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domingo, 20 de diciembre de 2015

CAPÍTULO 23: BALTIC EXPRESS-PERDIDOS EN RIGA


ETAPA 23: HELSINKI-RIGA

Distancia total ruta: 400 kms
Tiempo total: 6 horas 46 minutos
Ciudades visitadas: 3
Paradas: 3
Consumo medio: 5,05 l/100




El comienzo del fin de nuestra estancia en Escandinavia tiene su inicio en el amanecer de Helsinki, miro por la ventana mientras M Carmen prepara un escueto desayuno con las últimas existencias de queso, pan y leche que nos quedan, ya repondremos por la tarde. Y hablando de reponer, hoy antes de partir vamos a realizar los cambios de líquidos en nuestra moto, así que sin más dilación, nos ponemos a comer para coger fuerzas con vistas a la dura etapa de hoy. Por primera vez, no va a ser una etapa dura por el clima, ya que brilla un sol de justicia en la capital finlandesa, sino por el hecho de que tendremos que coger un ferry y cruzar tres países en un sólo día.

Esta vez no habrá problemas con el asunto de cumplir el horario de salida del ferry ya que gracias al móvil tenemos la ruta perfectamente trazada hasta el puerto. Así que tras desayunar, lo guardamos todo y lo dejamos perfectamente recogido, todo menos el aceite, filtro y alguna herramienta, antes de partir hay que poner la moto a punto y de pasa hacerle una pequeña revisión de su estado.

Bajo y realizo el check-out sin problemas, salgo del hotel y coloco la moto en un sitio apartado en el ala trasera del mismo, mi novia mientras acude con los útiles y un par de garrafas de agua vacías que ha encontrado en la basura. Con su ayuda pongo la moto en vertical y me dispongo a "operar" en el Falco Stradale, entre los dos vamos a hacerle lo siguiente:


  • Cambio Filtro del Aire
  • Cambio de Aceite, vaciaremos el deposito y lo llenaremos con las garrafas compradas ayer a precio de oro
  • Limpieza y engrase de cadena
  • Apriete de los tornillos de la moto




Voy poniéndome los guantes de trabajo veo que M Carmen se encuentra inquieta mientras graba los prolegómenos al otro lado de la camara, insiste en participar de forma activa en las reparaciones. Tanto lo hace que al final ella sola desatornilla el deposito de la moto y cambia el filtro del aire con solvencia. Luego, limpia la cadena mientras yo cambio el aceite, una operación harto complicada porque cualquier mínimo descuido me puede dejar literalmente embadurnado en aceite, y ya que tengo el pantalón oliendo a quemado desde Alta no es cosa de ir "aceitado" por el resto del continente. Finalmente consigo desatornillar el tornillo de vaciado y sacar todo el aceite usado que cae con fuerza en la garrafa (agujereada) que M Carmen ha colocado bajo la moto. Antes de que caiga la primera gota de aceite usado M Carmen ha terminado por completo de la tarea de la cadena, así que tan sólo queda esperar a que se vacíe el depósito. Al terminar, atornillo con fuerza el tornillo de vaciado y relleno con las dos garrafas compradas ayer, aunque son de distinta marca a la que tengo yo, son de la misma graduación, así que no habrá ningún problema. La garrafa de cuatro litros que llevo a menos de la mitad la usaré para reponer nivel durante el viaje de vuelta. Después de realizarlo todo de la forma más limpia posible, llega el momento de arrancar la moto y cruzar los dedos.

- Ufff, la moto arranca - exclamo con alegría
- Venga pues a recoger, nos vamos a Tallín (Estonia)- dice mi novia entusiasmada

Recogemos nuestras cosas, nos limpiamos las manos con un quitagrasas que llevaba mi navegante y dejamos el aceite usado en un contenedor de aceite usado ubicado cerca del hotel. Para mi sorpresa hemos sido bastante rápidos en efectuar estas operaciones, apenas habremos invertido 30 minutos de nuestro tiempo, tan sólo nos queda montar nuestro equipaje y poner rumbo al puerto de Helsinki. Dejamos la moto aparcada lo más cerca posible del hotel y subimos por última vez a la habitación para recoger nuestras cosas y de paso hacer una última revisión, no vaya a ser que nos olvidemos alguna cosa.
Con todo montado, iniciamos nuestra etapa a eso de las 10:30 aproximadamente, nuestro ferry sale a las 11:30, por lo tanto tenemos una hora para cogerlo. Podrá parecer poco tiempo, pero hoy sábado 13 Julio creo que haya mucho tráfico en la capital y además apenas nos separan unos 10 kms de nuestro destino. La fortuna se ha aliado con nosotros y el móvil gracias al WIFI municipal de Helsinki nos guía sin excesivos problemas hasta la terminal de ferry de la compañía Tallink Silja Line. Mientras esperamos, a M Carmen le surge la necesidad de ir al baño pero no se ve ninguno en la inmensa explanada que sirve para recibir a los vehículos que van a embarcar. Como hemos llegado con tiempo de sobra ella se marcha en busca de uno y yo grabo una videocrónica para entretener la espera.
A la espera del ferry en Helsinki

Llegando al terminar del ferry























Minutos después de la espera, cuando casi se está abriendo la verja y los coches arrancan sus motores, aparece mi novia algo apurada.

- Ufff, menos mal que he llegado. No te puedes imaginar lo que me ha costado encontrar un baño y claro encima a guardar cola de toda esta gente que esta esperando.

Pasamos el primer control sin problemas y avanzamos casi hasta la boca de la bodega del ferry. Allí debemos detenernos a esperar, afortunadamente la espera se hace amena contemplando la larga fila de Honda Goldwings a nuestra izquierda y la de un extraño personaje.

Esperando para embarcar
Hondas Goldwing












Dejamos atrás Helsinki
























La curiosa anécdota da paso al embarque en el segundo gran ferry de nuestra aventura. Contando el primero de Hirtshals y los interiores de Noruega creo que con este llevaremos alrededor de 10 embarques. Entramos en la bodega del ferry y dejamos nuestra moto aparcada en mitad del grupo de 20 Goldwings, si el ferry de Dinamarca parecía grande observando la bodega de este nos parece más bien un transatlántico. Hileras de coches y camiones del tamaño de un dinosaurio se suceden en un torrente de vehículos que parece no tener fin. No nos deja mucho tiempo para asombrarnos, los operarios nos apremian para que aseguremos las moto, la amarramos sin más dilación, aunque debo decir que a M Carmen se le dan mejor estas cosas, y subimos a cubierta que se encuentra 8 pisos más arriba. Nada más llegar nos quedamos asombrados ante las magnitudes y comodidades que tiene este ferry. Sin lugar a dudas, no tiene nada que envidiar a un transatlántico. Además de camarotes, cuenta con restaurantes, solarium, terrazas, tiendas de todo género (ropa, licores, tabaco), salas de juego, salas de ocio para los niños, y hasta cuenta con supermercado y piscina. Increíble dotación de medios para un ferry que hace un trayecto entre la capital finlandesa y estona de apenas 40 kms.

M Carmen en cubierta
Nosotros las dos horas de trayecto la vamos a invertir en descansar un poco, y por mi parte, adelantaré un poco en la escritura de esta crónica que además puedo complementar con la planificación de nuestro viaje a Riga gracias al WIFI del barco. De repente, nuestro relativa paz se ve interrumpida por una alocución de la megafonía del barco, la cual no entendemos. Pero lo que esas palabras en finlandés ocasionan es difícil de describir, en primer lugar se oye un gran barullo y la gente empieza a moverse como impulsada por una especie de dinamo hacia las zonas de restauración, supermercados y tiendas del barco. Nuestra curiosidad nos impulsa a averiguar que está pasando y rápidamente damos con la solución al misterio, al ver a la gente salir de bares y supermercados cargados de cervezas y licores hasta los topes: Resulta que habíamos entrada en aguas internacionales, por lo que era posible, por tiempo limitado, comprar alcohol libre de impuestos y eso en Finlandia, un país con un IVA del 23% son palabras mayores.

