo es muy amable y ofrece su ayuda desinteresadamente, uno de ellos es un señor de Puerto Rico que nos avisará cuando nos tengamos que bajar a menos de un km de nuestro destino, algo es algo.

Mientras viajamos, comentamos lo caro que es el transporte público en Nueva York y que para nuestra vuelta en Julio deberemos comprar un bono si no queremos arruinarnos. Más de dos dolares el bus y más de siete dolares el billete de metro, si no recuerdo mal. A nuestra bajada se ofrece un montón de gente a llevarnos en sus vehículos particulares, pero pasamos de esos taxis baratos, lo haremos a la antigua usanza, andando.

Finalmente llegamos a nuestro hotel a eso de las 19:00 de la tarde, hora de Nueva York, temprano, pero tarde. En España son las 01:00 y todavía nuestros cuerpos no se ha acostumbrado al cambio de continente ni de huso horario, el famoso jet-lag hace mella y decidimos dejar las maletas y descansar inmediatamente en nuestra cama. En este viaje tendremos que cambiar el horario 4 veces, sin duda un contraste con nuestra vuelta a Europa en moto, en el que lo tuvimos que hacer una sola vez (En Finlandia). En fin, pues después de una emocionante gymkana por dos países, dos continentes, dos metros, dos cercanias, dos tipos de policías.... hemos llegado a Nueva York y hemos llegado vivos a nuestro hotel, aunque debo reconocer que la Gran Manzana nos ha ganado este primer asalto. Pero esto no va a quedar así, prometo volver dentro de más o menos un mes para seguir dando guerra a los yankis.

Mañana será otra día, recogeremos nuestras cosas e iremos en busca de nuestra Honda Goldwing. Comenzaremos así oficialmente nuestra aventura por Norteamérica en moto. Comienza nuestra vuelta al mundo.













martes, 9 de diciembre de 2014

CAPÍTULO 20: ¿DONDE ESTA JOULUPUKKI?

ETAPA 20: KAUTOKEINO-ROVANIEMI 



Distancia total ruta:  522 kms

Tiempo total:   6 horas 35 minutos

Ciudades visitadas:   3

Paradas:  4

Consumo medio:   3,75 l/100    


Comienza un nuevo día en Euro-Diversion 2013, tras la conquista del día anterior, hoy parece que nos hemos levantado con la resaca de un sueño cumplido. Casi sin creérnoslo hemos llegado al punto más al Norte de Europa, y aunque estamos a más de 300 kms de allí, todavía nos sentimos en la cima del fin del mundo. Por desgracia, es hora de despertar, volver hacer las maletas, recogerlo, montarlo todo, y ponernos en marcha rumbo al Sur, de regreso a nuestro país. Bueno, en realidad ya hicimos el primer viaje al sur ayer, pero al volver a Kautokeino, me quedó la sensación de haber estado dos días sin moverme en esta ciudad y haber tenido un sueño la noche anterior con la llegada a Nordkapp. Sin embargo, todo es real, incluso esa sensación de bajón que me invade mientras desayunamos y me acompaña al guardar nuestras cosas. Aunque seguiremos descubriendo lugares de indudable belleza, poco a poco, km a km, estaremos más cerca de nuestra casa y, por ende, el viaje un poco más cerca de concluir. Aunque no reniegue de nuestro país, lo cierto es que estas tierras de Escandinavia nos ha enamorado. 

Hora ya pues de meternos en materia y descubrir más a fondo el tercer país de Escandinavia: Finlandia, en el que estaremos tres días. Anteriormente, fue testigo del paso fugaz de Suecia a Noruega, en nuestro camino hacia el Cabo Norte, pero ahora nos sumergiremos de lleno en el país de los 1000 lagos, el país de Timo y Jaa, lo cierto es que estoy impaciente.

Tras el desayuno, emprendemos de nuevo la marcha hacia el sur, hacia tierras finesas, desandando el camino que seguimos para llegar a Kautokeino. Es extraño, pero durante los primeros kms de la E-93 siento la familiaridad de un terreno de sobra conocido, una especie de deja vú que hace que estos compases iniciales de la etapa de hoy pasen sin mucho sobresalto. Sin embargo, estos 43 kms últimos por tierras noruegas dejan en mi un profundo sentimiento amargo. Y es que a cada minuto que pasa, a cada curva que trazamos, nos vamos acercando irremisiblemente hacia el final definitivo de nuestro periplo en Noruega. Después de 7 días abandonamos el país que tan gentilmente nos ha acogido, el país que por el momento, más nos ha impresionado, y aunque la aventura continua y todavía nos restan muchas cosas que descubrir, en mi corazón siento que algo de nosotros se queda en este país de belleza indómita en sus paisajes, de los profundos contrastes de sus fiordos, ríos, y bosques. En definitiva, un país en el que durante medio año no se pone el Sol, así como no se pondrá en nuestra memoria el recuerdo de tantos buenos momentos en estos intensos días. 