Ya nos había hablado mi amigo Toni de esta particularidad, de hecho la vimos en el primer ferry que comunicó Dinamarca con Noruega, pero no la creímos tan exagerada. Aquí sin embargo, el aluvión de personas en busca de alcohol más barato es tan ingente que por un momento parece que estamos inmersos en las rebajas. Milagrosamente, podemos escapar de toda esa vorágine para volver a la terraza del barco para recuperar nuestra quebrantada tranquilidad. Los últimos minutos antes de desembarcar los pasamos recostados en unas cómodas hamacas de la terraza del barco, pero como no podemos estarnos quietos por mucho tiempo, para despegarnos un poco damos una breve vuelta por la cubierta del ferry intentando captar con nuestra cámara algunos detalles del barco que nos esta llevando de vuelta al continente. De pronto, mientras hago unas fotos de M Carmen me fijo en el horizonte y observo una masa de tierra que se agranda a cada momento, ya estamos cerca, hemos llegado a Estonia.
A punto de llegar a Estonia

Volvemos a las hamacas de la terraza y casi sin darnos tiempo una grabación avisa (en finés) que hemos llegado al puerto de Tallín (Estonia), es hora pues de desembarcar. Sin hacernos los remolones bajamos a la bodega para cargar algunas cosas que habíamos sacado de nuestras alforjas y preparar nuestra moto. Desde el ferry de Hirtshals en el que solo la compañía de Eric Paulsen amenizó nuestro viaje, hemos aprendido que es muy útil entretener el tiempo mientras se navega por aguas de un estrecho. Mi novia comprueba el amarre de todas nuestras cosas y yo que la moto está perfectamente y sin daños mientras desamarro la moto del ferry.

Para cuando el barco atraca en Tallín, a las 12:30 nosotros y nuestro escuadrón de Goldwings estamos listos para partir y abandonar las entrañas del ferry. Con la llegada a tierra damos por concluida nuestra etapa de 14 días en Escandinavia, pasamos de la perla del Báltico a las Repúblicas Bálticas: Estonia, Letonia y Lituania, tres países que aunque forman parte ya de la Unión Europea desde 2004, aún conviven bajo la sombra de la influencia de la antigua Unión Soviética casi 20 años después de su independencia. Tres países que cruzaremos en tres días y que seguramente serán bastante distintos a lo que nos hemos acostumbrado durante el viaje. Así que sin más dilación, enciendo el motor del Falco Stradale, M Carmen y yo nos ajustamos el casco y los guantes, conectamos intercomunicador y nos lanzamos al descubrimiento.

Nada más salir del ferry nos damos cuenta de que entender la señalización estona va a ser tan complicado como entender la señalización finlandesa, en un idioma tan parecido como incomprensible se nos suceden los cárteles con múltiples direcciones a tomar una vez salidos del puerto. Pero ¿Cual tomar? - pienso. Los primeros kms en tierras bálticas son un cúmulo de pérdidas y vueltas en círculos, ya que hasta en dos ocasiones volvemos al punto de partida. Tallín debe ser una ciudad excelente pero entre tanto caos de tráfico, calles empedradas, y los raíles de tranvía tan resbaladizos salir de aquí se está convirtiendo en un autentico infierno. Al menos, M Carmen consigue una instantánea de una bella catedral de la capital.

Tras unos minutos de incertidumbre la única solución que encuentro es seguir a otro motero que he visto que acaba de salir de otro ferry que ha atracado minutos después al nuestro. Afortunadamente, conseguimos salir de Tallín sin más problema, aunque con la pena de abandonar la capital de Estonia a toda prisa y sin disfrutarla. Sin GPS que nos guíe con eficacia y teniendo que llegar, en la etapa de hoy, a Riga, quedarse a ver Tallín es cuando menos una osadía. Supongo que el choque cultural ha sido demasiado fuerte, pasar de comprender el inglés a la perfección a simbología círilica y rusa se me esta haciendo muy cuesta arriba.

Cogemos la E-67 carretera que cruza el país de norte a sur y bautizada aquí como la autovía del Báltico. Evidentemente de autovía sólo tiene el nombre porque la carretera es de un carril para cada sentido, aunque eso si con anchos arcenes, en poco tiempo descubrimos el porque de esta disposición.

Adelantamientos kamikazes





Desde luego, es la primera vez que veo adelantamientos de este tipo en mi vida rozando casi lo kamikaze, los adelantamientos se suceden usando el arcén como "carril lento". Los kms se suceden con cierta tensión por nuestra parte, no sabiendo como colocarme dentro del carril para estar seguro. Si me quedo dentro de mi carril, sufro adelantamientos peligrosísimos que casi rozan mi moto por la izquierda y si me quedo escorado a la derecha, es decir en el arcén, me toca lidiar con la suciedad de la carretera y con vehículos que van más rápido que yo, los cuales intentan pasarme por la izquierda dentro de su carril con lo que vuelven a adelantarme de forma peligrosa. La verdad es que cuesta acostumbrarse a los nuevos hábitos de circulación de los bálticos con lo que no queda más remedio que tener los cinco sentidos puestos en la carretera.

- Rafa, ten cuidado estos rusos son un salvajes conduciendo - me dice con gran angustia
- Me habían dicho que conducían mal pero esto roza lo inconcebible, tendré que estar más atento o sino no lo contamos.
- A ver si es ver verdad que antes casi chocamos con un coche, menos mal que me di cuenta yo que si no...

Y es que quizá por el cansancio, la rutina, o la agresiva conducción rusa ya he tenido un par de despistes que nos han podido causar un disgusto. Menos mal que mi navegante está siempre al quite para salvar la situación, aunque a veces pueda resultar algo pesada provocando mi cabreo, tengo que admitir que ella esta desarrollando una labor muy importante en esta aventura, siempre atenta a los movimientos de la "bolita", todo lo que sucede a nuestro alrededor, y aún así, tiene tiempo para tomar fotos de nuestro viaje por estas lejanas tierras de Europa.
Cerca de Parnu
Para relajar un poco la tensión del tráfico báltico hacemos una parada en la ciudad de Pärnu, a escasos kms de la frontera estona con Letonia. Mientras reposto y pago, M Carmen me vigila desde un merendero que ha ocupado disponiendo algo de pan y queso. Yo me uno a la fiesta aparcando la moto delante de ella y me pongo a buen cobijo del sol de justicia que preside esta etapa. Debo decir que causamos algo de impresión en las personas sentadas a nuestro alrededor, supongo que los estonios no están muy acostumbrados a ver moteros de tan lejanas latitudes y sobretodo con una moto tan cargada, parece que vamos con la casa a cuestas. Intentamos permanecer ajenos a tanta expectación actuando con naturalidad y comentando mientras comemos la mala suerte de no haberse podido quedar en Tallin un poco más.

- Rafa, que pena que no hayamos podido quedarnos a dar una pequeña vuelta por Tallin, parecía una ciudad muy bonita - se lamenta M Carmen

-Ya, pero sin GPS, el tiempo que gastemos en ver algo y sobretodo volver a la ruta es un lujo, ya que todavía nos queda mucho para llegar a Riga - le respondo, aunque dentro de mi comparto su pesar, estoy seguro que Tallin no nos hubiera decepcionado. Intentaré que ese tiempo sea empleado en conocer el doble la capital letona.

Mientras estamos comiendo y comentando las primeras impresiones de este país antes de cruzar al siguiente, se nos acerca un hombre bastante mayor, ataviado con una chaqueta de cuero de Harley Davidson, el cual tiene mucha curiosidad con respecto a nosotros. Con una voz dulce, pero algo baja, le pregunta en ingles a mi novia de donde es, ella me pasa el testigo para hablar con él.

No sabría recordar muy bien su nombre, pero la calidez de su voz al hablar hizo que esos minutos se hicieran muy agradables. Sin embargo, si recuerdo que era de Finlandia y que ha ido a Estonia a pasar el fin de semana con su mujer y a celebrar sus bodas de oro. Aprovecho para contarle un poco nuestra aventura de dar la Vuelta a Europa en Moto y el buen hombre se muestra entusiasmado. También le hace a M Carmen gestos para hacerse entender como queriendo decir: "¿Lo habéis hecho en esa moto?","¿Como has aguantado el viaje hay atrás?". Ella se ríe de forma tímida y responde a este señor resoplando:

- Lo peor ha sido aguantarle a él - dice entre risas aún sabiendo que este señor no la entenderá, pero sin duda la sonrisa es un lenguaje universal. Vuelvo a ser el centro de atención de las burlas, pero no me importa, estamos pasando un rato muy agradable con una agradable persona. En esos momentos, me acordé de la pareja a bordo de la BMW RT que me dió la bienvenida a Finlandia - que pena que M Carmen se lo perdiera - pensé - Bueno ahora se lo está pasando genial, como cuando conocí fugazmente a esa pareja.