Con este pensamiento recurrente en mi mente, atravesamos la frontera simbólica entre Finlandia y Noruega, frontera que debería estar activa ya que Noruega no es de la UE. 




Pero por los acuerdos de colaboración entre la Unión y el país escandinavo las mismas han sido suprimidas. Sin embargo, mi ingenuidad hace que pare en el puesto fronterizo finlandes, sin un objetivo muy claro de lo que hacer. La policía al verme me pregunta con cierto desdén si tengo algo que declarar, yo le contesto que he realizado recientemente la compra de algunos souvenirs, me pide el ticket y me lo sella. La mujer me advierte con rutinario y monótono timbre que debo parar en la primera tienda que vea de Finlandia para que me sea devuelto el exceso de IVA de Noruega con respecto a Finlandia. A decir verdad, no tenía ni idea que había que realizar este trámite, pero haré caso a la autoridad.

Con esa anécdota en el cruce de nuestra décima frontera entramos en nuestro noveno país, el tercero de esta península escandinava en la que llevamos ya diez días de travesía. El paso de la frontera también se simboliza con otro gesto que no se va a dar mucho en este viaje: El cambio de hora. Efectivamente, a pesar de lo grande de nuestro continente, tan sólo 3 husos horarios lo dominan: Uno sería el que usan las Canarias, Portugal y Reino Unido, otro el nuestro, utilizado por la mayoría de los países centroeuropeos y del norte, y el último por Finlandia, países bálticos y en general todos los del Este de Europa. Este cambio no lo hicimos la primera vez que pisamos Finlandia, ya que iba a ser una travesía de tan sólo unas horas hacia Kautokeino. Sin embargo, a partir de ahora será tan necesario como el hecho de que tenemos que cambiar el chip a partir de ahora, en un instante a nuestra etapa acaba de sumarse una hora más con todo lo que ello acarrea.

Tras pasar por el Lago Geadge volvemos a los terrenos yermos muy similares a los que cruzamos en nuestra primera entrada en Finlandia, siempre con la guía de la E-93. Siguiendo su curso llegamos a la ciudad de Enontekio, donde por fin podemos encontrar una gasolinera para repostar. Obviamente, si hay algo que no echaré de menos de Noruega son los altos precios de la gasolina, aquí son precios más normales, entorno a los 1,65 €/litro. Además abandonamos las coronas noruegas para abrazar al euro hasta, por lo menos, Letonia. En multitud de detalles observo que hemos cambiado de país y de cultura: El idioma ha cambiado tanto que se ha hecho incomprensible, desde luego el finlandés es un idioma rarísimo proveniente de otro mundo. Las estaciones de servicio son verdaderos centros comerciales, con restaurantes, tiendas, WIFI, etc., con la excepción de las francesas, son las mejores estaciones de servicio en la que hemos estado hasta ahora. Los finlandeses vuelven a cobrar hasta los decimales en el pago de la gasolina, al contrario que el redondeo sueco y noruego, pero si hay algo que me ha llamado la atención es la presencia de maquinas tragaperras en la gasolinera, en claro contraste de lo que tenemos aquí en España.

Cuando terminamos de repostar y de tomarnos el siempre reconfortante café me percató de algo que me deja blanco como la nieve. La moto esta soltando aceite y ha formado un charco de considerables dimensiones. Además M Carmen se percata de que existe en el ambiente un fuerte olor a quemado, resulta que proviene de mi pantalón, que se encuentra pringado de aceite hasta la rodilla. Es tanta la profusión de líquido negro en el suelo, que por un momento parece que la moto está sangrando, al igual que yo. Sin embargo, la moto arranca bien y no se enciende el testigo - Que cosa más rara - pienso. Entro dentro de la gasolinera en busca de alguna lata de aceite para reponer el nivel. Los casi 4 litros y medio de aceite con los que comencé el viaje empiezan a agotarse, por desgracia, no encuentro ninguna lata de mi graduación. Lástima de no tener un Ferrari o un 4x4 de gran potencia, porque son los únicos aceites que hay. 