Cuando mejor nos lo estamos pasando se acerca una señora, que le dice a nuestro amigo una frase en finlandés que no alcanzamos a entender. Lo que si es cierto es que el señor se marcha, y mientras vuelve intenta hablar con M Carmen, pero al no entenderla, vuelvo a intervenir como interprete. Esta señora era por supuesto, su mujer y efectivamente están en Estonia para celebrar sus bodas de oro ya que ella es de este país. Mientras hablo con ella me doy cuenta de que no tiene ninguna ropa motera, tan solo un vaquero, blusa y un pañuelo rosa que le rodea el cuello, algo no me cuadra si están viajando juntos. Ella enseguida nos lo aclara.

- Estoy viajando con mi marido en coche para asegurarme de que no le pasa nada, el sin embargo, obstinado, se empeñó en hacer este viaje en moto, le encantan, son su pasión.
- ¡Y vaya moto! - pienso - una Harley Davidson de gran cilindrada y peso, creo que una Ultra Glide de color negro y con los tubos de escape y motor en plateado, preciosa, impoluta belleza que se encuentra aparcada al lado del Falco Stradale. La mujer por supuesto, está impresionada con la hazaña que estamos llevando a cabo con nuestra moto, sin duda un viaje de estas magnitudes merece la admiración de cualquiera que sea un apasionado de las motos o al menos sepa lo que supone llevar una moto por las carreteras de cualquier confín.
Un amigo en una Harley Davidson
Mientras hablamos y sin darnos cuenta, se presenta el hombre con una lata de cerveza para su mujer y mi novia y una Coca-Cola para mi. Otro gesto más de la hospitalidad escandinava que nos reconforta, sobretodo habiendo dejado la península atrás hará 3 horas escasas. Agradecemos este gesto y mientras continuamos con nuestro almuerzo esta simpática pareja se marcha rumbo a Helsinki, mientras observo como el hombre se monta en su moto, me doy cuenta y otorgo más valor si cabe a su pasión de las motos. Y es que este señor está encorvado y cojeando, no se si por causa de los kms o porque tiene algún tipo de dolencia, la cuestión es que a pesar de todo, ahí está echándole un par de bemoles para realizar un viaje con la mejor compañía, la de su mujer. Bonita escena que resume perfectamente lo que representa el amor a la moto, como estilo de vida y de viajar, algo difícil de explicar para los prófanos, pero que cualquier amante de las dos ruedas comprenderá a la perfección sin que me tenga que extender o esforzar en explicar.

Tras el almuerzo, nos ponemos de nuevo rumbo a Riga, ya nos quedá poco, tan sólo unos 180 kms. Pero antes habrá que cruzar nuestra décima frontera y pasar a nuestro undécimo país. Siguiendo el curso de la autovía del Báltico y prestando la máxima atención a la carretera, observamos como el paisaje no ha cambiado mucho desde que abandonamos Finlandia. Allí teníamos frondosos y verdes bosques a ambos lados de la carretera, aquí tan sólo el lado derecho nos parapeta del sol y de un viento casi inexistente, la carretera es recta hasta perderse en el horizonte y si no fuera por la falta de educación vial de los estonios rodar por este país sería un dulce paseo. En el margen derecho también, cada pocos kms, se disponen varios puestos de venta de una cosa negra que se vende por cajas, no se lo que es, pero lo que es cierto es que debe ser algún tipo de fruto que los locales cogen del bosque cercano y venden a los que circulan por aquí.

Sin embargo la E-67 no dispone de carriles adicionales, de aceleración o desaceleración, ellos aquí no saben de eso, si les interesa comprar este producto tan sólo tienen que pararse en mitad de la autovía, y lo hacen sin señalizar la maniobra. Casi sufrimos un choque con un uno que se paró sin previo aviso, para disgusto de mi navegante. Una costumbre peligrosa sobretodo para gente como nosotros que no está familiarizada con esta forma de comprar tan extraña. Nueva cosa a la que hay que prestar la atención en esta carretera en apariencia, tranquila, pero que no está exenta de emociones. Mientras presto a estos simpáticos puestos improvisados, mi navegante me avisa de otra cosa.

- Rafa, mira creo que son...¡son putas!
- ¿Quienes?
- ¿No has visto esas chicas con minifalda?
- No
- Que vista tienes, no te das cuenta de nada, ¿No las ves?¿con las minifaldas y que no llevan casi ropa?

Por raro que parezca no te me estaba haciendo el sueco, pienso que o ellas estaban muy escondidas y mi novia las divisaba con unas gafas infrarrojas o yo es que directamente no me enteraba de nada. Lo cierto es que estaban ahí junto a los puestos de venta de esa especie de bayas, pero yo era incapaz de verlas, sea como fuere, desde luego los estonios no tienen reparos en vender dos de las cosas más necesarias para el hombre, la comida y la...bueno dejémoslo ahí.



Después de unos 64 kms desde Parnu, llegamos a un terreno baldío, una gran explanada donde se disponen como dos grandes complejos parecidos a los puestos de cobro de una autopista, uno con la bandera de Estonia y enfrente está otro con la bandera de Letonia. Curiosamente, en el lado estonio de la frontera, se erige un recóndito McDonalds (Desde luego, esta compañía está conquistando los más increíbles lugares). Hasta ahora siempre que habíamos cruzado un país y debido a la supresión de fronteras dentro de la UE, podías pasar de un país a otro sin darte cuenta, casi con la misma facilidad que pasas de un pueblo a otro. Teníamos que hacer verdaderas cábalas para dar con el paso de frontera de un país a otro para fotografiarlo. Sin embargo, aquí todavía sigue un poco el influjo de la Guerra Fría, y de la Unión Soviética, aunque destartalados no resulta difícil imaginar como sería, antaño, el cruce de frontera de estos países, sobretodo desde que se independizaron de la URSS . Aprovechando el poco tráfico existente, nos tomamos unos instantes para fotografiar y reseñar nuestro paso a la segunda de la repúblicas bálticas.

Hora y media de camino o lo que es lo mismo 120 kms nos separan de Riga la capital de Letonia, donde finalizará esta etapa de Euro-Diversion 2013. Por supuesto, sigo fiel a la senda que me marca la E-67 en dirección sur, senda que por cierto, no ha cambiado ni un ápice al cambiar de país. Aquí volvemos a los carriles para cada sentido, a los carriles lentos y a los "adelantamientos imposibles" de los letones, pero sinceramente otra cosa es la que ocupa mi mente en estos primeros kms por tierras letonas, ¿Qué habrá al otro lado del bosque? Desde la carretera apenas se vislumbra algo, así que ni corto ni perezoso sigo a unos coches hasta un cruce cercano al la ciudad de Tüja (aquí no hay carriles de desaceleración) y allí M Carmen y yo hacemos un increíble descubrimiento.

- ¡¡Rafa, una playa!! - dice mi novia asombrada.
- Una playa, no me lo puedo creer.

Estupefacto, apenas alcanzo a responderle, sólo tengo capacidad para aparcar la moto y dirigirme a la playa como atraído por el extraño influjo de la olas del mar. Con los movimientos torpes que nos proporcionan nuestros trajes moteros M Carmen y yo nos adentramos en la playa, ante la mirada atónita de cuantas personas estaban allí. No es para menos, mientras la gente se baña en bikini y bañador, allí que aparecen dos tipos vestidos de astronauta camara en ristre, desde luego, desnudos hubiéramos causado menos impacto. Nosotros, ajenos a todo y a todos, decidimos hacernos algunas fotos en esta mágica playa a orillas del Báltico, verdadero tesoro del Parque Natural donde nos encontramos.





Torre de Radio y TV de Riga
Tras la sesión de fotos, y con esta bella estampa de Letonia volvemos a la carretera para seguir en dirección sur hacia la capital del país. Además de esta playa tan escondida, algo que no deja de llamarnos la atención: Continuamos con el comercio de bayas y otras cosas en los márgenes de la carretera. Coqueteando con el litoral Báltico y siempre escoltados por un bosque de interminables copas llegamos a Riga capital de Letonia. Una ciudad de 700000 habitantes, muy similar en tamaño a Helsinki y que es la más poblada de los países bálticos, también podemos decir que nos encontramos más o menos en el centro de la región formada por Estonia, Letonia y Lituania. Según vamos nos vamos aproximando y vamos pasando puentes sobre el río Daugava en el horizonte y en una isla fluvial llamada Zakusala nos encontramos con una extraña construcción en forma de flecha. En efecto, es la Torre de Radio y TV de Riga, una esbelta construcción de 368 metros de altura, la más alta de la zona y la tercera torre en tamaño del continente sólo por detrás de la Torre Ostakino de Moscú y la Fersenhturm de Berlín. Por desgracia, a causa de la crisis, estas instalaciones permanecen cerradas y tan sólo se puede visitar de esta torre un mirador que posee a 97 metros de altura. A pesar de todo, la magnificencia de esta edificio corona toda la orilla del río Daugava.