- Pero bueno, ¿Que pasa aquí?¿Nadie usa moto en este país? - pregunto retóricamente. 
- Rafa, no te preocupes nos las arreglaremos - intenta animarme mi novia, en vano.

Repongo con un poco del que tengo yo, y reemprendemos la marcha de inmediato, rumbo a Rovaniemi. A pesar de que la moto va sin problemas, no puedo evitar pensar que llevamos cerca de 7500 kms de aventura y que está próximo el cambio de aceite y del filtro de aire, sin que por el momento, haya podido encontrar un aceite para reponer por completo el nivel de mi moto. Según recomendación de mi mecánico Beni, debería hacerlo a los 8000 kms, y es precisamente a esa cifra a la que llegaré más o menos al terminar esta etapa. Sin embargo, empiezo a sospecha que hasta que no llegue a Helsinki, capital de Finlandia, no podré encontrar allí el aceite que necesito.

Seguimos nuestra ruta por las baldías tierras finesas, la monotonía y el silencio del paisaje ayuda a que me relaje del sobresalto anterior, un inconveniente insignificante, pero supongo que en una aventura como esta todo se magnifica. Aunque no por ello escapo a los curiosos nombres de poblaciones durante nuestra travesía.




Tras el período de relajación y un poco antes de llegar a Palojoensuu hago una parada en una tienda de souvenirs cercana.

- Rafa, ¿Para que paras? - pregunta M Carmen extrañada 
- Voy a ver si me devuelven el IVA, ¿no? - le contesto.




La tienda construida enteramente en madera, tiene un reno enorme disecado "vigilando" la entrada, desde luego a los finlandeses les encanta cazar porque al entrar en la tienda la mayoría de los artículos que se venden están relacionados con ese mundo, por supuesto, no faltan los artículos relacionados con la cultura vikinga, los samis y Papa Noel. Yo sin embargo, me muestro más interesado en comprar una pegatina con la bandera de Finlandia y también otra que he visto con un reno y con el lema "La tierra del Sol de medianoche", mientras tanto, M Carmen entra y aprovecha para calentarse. Con los artículos, me dirijo al mostrador para pagar, donde una chica rubia de interminable estatura me atiende. Es tan alta que me rompo el cuello al mirarla, deberá medir dos metros por los menos. Con cierta incredulidad, le refiero, en ingles, el tema del reintegro del IVA por compras en Noruega, a lo que ella me confirma que es verdad y tras examinar el ticket de mi compra procede a devolverme el dinero correspondiente. No es mucho la verdad, ya que el IVA en Noruega está en el 25% y en Finlandia en el 23%, pero con ese 2% de diferencia me da para pagar la escasa compra que he realizado, así que lo comido por lo servido.

Tras dejar la tienda y pasar por Palojoensuu cambiamos de rumbo dejando la E-93 para coger la E-8 con rumbo sudeste, en el que coqueteamos con la frontera de Suecia. Poco a poco vamos observando como el paisaje va cambiando y se va haciendo más boscoso a medida que avanzamos. Siguiendo el curso del río Muonio fielmente escoltado por arboles en su ribera hasta la ciudad de Kolari, y sin la asistencia de un GPS, me equivoco en una señalización y tomo por la E-80 en dirección a Kittila, por error. Aunque del error solo me percato cuando mi navegante, comprueba el rumbo mediante el movil. Lo cierto, es que es bastante difícil orientarse con las señales viales en este país ya que se encuentran en dos idiomas: sueco y finlandés, sueco no se y el finlandés es ilegible. Desde que se estropeo el GPS en Hegra, siempre hemos tenido suerte a la hora de encontrar nuestro alojamiento, dada la escasez de poblaciones en la laponia noruega y la eficiente señalización (lástima que el asfalto no sea igual). Por desgracia, me temo que a partir de ahora y según vayamos viajando hacia zonas más pobladas, poco a poco, iremos experimentando muchos problemas de orientación en la carretera. Sin duda buenos temas de los que debatir mientras busco un sitio para almorzar, la hora de comer se nos ha echado encima implacablemente y ante la ausencia de merenderos por la zona, encontramos una parada de bus de madera cercana a Sodankyla.





Tras el almuerzo, en el que apuramos las pocas existencias de jamón, volvemos a la carretera con decisión, hacía Sodankyla. Desde que conquistamos el Cabo Norte sigo mosqueado con mi Falco Stradale, lo cierto es que no se lo que le pasa a esta moto, pero con cada parada encuentro siempre un charco de aceite enorme, aunque el testigo no salte (sigo sin encontrar aceite de mi graduación). Para colmo de males, el manillar de mi moto, vibra sobremanera, creía que era por una mera cuestión de exceso de peso, pero el caso es que esto no me había ocurrido hasta que tuvimos el incidente de Alta. ¿Habrá tenido que ver el choque de la gasolinera? - pienso.


- Rafa, ¿Qué haces?, aceleras y frenas, ¿Ocurre algo? - pregunta M Carmen.

- Estoy comprobando la moto, el manillar vibra mucho - le respondo.

- Será el exceso de peso y te habrás dado cuenta - teoriza ella de forma retórica.

M Carmen llevamos dos semanas en moto y esta es la primera vez que la moto vibra tanto estoy preocupado.

- Tan sólo ten cuidado, no te despistes - me aconseja con cierta preocupación, pero con plena confianza en mí y mis dotes como piloto

La moto va ganando velocidad y esa extraña sensación de inseguridad va desapareciendo a la vez que aumenta el régimen del cuentarevoluciones del Falco Stradale. Sin embargo, a partir de ahora, aumentaré la guardia ya que sigo receloso por este comportamiento de la moto. Pasamos el lago Vaala, flanqueado por arboles imponentes, y a los pocos kms llegamos a Sodankyla con la clara intención de repostar nuestra moto, ya que hace poco que hemos entrado en reserva, o al menos eso creo, ante la carencia de nivel y testigo luminoso.

Tras el repostaje y el avituallamiento de café caliente, tan sólo nos restan 100 kms hasta nuestro destino, en Rovaniemi. En Sodankyla cambiamos de la E-80 a E-75 y vamos viajando dirección sur, al fin. Después de la pérdida, parece que con la ayuda de M Carmen, he encontrado de nuevo el rumbo. Viendo el lado positivo de esta pérdida de dirección, al menos puedo decir que desde que pasamos por Palojoensuu viajar por Finlandia, se está convirtiendo en una maravilla. A este país la fama le precede, y los lagos se suceden ante nosotros de forma intermitente como la luz del sol asoma por entre las copas de los arboles. Por desgracia, poco claros hay en el bosque para hacer una foto clara desde la carretera sin parar nuestra moto, tal y como nos advirtió nuestra amiga madrileña Ana en Nordkapp. Seguimos el curso del río Välisuvannontie durante algunos kms, sin embargo, no podemos evitar sucumbir ante la tentación de parar al margen de la carretera para tomar con más calma el detalle más distintivo de este país: Los lagos. 



Un país que empieza a embrujarnos, con sus frondoso bosques, testigo mudos de nuestro paso en esta solitaria tierra, al igual que en Suecia, donde el tráfico rodado es bastante escaso. La parada, en los márgenes del lago Vuo se hace más corta de lo esperado, por desgracia, debido al ataque feroz de los mosquitos, (única cosa que no echaré de menos de Escandinavia), que nos acompañan desde nuestra entrada en Laponia y que no han dejando de incordiarnos con sus picaduras.




Después del lago Vuo se suceden otros de gran belleza plástica como los lagos Kayramon, Yli-Nampa, Ala-Nampa pequeña porción, sin duda, de la belleza hidrográfica de este país. Y es que resulta que Finlandia, el llamado País de los 1000 Lagos, es en realidad el país de los 188000 lagos, todos ellos de origen glacial. Lagos de vasta extensión que con la incidencia de la luz del Sol parecen espejos de fina plata. Si Noruega, tenía la belleza indómita de sus fiordos, Suecia la fortaleza de sus bosques, Finlandia, tiene a sus lagos de agua plateada como su mayor valuarte. Tres países muy distintos, pero que forman un conjunto de tal magnificencia que es difícil decantarse por uno. Quizá lo mejor sea no hacerlo, y atesorar esta belleza, una belleza que nunca debería tener fronteras. 

Con el fulgor de los destellos del agua en nuestras caras retomamos el camino. Los destellos que lejos de molestarnos, nos acompañan e inspiran, y que por un momento, nos hacen olvidar los problemas acaecidos hasta ahora en nuestro viaje. También nos ayudan a superar la soledad inquietante de la laponia finlandesa. Soledad unicamente rota por algunos renos vuelven a aventurarse en los márgenes de la carretera, para acompañarnos en los últimos kms de nuestra etapa.