Nosotros, sin embargo, debemos dejarnos de recreos, por primera vez en esta aventura, ahora si, sin señalizaciones claras y en un país en el que el ingles no es idioma dominante, debemos orientarnos para llegar a nuestro hotel. Así que sin más dilación M Carmen, con la ruta previamente guardada, se pone a buscar nuestro itinerario para llegar lo más pronto posible. Sin embargo, el GPS del móvil vuelve a hacer de las suyas y la dichosa bolita nos vuelve a meter por los sitios más insospechados, direcciones prohibidas, calles sin salida, se suceden ante nosotros. Para colmo de males, Riga también es una ciudad plena de calles adoquinadas en su centro y de tranvías por toda la urbe, así que a la tensión de que nos hemos perdido se une también el hecho de circulamos casi por una pista de hielo. Todo ello combinado con el agresivo tráfico, los vehículos no tienen escrúpulos en adelantar por izquierda o por derecha sin señalizar la maniobra, sinceramente no se si podremos salir de aquí.

Mi navegante, por primera vez en esta aventura, se encuentra en serias dificultades, siempre diligente esta vez se ha perdido por completo, y por desgracia, al ir pilotando el Falco Stradale no puedo ayudarla, tan sólo escuchar sus instrucciones. La dichosa bolita nos va a costar un disgusto, cuando parece que retomamos el rumbo adecuadamente hacia el hotel da un salto y vuelve a llevarnos a las afueras de la ciudad, entre obras, raíles de tranvía, calles empedradas y coche que "muerden" estoy empezando a perder los nervios y a hacer pagar a quien no tiene culpa el infortunio de nuestra pérdida. No me habré acordado en mi vida más de la madre del que inventó en Tomtom como hoy. Si ese aparatito no nos hubiera dejado vendidos en Hegra, ya habríamos llegado al hotel con el consecuente ahorro de tiempo, dinero y combustible, porque el Falco Stradale llega a la barrera psicológica de los 200 kms y va pidiendo un repostaje. Por nuestro bien, espero que nos quedemos sin gasolina en mitad de Riga, eso podría ser demencial.

Es tanta la tensión acumulada, que decidimos parar hasta en tres ocasiones para relajarnos y juntos intentar dar con la mejor manera de llegar al hotel. Pero ni por esas, volvemos a perdernos en la vorágine del tráfico de Riga y otra vez volvemos a dar vueltas en círculos, repitiendo puentes y calles sin sentido. Tampoco ayuda el hecho de no encontrar ningún taxi o policía cercanos, pero sin saber letón, creo que la comunicación iba a ser del todo imposible. M Carmen desde el intercomunicador me pide con insistencia que aminore la marcha para que le de tiempo a predecir los movimientos de nuestra "bolita", pero no resulta fácil maniobrar una mole de 300 kgs entre este irrespetuoso tráfico. Sinceramente, la tensión de estos kms urbanos están siendo más agotadores, que circular entre los vientos implacables que hemos sufrido en Dinamarca o Noruega.

Tras muchas pruebas M Carmen parece haber encontrado el rumbo y sin sorpresas nos vamos encaminando correctamente a nuestro destino, demasiado bonito para ser verdad. Porque a algo más de 10 kms la ruta se borra de su iPhone ante su asombro. Creo que el grito de rabia que pego se dejo sentir en toda la Unión Soviética, definitivamente y tras más de una hora de lucha estamos perdidos en Riga.



Con un agradecimiento infinito por nuestra parte, nos despedimos de él mientras M Carmen guarda silencio. Tras unos minutos de reflexión me confiesa.

- Rafa me quito el sombrero, tenías razón los moteros son gente de otra pasta, diferente.
- Exacto, siempre dispuestos a ayudar a otro compañero en apuros. - le contesto, mientras M Carmen asiente la cabeza en claro gesto de admiración hacia nuestro angel salvador. Bueno, más bien, bucéfalo, y es que Normon por lo que ponía su chaleco pertenece a los Bucéfalos de Riga.
- Vas a pensar que estoy loca, pero juraría que Normon nos llevaba siguiendo un buen rato
- Es posible, que viera la bandera de España y que nos viera perdidos, entonces, aprovecho que paramos para echarnos una mano.

Aunque Normon, no nos ha dejado exactamente en el hotel, sí nos ha dejado en la calle del mismo, así que será bastante fácil encontrar el nº 8. Efectivamente encontramos el hotel en un barrio de las afueras de Riga, que tienen pinta de todo menos de hotel, más bien parece una residencia de ancianos o un antiguo colegio.

Dejo mi moto, en la entrada ante la mirada atónita pero fría de algunos transeúntes. Es curioso, pero desde que pisamos la antigua URSS he notado en la gente una forma extraña de mirar, que me incomoda sobremanera. No sabría muy bien como describirla y ahora, la verdad, es que estoy muy cansado como para analizar la forma de ser de los letones. Como excepción eso si, de agradecer la gran ayuda de Normon que nos ha llevado hasta aquí, sino fuera por él hubiera sido imposible encontrar este sitio.
Al entrar nos encontramos con una mujer que no habla ingles, así que volvemos a tener un problema para comunicarnos. Por suerte y gracias al google translator que tiene ella en su PC puedo hablar y hacer el check-in, descargamos nuestra moto y entramos con todas nuestras cosas en la habitación. Una habitación bastante amplia con una cama enorme de cerca de 2 metros. Sin embargo el tamaño de la cama es inversamente proporcional al tamaño del baño ya que es inexistente y hay que compartirlo con otros huéspedes. Una incomodidad sin duda, pero que es una molestia pequeña en comparación con lo que hemos pasado para encontrar este lugar.

Por turnos vamos a la ducha y cenamos un poco de las provisiones que tiene mi navegante, mientras hablamos de las vicisitudes de esta etapa. Sin duda, Estonia y Letonia son muy diferentes a lo que hemos visto de otros países, en cuanto a paisajes, pero sobretodo en cuanto a la forma de ser de la gente, bastante fría la verdad. Aunque, por fortuna, hay excepciones, y esa excepción la hemos encontrado en Normon.
Las vistas al patio (destartalado) no son muy halagüeñas y en la TV están echando Blade en letón, encima audiodescrito. Así que ante esta perspectiva, decidimos salir al portal del hotel para sentarnos en la escalera del mismo a contemplar, con admiración, nuestro primer atardecer en la aventura desde hace 14 días. Decimos, por tanto, adiós, en el día de hoy a las noches blancas de Escandinavia con un inolvidable sol rojo en esta bella ciudad a orillas del Báltico llamada Riga.

jueves, 10 de julio de 2014

CAPITULO 9: UN NUEVO AMIGO VIKINGO

HAMBURGO-HIRTSHALS-KRISTIANSAND







Distancia total ruta:  580 kms

Tiempo total:   6 horas 15 minutos     FERRY: 3 horas 30 minutos

Ciudades visitadas: 2

Paradas: 5

Consumo medio:   6,82 l/100 kms 

Gasto de combustible:  65,29€

Peajes:

Ferry:  149€


Por la noche, desde luego, todos los gatos son pardos. Si anoche la habitación nos pareció lúgubre, oscura, e incluso nos dio la impresión de que alguien nos observaba, hoy por la mañana nos hemos despertado con una sensación de normalidad y de que nuestros miedos era infundados. Nadie vino a ocupar las otras camas, ni nos sometieron a ningún interrogatorio o tortura antiguos seguidores de la RDA o del Pacto de Varsovia. Era sólo una habitación normal, en un 29 de Junio normal, en una ciudad alemana, en un hotel por 55€ con un WIFI horroroso y unas camas la mar de incomodas. Nos levantamos con premura antes de las 08:00 de la mañana, mientras M Carmen reorganiza el equipaje y prepara la logística, yo me dispongo a repostar la moto, a llenar de aire los neumáticos, y a tensar y engrasar la cadena, hoy será una jornada agotadora para nuestro Falco Stradale. Eso sin olvidar rellenar el aceite, que desde que iniciamos nuestra aventura se ha convertido en una costumbre demasiado habitual. Afortunadamente, tenemos 4 litros con nosotros y por ahora, a pesar de los años de nuestra montura y de que este modelo tiene el defecto de ser demasiado chupona a altas velocidades creo que está teniendo un consumo contenido. Desde luego, más nos vale, ya que según he podido observar en muchas gasolineras no hay aceite de moto de la graduación 10/40 que llevamos.