- Rafa, esto es precioso, que pena no poder pararse a hacer más fotografías - se lamenta mi novia.

Una lástima, la verdad, pero nos quedamos con el premio de disfrutar de una travesía por estas inexploradas tierras cercanas al paralelo 66.  Dicho paralelo marca la línea divisoria imaginaria del Círculo Polar Ártico al cual nos acercamos inexorablemente. Tras unos minutos de marcha recta y firme por el mejorado asfalto finés, llegamos a nuestro camping milagrosamente. Una vez más las señales viales nos han informado de la situación del camping sin problemas. Bueno, eso, y las indicaciones de mi navegante, que tomó en la etapa anterior las anotaciones necesarias, han ayudado a ello.

Siguiendo las flechas de lo que parece ser la recepción del camping llegamos a una casa. Una casa solitaria en madera blanca, que parece de todo menos la recepción de algo. Con algo de prudencia toco la puerta, me recibe una mujer joven muy amable con un lindo bebe en su regazo, que se encuentra con una nueva criatura en camino, ya que esta embarazada. De lejos, se escuchan las voces de otros niños montando algarabía. Le cuento, es ingles, que estoy buscando el camping Ahosen Lomamökit.

- Si, efectivamente aquí es, soy la dueña y recepcionista del camping, ¿A qué nombre tienes la reserva? - pregunta ella

-Rafael Campos Cubero, venimos desde España - le respondo

-Si déjame ver, es verdad, ¿Teníais reservada una noche verdad?

-Si -  le respondo algo titubeante.

-Bueno, en realidad la estancia mínima son dos noches, pero consulté con mi marido y con vosotros voy a hacer una excepción dadas las circunstancias de vuestro viaje, que me explicaste en el mail.

-Muchas gracias

-Pasa, rellenamos tu ficha y me pagas todo, ¿vale?, tu novia, si quiere que pase también, estais en vuestra casa. - me dice nuestra anfitriona.                                                        
Miro a M Carmen y le hago gestos para que me acompañe adentro. Sin embargo, ella está un poco recelosa, y desiste de ello. Supongo que querrá descargar el equipaje y descansar, aunque lo primero es localizar nuestra estancia, en las inmediaciones no se ve nada, excepto la casa de la recepcionista. -¿Donde estará? - me pregunto.  Al pasar descubro una casa enorme de amplio salón, hecha enteramente en madera de distintos colores, con tarima flotante de color roble, y el resto de la casa en blanco.        Todo se encuentra excelentemente decorado y armonioso con el entorno que rodea a la casa, no está sobrecargada ni con excesos de minimalismo, sin embargo, lo que más me llama la atención es lo limpio y ordenado que está todo y eso que la mujer tiene a dos diablillos más correteando por la casa despreocupadamente. Ella aprovecha y me los presenta mientras busca unos papeles en su escritorio.

- Yo me llamo Helena, y estos son mis hijos: Sirkka, y Matti (él), este pequeñín de aquí se llama Erkki, y dentro de pocos meses nacerá Eeva, mi nueva hija - dice mientras se acaricia la barriga. Indudablemente, está en un avanzado estado de gestación a juzgar por el tamaño de su tripa.

- Por fin, encontré la ficha, por favor rellénala con tus datos y los de ella - me dice mientras busca algo más en su escritorio.

- Aquí te dejo un mapa con la ubicación de las casas del camping. Todas encuentran al otro lado de la carretera en el margen del lago Vikajarvi. Tienes que salir de aquí, girar, con cuidado, a la izquierda y en la primera señal que te encuentres con una letra B giras a la derecha, irás por un pequeño sendero hasta llegar a tu casa. Más o menos estás a 1 km de aquí.

- ¿Como es el sendero de largo?¿Se puede ir en moto? - le pregunto a Helena, con la lección muy aprendida de nuestra pérdida y caída en los bosques de Skaulo.

- Tranquilo, son sólo 500 metros de camino, cualquier vehículo puede acceder al recinto. La casa cuenta con todo lo necesario para vuestra estancia.

- ¿Tiene WIFI? - le pregunto, aunque mientras la hago me doy cuenta de que a lo mejor mi demanda debió ser más inteligente o al menos, debí priorizar otras cosas como estado de la habitación, camas, confort etc.

- Si, y también TV por satélite, estoy seguro de que te gustará. Aquí te dejo un mapa turístico de la zona y la previsión del tiempo.

- ¿Para ir a la aldea de Santa Claus? - le pregunto a Helena.

- ¡Ah si! bueno aquí nosotros le llamamos Joulupukki en la lengua de los samis. La tienes a 3 kms de aquí, tan sólo sigue esta carretera haciendo derecha al salir de aquí. Ya te encontrarás las indicaciones.

- Gracias - le digo

- ¡Que tengáis buena estancia! - se despide de mi con la misma sonrisa con la que se despidió y salgo para encontrarme con mi novia, la cual tiene una cara que es un poema, que no es precisamente de amor.


- ¿Se puede saber donde estabas? ya creía que no salías - me dice algo enfadada por la larga espera

- Ya tengo las llaves de nuestro alojamiento, vamos a una casa que esta al otro lado de la carretera - le respondo con la sensación de que esta estancia nos va a gustar.

Nos ponemos en marcha y a los pocos metros, veo la señal con la B - que fácil es esto - pienso - ojalá todos los camping fueran así de fáciles de encontrar. Tras sortear algunas molestas piedras llegamos a nuestro destino y debo decir que Helena no se equivocaba al vaticinar que nos gustaría nuestra estancia. Más que una cabaña, nuestro alojamiento es una casa enorme de madera pintada de rojo y blanco. Una casa situada en una finca enorme, con porche, balcón, columpios, barbacoa cubierta, caseta para herramientas, etc. Una de las cosas que más me asombra de este lugar es que estamos a apenas a 100 metros de la carretera y aquí no se oye ni un alma, la frondosa vegetación nos parapeta de cualquier ruido molesto.






Tras impacto que para bien nos ha causado nuestro alojamiento, descargamos la moto en tiempo record ya que los mosquitos no nos dejan en paz con sus incesantes picaduras. Entramos a una minúscula habitación de 1 metro cuadrado que hace las veces de entrada, allí un nos invita a descalzarnos y dejar los zapateros en un zapatero cercano. Algo me dice que no hemos entrado por la puerta principal, pero el incesante ataque "La Fuerza Aérea Finlandesa" nos ha obligado a ser poco selectivos a la hora de por donde entrar. La casa por dentro nos deja todavía más maravillados que por fuera: Toda en madera, con suelo laminado en roble, suelo radiante, que calienta nuestro primeros pasos en nuestra exploración de la casa. Dos plantas, en la inferior salón con TV y WIFI, cocina conjunta, con todo el menaje e incluso algo de comida y una grandiosa chimenea presidiendo el lugar. M Carmen insiste en encenderla, pero le pido que espere a que regresemos de la aldea de Santa Claus. En la planta baja también tenemos cuarto de baño con sauna incorporada, la cual espero estrenemos y un armario con varios salvavidas, de los cuales ignoro su utilidad. En la planta superior hay 6 camas (dos de matrimonio y cuatro de 105 cms) y cuatro habitaciones, todas ellas con toda la ropa puesta, hasta tienen una cuna, una trona y un tacatá. En definitiva, la casa esta para entrar a vivir, y mucho me temo que la estancia de un día se nos va a antojar escasa para poder disfrutar en su plenitud de ella, al menos lo intentaremos.



Pero lo primero es lo primero, y antes de nada debemos de ir a la Aldea, para entregar las misivas de nuestros sobrinos y la de los niños de Aldeas Infantiles de Madrid. Salimos perfectamente equipados de casa, incluso con el casco puesto, y nos subimos al Falco Stradale para evitar a nuestro pequeños amigos alados. Ponemos rumbo a Rovaniemi en pos de encontrar la aldea de Santa Claus, y efectivamente, tal y como dijo nuestra anfitriona estaba muy cerca de nuestra casa. Una aldea que más que una aldea parece el titánico centro comercial de una gran ciudad, un parque temático en torno al famoso personaje navideño que nos deja boquiabiertos.

Sin embargo, observo poca actividad en el lugar, apenas hay coches, ni personas andando por el recinto. -¿Que ocurre?- me pregunto. Paramos nuestra moto, y allí se hace el silencio más absoluto. No hay absolutamente nadie, ni siquiera en una gasolinera que hay enfrente de nosotros, ni tampoco en un restaurante al final de la Aldea. 

- Rafa, ¿A ver si esto abre sólo en Navidad? - me dice M Carmen extrañada.

- No, estoy seguro que esto está abierto todo el año - le digo con falsa seguridad, dado que yo tampoco tengo ni idea. Para colmo de males ni siquiera hay nadie para preguntarle. Son las 18:45 hora de Finlandia, y sinceramente no me parece una hora tan tardía para acudir a una atracción como esta. 