A mi llegada al hotel, como no podía ser de otra manera,  ya esta M Carmen esperándome para montar el equipaje en la moto, cosa que hacemos juntos y a gran velocidad, sin duda, ya estamos cogiendo práctica. Después me ayuda a tensar y engrasar la cadena. Tenemos la moto en perfecto estado de revista, me dispongo a montarme y a arrancarla, coloco mi GPS, pero me percato de que falta el lazo naranja que mi novia había ingeniado para que el aparato siguiera cargando en marcha ante la inoperancia de la base cargadora original. Gran problema, el GPS no enciende y solo lo hará si le metemos energía mientras nos movemos. En esos instantes, experimento un nerviosismo que me recorre el cuerpo a través de mis venas como un liquido caliente, nunca antes había tenido una sensación así. Si en Mérida, la pérdida de los forros nos ocasionó un serio contratiempo, ahora en Hamburgo nos encontramos en la obligación de cruzar dos países en un día para llegar a un tercero con un ferry que no espera a nadie, y sin GPS estamos abocados a perder un tiempo precioso intentando encontrar el rumbo correcto.

- ¡Dios mío!¿Donde está el lazo? el GPS no enciende, tenemos que llegar a Hirtshals como sea, joder.......   - Cálmate por Dios, respira hondo, que me estas poniendo nerviosa, odio que te pongas así - me grita mi novia, para hacerme despertar de mi nervioso letargo.

De repente, mi novia lo encuentra en un apartado de la mochila, y me pone una cara de perdonarme la vida de aúpa, evidentemente mi nerviosismo se aplaca a la vez que mi cara de imbécil crece y no me queda más remedio que guardar silencio mientras coloco y cargo mi GPS Tomtom Rider. Es hora de ponerse en marcha sin más dilación.

Con el GPS operativo dejamos Hamburgo atrás con relativa facilidad, cogemos la E45 y ponemos rumbo al claramente al Norte, con destino a Dinamarca. Abandonamos la ciudad con el cielo encapotado y amenazando lluvia, nosotros por precaución ya salimos de Hamburgo plastificados. Ante nosotros se cierne de nuevo una carretera con asfalto perfecto, que nos hace deslizarnos rumbo a la frontera germano-danesa. Verdes prados vuelven a tomar la carretera y de vez en cuando, vemos alguna pequeña granja con sus vacas, paisajes desde luego bucólicos que no nos pueden distraer de nuestro objetivo, llegar a Hirtshals antes de las 16:00, ya que el ferry comienza el embarque una hora antes de la partida. Piloto el Falco Stradale con prestancia y con una celeridad inusitada, hasta entonces entre el patriótico tráfico germano. Más prestancia que velocidad, porque el Falco Stradale, al estar tan cargado no puede superar, ni queriendo, los 120 km/h. Casi sin darnos cuenta pasamos por Neumünster, eso si, sin desviarnos de la E45, comienza a llover como lleva siendo costumbre desde Bélgica y toca remangarse para lograr nuestro objetivo de cruzar Dinamarca. De momento, nosotros ya tenemos puesto el mono de trabajo. Los elementos hacen acto de presencia, aunque tímidamente. 

No he podido dormir en toda la noche, a veces tenía la sensación de que nos observaba alguien. Me comenta mi novia, con cierto miedo. Y aunque yo no se lo quise reconocer, he de decir que algunas fases de la noche, también tuve esa sensación, quizá por unas cortinas transparentes que dejaban la habitación en penumbra antes las luces de un negocio cercano. 

Seguimos por la E45 con paso firme y decidido, sin titubeos a pesar de que la lluvia empieza a hacer acto de presencia a la altura de Neumünster, afortunadamente, tenemos puestos los trajes de agua. Pero empieza a ser un engorro a detenerse por "plastificarse", en fin todo sea por no tener que pasar la jornada siguiente empapados de agua circulando por las carreteras más olvidadas de Europa, ¿no? En los kms venideros lo único que monopoliza nuestros pensamientos y nuestros diálogos son, sin duda, nuestras vivencias en la "peculiar" estancia de Hamburgo. No me equivoco al afirmar que creo que ha sido nuestra peor habitación, y eso que hemos estado en sitios penosos, que incluso han provocado nuestra risa. Pero hubo algo de tétrico la noche anterior, que para nada hacen recomendable el Hotel Eukelurg, ni siquiera para mochileros. En fin, km a km, va quedando ese mal recuerdo atrás, recuerdo que no enturbia para nada la ciudad de Hamburgo. Ciudad que ha tenido poco que ofrecernos que a la que seguro, volveremos seguro que con alguna tonta excusa.

Mientras nos alejamos de la ciudad germana, y como tema de conversación nos echamos unas risas tremendas recordando sitios penosos en los que nos hemos albergado en el pasado. Sitios, que aunque de calidad sonrosante a nosotros siempre nos han sacado una sonrisa, incluso en el mismo sitio. Al contrario de lo que mucha gente hace que es reírse de las cosas a toro pasado. Por ejemplo hablamos de una habitación que alquilamos cerca de Fátima (Portugal) donde TODO parecía sacado de la serie Cuéntame, con esos pomos añejos, esos interruptores de pestaña, esas mantas de pelo, esas cortinas traslucidas, esos vasos marrones y verdes... ¡¡Ufff!! que risa. O aquella habitación en Paris, ¡¡Dios mío, que habitación!!, vistas a un tragaluz, humedades en paredes y ambiente, colchones de esponja, sabanas blancas recias como el esparto, baño compartido, y todo en un distinto de París, el 17 o 18 creo recordar, en lo que menos había eran franceses.

- Te acuerdas Rafa cuando no tenia agua caliente para ducharme- Recuerda M Carmen entre risas.
- Dímelo a mi, que tuve que decirle al dueño que solucionará el problema y acabe haciéndolo yo con una llave inglesa oxidada mientras hablaba con la hija en inglés para que ella se lo dijera al padre en francés. Una escena digna de una comedia de enredo, tan típicas del país galo.

Nos vamos acercando a Flensburg, y va siendo hora de buscar gasolinera, no porque nuestra moto nos exija un repostaje, sino para entrar en Dinamarca con el deposito lleno de carburante alemán, por otro lado más barato, aproximadamente a 1,55 €/ litro. Mientras repostamos, M Carmen señala al horizonte indicando un cielo repleto de frondosas nubes negras como el carbón, movidas por un fuerte viento.

- Mira Rafa, esta a punto de llover y fuerte - Exclama altamente preocupada ante lo que se avecina
- Pues nosotros vamos para allá, nos espera Dinamarca - afirmo con la rotundidad del que va a afrontar un desafío
- ¡Dios mío! - Resopla ella.

Efectivamente, ha llegado la hora de la verdad, ha llegado la hora de entrar en Dinamarca

A los pocos kms de dejar la gasolinera de Flensburg llegamos a la frontera germano-danesa. Las primeras impresiones al cruzar Dinamarca son que las carreteras han descendido un poco en su calidad, y las señales de tráfico han tomado un gracioso matiz propio de la EGB. Por ejemplo, aquí el paso de tres carriles a dos o la existencia de carriles de incorporación se señalan con líneas negras y rojas que se unen en un lazo. Algo ciertamente curioso, que no habíamos visto hasta ahora.  Dinamarca también es un país extraordinariamente plano, allá donde abarca la vista no vemos ningún promontorio en el terreno, parece que estamos en un gigantesco campo de futbol. Nos adentramos por el terreno de juego danes, con el permiso de Odín, donde las vacas pastan a sus anchas y donde los aerogeneradores toman el horizonte desafiantes ante nuestro paso. No es para menos, Dinamarca es potencia mundial en energías renovables, sobre todo en la eólica, superando incluso a España.. Monstruos de acero, que se yerguen como molinos gigantes, y que poco a poco empiezan a girar, a la vez que  nuestras preocupaciones a crecer.