Dejamos el Falco Stradale atrás y nos aventuramos por las instalaciones desiertas. Podemos observar algún detalle curioso como por ejemplo: Una recreación de un asentamiento minero del lugar y de como vivían sus gentes. Por lo que puedo leer en ingles, la zona a principios del siglo XX fue rica en oro y otros minerales importantes, los cuales fueron extraídos por los samis. También hay lo que parece un corralillo donde se pueden ver renos, igualmente vacío. Cerca del restaurante hay algunas tiendas de souvenirs cerradas e incluso la famosa Oficina Postal también lo está. En la puerta de la misma observo un cartel que dice que el recinto en verano permanece abierto hasta las 18:00.







-¡Maldición! hemos llegado tarde por apenas unos minutos, tendremos que volver mañana para conocer a Santa Claus - le digo a M Carmen malhumorado - Como es posible que una atracción como está cierre a las 18:00, pero bueno, ¿Tu te imaginas cerrando el Corte Ingles a las 18:00?


- Ya, pero estamos en verano y la temporada alta es en Navidad, seguro que entonces esto está abierto casi las 24 horas del día - reflexiona M Carmen en un intento por encontrar una explicación a este horario de apertura tan raro - Bueno Rafa no pasa nada, somos los dueños de la Aldea de Santa Claus, demos una vuelta por aquí sin agobios para relajarnos y ver cosas. Mañana volveremos.


Resignado acepto la propuesta a pesar del nulo desafío o interés que tiene para mi un puñado de calles vacías alrededor de una gran plaza, presidida por la casa de Santa Claus. No obstante, a su altura encuentro una línea blanca en el suelo que parece ser el límite del Círculo Polar Ártico. En ese instante, como por arte de magia, me activo sobremanera y me acuerdo de que casi nos perdemos nuestra entrada en el Polo Norte a la altura de Jokkmokk, así que no dejo escapar la oportunidad de hacer una divertida videocrónica de esta "aventura" por la ciudad fantasma de Santa Claus.







Tras el video nos hacemos alguna foto más con carteles y cosas significativas de la aldea, como por ejemplo el hito kilométrico que marca la dirección y distancia a España, bueno a Madrid para ser más concreto. 








Tras las divertidas fotos, y sin ocultar cierta decepción volvemos a nuestra casa para pasar el resto del día. No sin antes hacer algunas compras en la gasolinera a unos precios bastante asequibles. 



Como siempre compramos lo imprescindible, además contamos con todo lo necesario para cocinar. Tras casi dos semanas de aventura, nuestro jamón está en las últimas y a partir de ahora, se une a nuestro presupuesto con más presencia el gasto en comida. De todas formas, no hay motivo para quejarse, la comida que nos hemos traído de España ha durado más o menos dos semanas en buenas condiciones, cosa que creo esta muy bien. Además, la idea de M Carmen de envasar al vacío ese manjar ha sido excelente para ayudar con los gastos ingentes de este viaje.

Está noche para cenar nos daremos un capricho y nos comeremos un perrito cada uno. Con una gran bratwurst alemana, aderezado con una salsa alioli tan particular de los escandinavos. Particular y barata a la vez, la cual nos ha dado tan buen servicio como el jamón patrio. Mientras cenamos a la luz de la lumbre de la chimenea no podemos evitar comentar los aspectos de la casa.




- Rafa, debo felicitarte, de todos los lugares que has reservado, este sin duda es el mejor - me dice mi novia extasiada.

- Pues, ¿A que no sabes lo que nos ha costado? - le pregunto.

- No

- 90€

- 90€, ¿nada más? - pregunta extrañada

- Si, lo que pasa es que en esta casa la reserva mínima son dos noches. Menos mal que le mandé a la propietaria un email explicando nuestro viaje y pidiéndole que nos dejará estar una noche tan sólo. Afortunadamente para nosotros ha salido bien.

- ¡Vaya piquito de oro que tiene mi niño! me acuerdo que me comentaste ese problema, pero vamos que si nos obliga a quedarnos dos días aquí acepto encantada - contesta entrerisas

- A mi me parece un precio excelente por lo que da, ¿No te parece?

- Ya te digo - contesta ella-  es que estamos sólos en una casa perfectamente equipada y pensada para 10 personas. Si hubiéramos venido en grupo, pagar 9€ por persona y por noche, me parece un precio excelente.