Llevamos poco tiempo en tierra vikinga, pero ya observamos como el tiempo comienza  a cambiar de forma abrupta. Se ve la actividad en los molinos que nos flanquean, señal de inicio del viento racheado, que empezamos a sufrir. De momento, la moto aguanta los envites eólicos, aunque encontramos dificultades en los adelantamientos de camiones y su famoso "efecto de absorción" por la diferencia de presión. A eso hay que sumarle que la carretera por la que circulamos es de doble sentido y nuestros cruces con camiones son bastante comprometidos para nuestra estabilidad, sobretodo por la onda de choque que con fiereza nos sacude en cuanto un camión nos pasa por el carril contrario. No es nada nuevo que no hayamos experimentado ya en la Ruta de los Descubridores, que nos llevo por el Algarve portugués, por ejemplo, pero si es cierto que lo peor, esta por llegar...

De repente, los vientos que eran de suave racheado de componente este, se vuelven cada vez más fuertes soplándonos en ambas direcciones. Por si fuera poco, comienza a llover con fuerza sin previo aviso, la situación se va tornando grave, a la vez que el cielo se va ennegreciendo. Hasta ahora me había enfrentado al fuerte viento de Portugal o a la lluvia torrencial de Sevilla en otoño, pero a las dos cosas a la vez...nunca. Por si fuera poco el despliegue de medios de la naturaleza para la batalla, la luminosidad y la temperatura han bajado de forma drástica, nos adentramos en un infierno de asfalto de oscuro porvenir. Sin percatarme había llegado la hora de la verdad: Estábamos en mitad de las planicies de Dinamarca con el GPS renqueando, la moto cimbreando como una hoja por el viento, calados hasta los huesos y pasando por un frío polar. Por un instante, era como estar dentro de una lavadora a la que hubieran puesto el programa de centrifugado. Un autentico infierno en tierra de Odín.  En esos momentos, me acordé de la primera etapa de nuestra aventura, ni queriendo hubiera salido tan mal, en la que perdimos todos los forros térmicos e impermeables de nuestros equipo, y eso que era el primer día. Hoy sin duda, hubiera venido de fabula esos forros para aislarnos de las inclemencias del tiempo que están empezando a hacer mella en nuestro físico y en nuestro ánimo.

El viaje se complica de forma exponencial, y tenemos sobre nosotros el peso del tiempo que pasa inexorable, al contrario, que el meteorológico que sigue constante km a km por tierras danesas. Tenemos el inexcusable deber de llegar a Hirtshals, en el extremo norte de Dinamarca, lugar donde cogeremos un ferry con destino Kristiansand y que sale a las 18:00, aunque debemos presentarnos en la zona de embarque al menos 1 hora antes. La aventura, aunque parezca mentira, está por primera vez en serio peligro. Si llegamos tarde, a parte de la perdida de dinero, deberemos de coger un ferry al día siguiente como poco. Y ello conllevaría retraso en el resto del viaje, además que provocaría cambios en la reservas de hotel, cambios que podrían alterar el devenir de nuestras etapas. Sin duda esta etapa es en la que tenemos más presión, entre los envites del clima y rodando entre un suelo anegado por la lluvia, no dejo de reflexionar dentro de mi casco: ¿Nos ganará Dinamarca la partida?

Reflexiones todas íntimas y privadas, que intento compartir con mi novia, pero ella se encuentra demasiado ocupada intentando mantenerse agarrada a mi, ante el incesante viento, atenta a los adelantamientos de otros coches o cruces con camiones, que nos "duchan" literalmente. La verdad es que aunque no me lo dice, se que debe estar pasando un frío de perros, a través de mi espalda siento como tiembla intentando extraer de mi algún atisbo de calor. Yo mantengo el tipo gracias a los puños calefactables, los cuales cumplen su cometido, pero no pueden aislarme de la lluvia. Lluvia que empapa mis guantes de goretex hasta el punto de no sentir los dedos, así que no me imagino como debe estar pasándolo ella. 

Adentrados ya 170 kms en tierras vikingas decidimos hacer una parada en una gasolinera de Aarhus a reponer fuerzas y de paso a repostar nuestra moto. M Carmen entra primero para calentarse con un buen café e ir al servicio, mientras yo la espero vigilando nuestra montura. Puede parecer poco practico estos turnos para hacer las cosas, pero no llevamos maletas metálicas que nos den seguridad ante los amigos de lo ajeno. Así que, aunque empapado, decido esperar a que ella regrese. Mientras lo hace, tomo conciencia del precio del combustible en Dinamarca, el cartel reza unos carísimos 1,85 euros/ litro de gasolina, "¡Vaya con Dinamarca! hice bien en repostar en Alemania", después observo que, el tiempo lejos de mejorar está empeorando por momentos, a pesar de que parezca un suicidio hay que continuar para llegar a tiempo al ferry. Ensimismado con mis pensamientos no me doy cuenta de que M Carmen está con un café para mi, un curioso video y la compañia de un nuevo amigo.


Un hombre, aproximadamente de mi edad y que guarda, porque no decirlo, un gran parecido con Wayne Rooney, pero no es inglés, es noruego, su nombre: Eric Paulsen. M Carmen no podía entender lo que decía y lo ha traído para que hable conmigo, ya que se ingles. Hechas las presentaciones, nuestro nuevo amigo vikingo me pregunta a donde vamos

- Vamos a Hirtshals, tenemos que coger un ferry hasta Kristiansand - Le respondo emocionado ante nuestro primer contacto motero, a más de 3000 kms de casa.
- Yo también tengo que coger ese ferry, soy de Bergen y regreso a casa - Me responde
-¿Puedes llevarnos hasta Kristiansand, nuestro GPS no funciona y tenemos que coger un ferry a las 18:00?
- No hay problema, es el mismo que tengo que coger yo, tenemos tiempo de sobra, llegaremos, lo único que hay que hacer es seguir esta carretera sin desviarte hasta que se acabe la E-39 - Afirma con seguridad aplastante.
-¿Con este tiempo?- Sinceramente, tengo serias dudas de que lleguemos a tiempo.
-En Noruega hay un dicho, no hay mal tiempo, hay mala ropa

Cuando esta última frase se la traduzco a mi novia, ambos no podemos evitar emitir un risa nerviosa a la que Eric se une sin saber que tenemos de ropa motera la apariencia, ya que no tenemos forros y todavía nos quedan 180 kms de travesía en un infierno vikingo de viento y lluvia. Ha llegado la hora de demostrar de lo que somos capaces, no hay tiempo para lamentaciones, hay que seguir adelante. A partir de ahora, nuestra misión es seguir a Eric y llegar a tiempo hasta Hirtshals.

Emprendemos la marcha con cierta esperanza de lograr nuestro objetivo, por al menos unos kms el equipo Falco Stradale pasa a tener 3 miembros. A nuestra moto le ha salido una nueva compañera una Triumph Tiger de 800 cc, completamente equipada. Con la moral más elevada sorteamos el viento y su castigo con prestancia, aunque nuestra moto no se mueve con igual agilidad que la de Eric bajo la incesante lluvia, también debido a que nosotros vamos más cargados. Sea como fuere, nuestro amigo noruego empieza a coger distancia con respecto a nosotros alejándose cada vez más. Intento acelerar para ponerme a su altura, pero resulta del todo inalcanzable para mi, Eric hace gestos por rebajar su marcha para acompañarnos, pero pasados unos 20 kms se hace totalmente imposible seguirlo perdiéndose a continuación en la bruma. Definitivamente le he perdido.

- A ver si por seguirlo vamos a tener un accidente, te ha dicho que no te desvíes, sigue la E-39 hasta Hirtshals, ya lo veremos allí" - Ordena mi novia desde la angustia. Y es que ella ve que en mi deseo por alcanzarle puedo dejar de prestar atención a la estabilidad de mi moto. Sin duda está asustada, atravesar Dinamarca en estas condiciones la está superando y, debo admitir que por primera vez siento que mis fuerzas flaquean para continuar nuestra aventura. Atravesar Dinamarca, y eso que es un país plano, se nos está haciendo muy cuesta arriba. Por primera vez, la palabra "abandonar" resuena entre nuestros intercomunicadores, nos quedan algo más de 100 kms y las fuerzas nos abandonan, sin un faro que nos guie estamos perdidos en la tierra inhóspita de Odín, bajo un manto de lluvia, azotados por el viento. Entre la fuerza de los elementos, la tensión surge hasta el punto de llegar a insultarnos y gritarnos mutuamente, la situación es grave, pero no queda más remedio que solucionarla sobre la marcha. Marcha castigada por camiones que nos adelantan, soltando más agua sobre nosotros y nuestra moto. 

- No he llegado hasta aquí para rendirme - pienso. Hemos de completar esta aventura, creo en ella, creo en mi moto, y por supuesto, creo en mi novia. De los comentarios negativos paso a los positivos, intento animarla y de paso animarme yo, no podremos superar esto si no estamos unidos. Ella intenta mitigar sus dolores de piernas, estirándolas en marcha y yo intento relajar un poco la musculatura del cuello y brazos para afrontar lo que nos espera. De repente deja de llover, pero el viento sopla, aún si cabe, con más fuerza sacudiéndonos de tal manera que la moto no sube de los 45 grados de inclinación, a izquierda y derecha nos mueve como un pelele, tanto que en uno de sus envites piso el arcén de la carretera, no dejándome volver a la carretera. Carretera ocupada ahora por un camión.

"¡¡¡¡¡Para, para, que no matamos, nos comemos el camión!!!!! - Grita mi novia desesperada. En ese momento, agarro firmemente el manillar de mi moto, acelero al máximo para salir de la aspiración del camión y me pongo delante de el, superándolo por la derecha. La maniobra aunque peligrosa nos ha mantenido a salvo del viento unos valiosos segundos, los suficientes para volver a la carretera, que era lo importante. Mientras M Carmen, mantiene la compostura, dentro del nerviosismo general, está tan quieta atrás que apenas noto su presencia. Sin embargo, se hace notar a través del intercomunicador, entre susurros y algún pequeño sollozo, la oigo rezar un padre nuestro entrecortado. Algo que me deja impactado, nunca la había visto tan asustada, siempre la había considerado una persona dura, incluso más que yo, pero desde luego, esta aventura esta tomando carices de riesgo que no se si mi compañera está dispuesta a aceptar. -
- ¡Rafa ya no aguanto más, estoy congelada, empapada y nos vamos a estrellar, para, que me quiero volver a casa! - Grita mi novia con desesperación.
- M Carmen aguanta, yo también lo estoy pasando mal, nos queda poco para llegar a Hirtshals -
Le respondo, sin saber realmente lo que nos queda para nuestro destino. En mi mente solo se alberga un pensamiento: Nos estamos jugando la vida ¿merece realmente la pena? Entre toda esa vorágine de emociones, siento que mis fuerzas flaquean, empieza a dolerme el cuello y los brazos no los siento desde la punta de los dedos hasta los hombros. Tan preocupado estaba del estado de mi novia y de no caerme, y soy yo el que empieza a notar los síntomas de la hipotermia, al engarrotarse todo mi tren superior. Sin embargo, hay algo dentro de mi que empuja a continuar. No sabría describir lo que es pero entre todo ese infierno de viento y agua que apenas me deja oír mis propios pensamientos, saco fuerzas de flaqueza para seguir adelante. No me he tirado el último año de mi vida planeando esta aventura para abandonar ahora, nunca me he rendido en la vida y desde luego no va a ser ahora - me digo a mi mismo con tesón, a pesar de que cada vez estoy más débil.

Instantes después algo más se añade al coctel de sufrimiento: nuestros intercomunicadores se apagan y se hace el silencio entre nosotros. Lo que antes era un dialogo inerte por el exceso de ruido que hacía que apenas nos oyéramos entre nosotros se convierta en un silencio sepulcral. Ante tanto infortunio, decido parar en una gasolinera cercana para intentar calmar las aguas y cargar los intercomunicadores. Sorprendentemente veo a mi novia bastante entera, pero cabreada a tope. Si bien a partir de Paris ella empezó a creer en la consecución de esta aventura, ahora tiene serias dudas, tiene que recuperar la confianza, ambos lo necesitamos. Almorzamos con un poco de jamón y queso, entre tanta lucha se nos ha olvidado comer y ya va siendo hora. 

-¿Rafa, todo el viaje va a ser así?, Yo así no continuo - Reflexiona mi novia en voz alta ante mi descontento. 
Siempre he sido yo el negativo, según ella, pero en este viaje de momento las tornas se han cambiado. Tengo confianza en que lo podemos conseguir, pero ante la dificultad, no logro transmitirle ese entusiasmo. Hay que venirse arriba, nos queda poco le espeto, le recalco que yo también lo estoy pasando mal y que esto sabíamos que no iba a ser fácil, es nuestra prueba de fuego para demostrar si somos realmente capaces de completar Euro-Diversion 2013. Con los intercomunicadores cargados levemente, y alguna reticencia se monta en la moto para continuar con nuestra travesía, tengo que decir que era conocedor de que en Dinamarca habría fuertes vientos, pero esto se está pasando de castaño oscuro, incluso para mi. 

- No vayas tan deprisa que llegar, llegamos seguro-, con su rotunda afirmación abandonamos la gasolinera, pero yo no las tengo todas conmigo ante las malas condiciones climatológicas y la poca prestancia de nuestra moto de superar los 120 km/h puede que nos suponga un retraso. Nuevamente me autoimpongo la presión de llegar a Hirtshals antes de las 17:00, aproximadamente nos queda una hora y menos de 60 kms, pero nos orientaremos fácilmente en la ciudad danesa? Ciertamente me tiene preocupado.

Reemprendemos la marcha y nuevamente nos saluda el viento con sus golpes de timón, intento mantener la moto recta, lucho por no caerme y atravesar el frente del viento, primero con mi casco y luego volcando mi peso hacia delante. Cuando creo haberlo conseguido, el viento vuelve golpearme con fiereza en la dirección contraria. Si alguna vez hubo un infierno para los moteros, sin duda es este. Todas las condiciones, excepto nieve, juntas para propiciar el desastre. Bueno, falta la niebla ¿no?, no la niebla también aparece. Bueno, al menos es buena noticia debemos de estar cerca del litoral danés. En ese momento de autocomplacencia y con el viento empujándome hacia el carril izquierdo, la moto se cruza en el camino de un coche que estaba adelantando, M Carmen se percata y me avisa con un grito que me ensordece y de paso enfada. Lo había visto, pero era el viento el que no me dejaba corregir la trayectoria. Entre gritos, sucede lo inevitable, nos quedamos sin batería en los intercomunicadores, siendo ahora si, el silencio irremediable hasta nuestra llegada a Hirtshals. Silencio, que de pronto me hizo estar a kms de mi novia, a pesar de que podía notar su presencia a través de mi espalda. Durante esa media hora de puro silencio, pude concentrarme en mi tarea de llegar al ferry a tiempo, pero ya no tenía contacto con mi novia, y eso me inquietaba. De pronto, se encontraba sola en mitad de ese averno sin poder comunicarse, y eso la hacía por unos instantes en la persona más solitaria del mundo. Me abrazaba buscando mi complicidad y yo le respondía tocando su rodilla, una manera tacita de decirle que todo iba bien.

Finalmente, llegamos a Hirtshals, un pequeño pueblo danés en el mar del norte, con agreste clima y fuerte oleaje, que castiga una inhóspita playa, que nos saluda. 







Bueno, pues lo hemos conseguido, enseñamos nuestros tickets y esperamos nuestro turno en el embarcadero, pero ¿Donde está Eric?¿Habría llegado tarde? Antes de poder responder a estas preguntas se presenta detrás nuestra nuestro amigo con una sonrisa en la cara. Su llegada nos relaja, lo hemos conseguido, ahora podemos respirar tranquilos, superamos el reto de Dinamarca. Por primera vez, la veo sonreír y eso me llena de alegría, a pesar de las dificultades aquí seguimos, vivos y con nuestro Falco Stradale en perfecto estado. 





Llega el momento de embarcar en el ferry, pero ¿Cómo se amarran las motos? pienso mientras M Carmen se pone manos a la obra para intentar averiguarlo. Como parece no dar con la tecla, aparece Eric para explicárselo. Con su explicación ella se apaña y casi sin ayuda lo hace sola, sin duda no salgo de mi asombro. Eric nos dice que podemos dejar nuestras chaquetas en la moto, que nadie roba en la bodega. Nosotros no nos fiamos y también por el frío que padece M Carmen, nos las llevamos. 




Como podeis ver en estas fotos, los noruegos son amantes de los clásicos de cuatro ruedas norteamericanos.