- Bueno, pues estuve mirando y de este sitio la temporada alta es en Navidad, esta misma casa sale por 270€ el día - le digo esperando en ella una reacción de sorpresa.

- Aún así viniendo en grupo me parece un precio excelente. La pena son los mosquitos que te amargan y no te dejan salir. - se queja ella amargamente.

- Bueno, no pienses en ello, vamos a disfrutar de esta casa.



A la luz de la chimenea, y sin el concurso de la TV (todos los programas están en ruso) nos quedamos hablando, una vez más, sobre la particular y confiada hospitalidad escandinava. Aunque damos también, cabida al manido tema de intentar arreglar el país.




- M Carmen, ¿Te has dado cuenta que antes he entrado en una casa con una mujer embarazada y tres niños allí y la mujer estaba completamente sola, sin nadie alrededor en por lo menos 3 kms a la redonda? Podía haberle hecho cualquier cosa y nadie se hubiera enterado y sin embargo, ella me ha invitado a entrar confiada, vamos que un poco más y me enseña o vende la casa. No dejo de asombrarme por la hospitalidad de esta gente, digno de admirar. Seguro que ahora vamos a su casa y tiene la puerta abierta de par en par. 

En ese instante M Carmen reflexiona - Eso en España ya se ha perdido, una pena - se lamenta- Ahora vivimos, el que puede, en cárceles con altos muros, verjas, rejas. Todo para evitar que un día te despiertes y descubras que han entrado a robarte y tienen a toda tu familia amordazada. 

- Si es verdad, seguro que aquí en Finlandia a los amigos de lo ajeno se les da bien. - le replico.

- Bueno y otra cosa que me ha llamado la atención: Aquí en Finlandia, Suecia y Noruega, es raro ver a la mujer que no tenga al menos tres hijos. - me cuenta con asombro

- Es cierto, igualito que en España, que la gente se anima a tener dos por la ansiada parejita, y eso con suerte y dos trabajos. 

- Luego nos quejamos del país tan viejo que tenemos, si no hay buenos sueldos o ayudas para conciliar vida laboral y familiar, pues tu me dirás - dice, indignada mi novia. 

En ese instante recordamos lo que nos dijo un día nuestro amigo Toni (que está saliendo con Emilia, una chica polaca que vive en Noruega): Que el permiso de maternidad al menos en Noruega dura 13 meses, a parte de los meses de embarazo, y que el de paternidad dura 4 meses. Detalles, sin duda, que desde nuestro punto de vista español nos parecen de ciencia-ficción. Como no somos políticos, ni creo que vayamos a arreglar el país en una noche, nos vamos a ir a la cama. No sin antes, dar un paseo por nuestros dominios para admirar las vistas, ciertamente impresionantes. Sin duda, este alojamiento vale cada euro invertido. 







Tras el paseo nos relajamos estrenando la sauna y a continuación nos vamos a la cama para descansar antes de afrontar la siguiente etapa de Euro-Diversion 2013. Ciertamente, estoy nervioso e intranquilo ante lo que nos espera mañana. Bajo el sol impertérrito de la medianoche intento convencer a mi novia, a modo de broma por supuesto, para que echemos raíces en este país.

- ¿Que te parece este sitio para vivir?, bonito ¿no? - le pregunto

- Es muy bonito, precioso, pero yo aquí no me quedo, todo muy bonito, pero en verano los mosquitos, en invierno el frío, esto acaba conmigo.


Mañana llevaremos ya 3 semanas de aventura, y nuestro objetivo será llegar a la ciudad de Viitasaari, la cual se encuentra a orillas de un lago de nombre impronunciable. Sin embargo, antes de partir iremos a la Aldea de Santa Claus con la esperanza de poder entregar, por fin, las cartas de los niños que tan fielmente hemos portado desde España. Momentos de ilusión que espero compartir con ellos a través de las líneas de este blog. Particularmente pienso que la ilusión es el principal combustible en viajes de este tipo. Podrás tener mejor o peores medios, mucho o poco tiempo y dinero, pero lo que si es seguro es que si la ilusión te falla te darás la vuelta a la primera. Pocas cosas son imposibles para un niño y con esa fuerza nosotros, hemos podido hacer frente, hasta ahora, a los más exigentes retos.

Mañana será, sin duda, un gran día, un día especial para muchos chavales, y también para nosotros, ya que vamos a conocer al más insigne personaje que habita en el Polo Norte: Joulupukki, como lo conocen ellos o Santa Claus (Papa Noel) como lo conocemos nosotros.