Subimos juntos a cubierta, nosotros con lo justo, y el muy preparado, cargador de movil, GPS, unas patatas, coca-cola, y nosotros sin nada para matar el tiempo de la travesía hasta tierras noruegas. No importa, decido charlar relajadamente con él de lo que nos ha pasado, mientras, por supuesto, ejerzo de traductor de mi novia. Mientras Eric se pone más cómodo nos pregunta: 

-¿Donde estabais? Os perdí cerca Aarhus
- No podía seguirte, tenemos mucho peso
- No pasa nada, ya estáis aquí que es lo importante - responde mientras mira a M Carmen
Ella resopla de alivio y Eric se ríe mientras degusta una Coca-Cola, como nuestro amigo nos ve un poco desvalidos decide invitarnos y comparte sus patatas con nosotros. Snacks que a nosotros nos saben a gloria teniendo en cuenta lo vivido.
- Vamos a salir con retraso, el mar está muy picado, tardaremos una hora más - nos advirtió, en ese momento tomo la iniciativa de la conversación.
- Bueno, es la primera vez que visitamos Noruega, ¿Qué consejos nos das para descubrir tu país? - pregunto con inquietud.
- Revisad la información del tiempo en cada etapa, el tiempo cambia mucho - Nos ofreció el nombre dos aplicaciones de iPhone del servicio meteorológico de su país que iban muy bien y que me descargue gracias al WIFI del ferry - Tened cuidado con los renos, seguid siempre la E-39, que atraviesa Noruega y sobretodo, tened mucho cuidado con la velocidad, la velocidad máxima en Noruega es de 90 km/h y si la superáis os pueden multar con 3000 euros. Por cierto ¿A donde vais?

- A Nordkapp - le respondo con la ilusión del aventurero audaz.
-¿A Nordkapp? yo nunca he ido, tengo pendiente ese viaje, yo vengo de los Alpes de estar con unos amigos", "¿de donde venís?"

- Mi novia y yo somos de Córdoba y Badajoz, vivimos en Sevilla y desde Tarifa venimos para completar la vuelta a Europa en moto uniendo el punto más al sur con el punto más al norte del continente - aproveche entonces para contarle todos los detalles de Euro-Diversion 2013, las distancia, días de viaje, países que veremos, donde estaremos hospedados, etc. Sin duda el tema dio para una amplia charla, entre tres moteros ávidos de sensaciones en las dos ruedas. 

Debo decir que gracias a Eric, no hubo tiempo de hacer nada más en el barco, pero el ferry de la Fjordline no tiene que envidiar absolutamente en nada a un crucero de lujo. Cuenta con todos los lujos e instalaciones, restaurantes, tiendas, guardería, etc. Y todo para una trayecto de unos 100 kms creo. Tenía razón nuestro amigo, el mar estaba picadísimo y la embarcación daba unos botes que la hacían parecer prácticamente una moto de agua. Aún así los compatriotas de Eric no se cortan y en cuanto llegan a aguas internacionales en avalancha acuden a la tienda de licores para comprar un bien preciado y carísimo en Noruega, de paso se ponen morados a perritos calientes y demás viandas, mientras nosotros empezamos a sentir leves síntomas de mareo. Menos mal que la conversación con Eric hace amenos estos momentos.

                            

- Bueno, ¿en que trabajas Eric?, háblanos de ti
- Trabajo para una empresa petrolífera noruega, en nuestro país es raro el que no se dedica a esto.
No en vano Noruega es el tercer productor mundial de petróleo del mundo y la segunda economía en cuanto a renta per cápita del planeta.
- Y, ¿Por qué la gasolina está tan cara? - le pregunto con ahínco.
- En nuestro país los políticos han decidido vender nuestras reservas al extranjero y a nosotros nos cobran la gasolina también más cara para alimentar un fondo común que sirva para pagar las pensiones de los noruegos del futuro.
M Carmen y yo nos miramos incrédulos, ¿Políticos pensando en el futuro de sus ciudadanos?, bueno he de puntualizar que Eric nos dijo que no todo es perfecto. Los impuestos son altísimos, las carreteras están con un mantenimiento deficiente la sanidad no es gratuita, pero además deberían destinarle más recursos y el país se ha gastado mucho dinero en hacerlo comunicable con las poblaciones del interior del país. Cuando los fiordos se congelan, se pueden dar vueltas de 300 kms para llegar a una población que esta a menos de 30 de otra. Aún así, como siempre le digo a mi novia:

- M Carmen, nos sacan años de ventaja - en claro y jocoso homenaje a un episodio de los Simpson en el viajan a Japón.

Entre risas de camadería Eric nos asegura que si nunca hemos visto Noruega vamos a alucinar con su naturaleza indómita. Después de la travesía por el agreste mar del Norte, llegamos a otro de los dominios de Odin: Noruega. Un país que nos saluda desde sus cabos, su faro y sus verdes poblaciones, todas bañadas con un sol radiante que hace que olvidemos el pasado infierno danés. Parece mentira, son casi las 21:00 de la noche, pero sol brilla como si fueran las 10:00, - Es el sol de medianoche - exclama Eric, mientras nos encaminamos hacia la bodega del barca en busca de nuestras motos. 

                         




- Seguidme, no os perdáis - ironiza Eric, menos mal que el tiempo en Noruega ha cambiado absolutamente para mejor, haciendo que nuestro trayecto por Dinamarca fuera de pronto, un acontecimiento de un pasado muy lejano.

                          

Tras la salida del ferry de la Fjordline le seguimos con un sol cegador. Este fenómeno no deja de impresionarme en nuestros primeros kms por Noruega. Un sentimiento de entusiasmo nos embarga, por fin, tras 10 días ponemos pie en Noruega, un país que de antaño M Carmen y yo anhelábamos visitar. Sin GPS, pero con la asistencia de Eric, llegamos al First Hotel en Kristiansand en menos de 10 minutos. Allí nos espera el personal del hotel para llevar nuestras cosas a la habitación, pero antes una foto para dejar constancia de la consecución de nuestra etapa, todo un desafío. Después de la foto, llega la desagradable hora de las despedidas. Nuestro amigo continua su ruta hacía Bergen.






Después de cruzar 3 países y de soportar nuestro particular valhalla (el inframundo en la mitología vikinga) danés es hora de disfrutar de lo conseguido, así que decidimos dar una vuelta pequeña por Kristiansand. Nuestra aventura apenas dura un par de manzanas a pie, pero tampoco hay prisa ni ansia por ver nada en particular, simplemente buscamos estirar un poco las piernas. No es para menos, esta etapa de lejos ha sido la más dura y peligrosa del viaje, así que nos tomamos este paseo como de reflexión. Esta claro que cuando iniciamos esta aventura, sabíamos que no iba a ser fácil, pero quizá hoy nos hemos encontrado con los elementos como principales enemigos, además del tiempo. Afortunadamente, hemos superado con nota la prueba, y al margen de momentos tensos entre los dos, creo que la moral de mi compañera y la mía propia están bien. Estamos contentos, juntos lo hemos conseguido, hemos atravesado nuestra sexta frontera. Estamos en nuestro séptimo país, al fin, y ya podemos empezar a creérnoslo, estamos en Noruega

Al regresar al hotel nos encontramos con la sorpresa de que tenemos un parking cubierto gratuito incluido en la estancia, miro mi reserva y ponía que se pagaba a parte (12 euros diarios). Se lo comunico al recepcionista, el cual en un perfecto ingles, me responde que nuestro amigo de la carretera, Eric ha hablado con ellos, para que hiciera el favor de hacer una excepción con nosotros. Quizá Eric habló con ellos y les contó nuestra aventura, que veníamos desde España, etc. sea como fuera, seguimos con la buena suerte en cuanto de dejar nuestra moto aparcada en sitio cubierto. Con la sorpresa latente, me subo a mi montura y aparco el Falco Stradale hasta la mañana siguiente en un patio cubierto trasero del hotel, mientras M Carmen sube a su habitación para descansar y hacer esta instantánea a horas cercanas a la medianoche. Mañana será otro día, día en el que nos lanzaremos al descubrimiento de este gran país que es Noruega y que nuestro Eric no duda que nos encantará. A pesar de que hace ya bastante que se marchó no dejo de pensar en él, y en lo mucho que nos ha ayudado a llegar hasta aquí. Quizá sin su ayuda lo habríamos conseguido también, pero estoy seguro de que hubiera sido mucho más difícil. Allá donde estés te deseo buen viaje.


Muchas Gracias Eric Paulsen